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Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 171


—Dígalo si lo va a decir. La escucho.

En realidad, Mikhail ni siquiera recordaba lo que Leah había dicho unos momentos antes. Lo había oído y lo había dejado pasar. Le parecía una pérdida de tiempo.

¿Por qué de repente dice que va a comprar flores?

Toda la atención de Mikhail estaba puesta en Emilia.

—Su Gracia, por favor, no se enfade. Mi padre no sabe nada. Fui yo quien decidió actuar por su cuenta.

Ella extendió la mano y tocó ligeramente su dedo.

Mikhail se estremeció como si algo lo hubiera rozado, y enseguida limpió el lugar con su pañuelo.

—Lady Chevron, ¿Qué significa esto?

Tal vez era la sangre de la familia real de Jalliar, pero su comportamiento le resultaba inquietantemente parecido al de Adrian.

Leah, herida por la expresión de repulsión en los ojos de él, apretó con fuerza los labios.

—…amenazó a mi padre, ¿Verdad?

—¿Amenazar? Solo lo advertí porque seguía con esas tonterías ridículas.

—Mi tía no se detendrá. Tengo que complacerla. Mi padre le teme, pero, siendo sincera, tanto mi tía como usted me asustan por igual.

Leah se acomodó el cabello plateado detrás de la oreja y sonrió dulcemente.

—Mi reputación ya está arruinada, y por el escándalo con usted, no he recibido más propuestas de matrimonio. Todos creen que ya fui mancillada por alguien, cuando ni siquiera he tenido mi baile de debutante.

—Su introducción es innecesariamente larga.

—Su Gracia, estoy embarazada. Para mañana habrá artículos en todas partes diciendo que llevo un hijo.

Leah dejó la taza de té sobre la mesa con una brillante sonrisa.

—De todas formas, la verdad no importa, ¿No es así? Usted también lo sabe.

—Sí, la verdad no importa.

Mikhail soltó una breve risa. A pesar de las afirmaciones absurdas de Leah, seguía imperturbable.

—No debería haberme traído aquí. Ahora, cualquier cosa que diga parecerá más creíble para todos.

—Nunca piensa al revés, ¿Verdad?

Leah no lograba librarse de la sensación inquietante que le provocaba la calma de Mikhail.

Los chismes sobre su supuesta conducta impropia ya se habían esparcido, así que era natural que los rumores sobre su embarazo siguieran.

Además, en una sociedad donde muchos aristócratas presumían de respetables mientras mantenían amantes o flirteaban impulsivamente con otras mujeres, nadie cuestionaría su situación.

—¿Cómo puede estar tan seguro de que el niño es suyo?

—Bueno, ya se ha hablado de que fui atacada en la propiedad del Duque, así que tiene sentido, ¿No?

Mikhail rió de nuevo. La razón por la que la había subido al carruaje era evitar los problemas innecesarios que habría causado en la ciudad.

Y ya tenía un plan para tratar con Leah.

—Tengo curiosidad por ver lo que dirán los periódicos mañana.

—…acabo de decírselo.

—Exacto. Estoy deseando que llegue mañana.

Leah se quedó desconcertada. Si la noticia sobre su embarazo se difundía, causaría problemas al Duque. Como él afirmaba llevarse bien con Emilia, ella también se sorprendería.

Esta no es la reacción que esperaba. Algo no encaja.

Leah se sintió inquieta. Su actitud excesivamente relajada, tan normal como siempre, la incomodaba.

—¿Qué cree que pasará cuando su esposa se entere de que estoy embarazada? ¿No provocará eso un distanciamiento entre ustedes? ¿No le preocupa?

Apretó el puño bajo la mesa y alzó la voz. Era una amenaza burda y poco refinada, pero era lo mejor que podía hacer en ese momento.

Una grieta apareció en aquel rostro que hasta entonces había sido perfectamente sereno. Leah, sin darse cuenta del peligro, siguió hablando.

—¿No fue la familia Loren una casa noble reconocida y respetada en este país? Imagine la vergüenza de su esposa… todos chismorrearán sobre cómo el hijo ilegítimo nace antes que el legítimo. ¿Y eso es todo? Si no me acepta en la casa ducal, su esposa también tendrá problemas.

Incluso si condenaban y castigaban la infidelidad, si la mujer que llevaba al hijo del esposo no era aceptada, la esposa acabaría cargando con el escándalo.

En este país, especialmente entre los nobles, tener un heredero varón para continuar la línea de sangre era fundamental; un hijo más siempre era importante.

Si la esposa legítima tenía un hijo, eso podría aceptarse. Pero en una situación como la de Emilia, donde no había niños, si aparecía un hijo ilegítimo, el deber de la noble era mirar hacia otro lado y aceptarlo con gracia.

Leah notó la tensión en su mandíbula firmemente definida y sonrió mientras continuaba presionando.

—Cuesta creer que una pareja tan armoniosa como ustedes no tenga un hijo todavía. No pasará mucho antes de que empiecen los rumores de que uno de ustedes tiene un problema. ¿A quién cree que apuntarán esos susurros?

Leah miró a Mikhail con ojos brillando de satisfacción. Su leve agitación la animó a seguir.

Pronto, un fuego se encendió en los ojos calmados de Mikhail, convirtiéndose en una mirada amenazante.

—Lady Chevron. ¿Tiene algo más que decir?

Ante el tono peligroso de su voz, Leah se estremeció.

—Que entren.

A su orden, la puerta de la sala de recepción se abrió y entraron dos hombres.

Uno era un mozo de establo y el otro, un jardinero.

Leah los miró confundida por su aparición repentina.

—¿Por qué están aquí…?

Eran personas con las que normalmente nunca tendría que cruzarse. No comprendía por qué habían sido llamados a la sala de recepción del Duque.

Sin embargo, parecía que los dos hombres sí sabían exactamente por qué estaban allí.

—Sí, un poco de misericordia es necesaria. Al fin y al cabo, todos tienen sus preferencias.

—¿Qué?

—¿Cuál te gusta más?

Ella no tenía idea de qué estaba hablando.

Traducido por: Valiz

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