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Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 172


Leah lo miró atónita.

—¿Q-qué… qué quiere decir con eso?

—Lo sé. Nada se compara con mi rostro. Pero ¿Qué puedo hacer? Solo existe una cara como la mía en todo el reino, y es la mía.

Mikhail apoyó la barbilla en la mano y observó a Leah.

—Supongo que es mejor revolcarse en los establos que en el césped.

—¿D-de qué está hablando?

—Lady Chevron, entendió perfectamente lo que dije.

El rostro de Leah palideció. Parecía que él planeaba afirmar que uno de esos dos hombres había engendrado un hijo con ella.

—¿Cómo puede…?

—¿En qué se diferencia eso de lo que usted ha hecho? Solo cambié el objetivo. ¿Hay algún problema? Como usted misma dijo, la verdad no importa.

Sonrió profundamente.

—Por supuesto, elija al que elija, hay preparada una historia bastante romántica y emocionante.

Al ver esa sonrisa, como si la decisión realmente fuera suya, el cuerpo de Leah comenzó a temblar.

Hablaba en serio. Tal vez ya lo sabía todo y había preparado esto desde antes.

—Sería una vida mucho mejor casarse con alguno de estos hombres que ser una amante y tener un hijo ilegítimo.

Leah se levantó de golpe. Ni siquiera podía pensar en ocultar su temblor; solo quería salir de la sala de recepción.

—Tiene que elegir antes de irse. ¿O prefiere a los dos?

—¡Duque!

Leah gritó, temblando violentamente. Nunca olvidaría esta humillación.

Haberlo subestimado había sido su error.

Cuando Mikhail se puso de pie, la silla se arrastró contra el suelo con un chirrido.

Chiiiiic.

El sonido le erizó la piel. Instintivamente retrocedió.

—Supongo que debería haber jugado con inteligencia.

De pronto, Mikhail estaba frente a ella, burlándose. Extendió la mano.

Leah cerró los ojos con fuerza y contuvo la respiración.

—¿Qué hace ahí parada? Debe ponerse a trabajar de inmediato.

—¡Y-ya escribí el artículo! ¡Sale mañana!

—Ese es su problema. ¿De verdad tengo que explicarle todo? ¿Para qué codiciar algo que no puede manejar?

Su murmullo grave le recorrió la espalda como hielo. Incluso pensó que podría morir de un infarto si se quedaba allí un segundo más.

Leah sintió la boca seca. El Duque estaba mucho más demente de lo que había imaginado.

Claro, teniendo en cuenta que quería poner a su primo Adrian en el trono, estaba claro que no era normal desde el principio.

Había sido engañada por su hermoso rostro. Todos los rumores sobre él debían de ser mentira. Los susurros sobre su encanto, su sonrisa amable, su trato considerado… eran solo fantasías ingenuas de quienes no lo conocían realmente.

—El tiempo corre.

Clac. Clac. Clac. Clac.

Miró su reloj una vez y luego susurró al oído de Leah.

—Lady Chevron, si fuera usted…

Su mano giró lentamente el pomo, y la puerta de la sala de recepción se abrió.

—Yo estaría huyendo ahora mismo.

A través de la puerta abierta, el pasillo apareció ante ella. Siguiendo sus palabras, Leah apenas logró mover las piernas rígidas y pronto estaba corriendo.

Sus pasos se aceleraron más y más mientras avanzaba por el pasillo.

La mirada inquietante que la seguía no abandonó su espalda.

—Hah… huff…

Su respiración era sofocante, como si fuera a desmayarse. Sus piernas temblorosas se movían tan rápido que apenas sentía cómo corría.

Levantándose el vestido, salió de la propiedad del Duque como una loca.

—He preparado un carruaje público.

Ante las palabras de Kartho, Leah subió sin mirar atrás.

¿Cómo… cómo voy a…?

Con manos temblorosas, Leah se secó el sudor frío de la frente.

Tenía que volver a la propiedad del Conde rápidamente. No… ¿Debería ir primero a la oficina del periódicoMuvenpara detener la publicación del artículo?

Mientras lo pensaba, Leah dio instrucciones al cochero.

—¡Al Castillo Bartsch!

Lo que necesitaba era alguien capaz de detener todo esto.

Y solo había una persona capaz de hacerlo: Lady Luther.

Al llegar al castillo, Leah quedó desconcertada.

—¿...qué significa esto?

—Lady Luther se rehúsa a recibirla.

—Eso es imposible. Dígale a mi tía otra vez.

Leah negó con la cabeza ante las palabras del mayordomo. ¿Por qué su tía se negaría? ¿Qué razón tendría para rechazarla?

Ni siquiera había sido idea de Leah.

Después de enterarse de que su padre había caído en manos del Duque, Lady Luther había sugerido este método, ofreciéndole una oportunidad. Le había dicho que no había otra opción; para una mujer como ella, sin propuestas de matrimonio restantes, convertirse en la amante del Duque era la mejor salida.

Después de todo, ¿Cómo podría él echar a la mujer que decía llevar a su hijo? Si el artículo se publicaba y la gente lo creía, ella acabaría entrando naturalmente en la casa ducal.

—¡Vaya a decírselo otra vez! ¡Dígaselo ahora mismo!

Leah sintió que se volvía loca. Jamás imaginó que alguien le impediría entrar al castillo en una situación como esta.

A medida que los miembros de la corte pasaban, la miraban de reojo.

—Oh, cielos, ¿Qué es este alboroto?

—¿No dicen que ni siquiera ha tenido su baile de debutante? Tal vez es que no la han educado bien.

—Escuché que Lady Luther la abandonó. Parece cierto.

—Sí. Dicen que ni siquiera los nobles caídos ofrecerían ya propuestas de matrimonio a la familia Chevron… Si fuera yo, no podría mostrar la cara en Bartsch tampoco. Es admirable, en cierto modo.

Traducido por: Valiz

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