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Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 169


—No sé qué hacer.

A pesar de haber encontrado la respuesta que tanto había deseado, no podía llegar a una conclusión sobre qué debía hacer.

Emilia continuó su caminata, cargando su corazón frustrado.

—Uf…

Las náuseas la golpearon de nuevo. Era extraño; no había comido nada que debiera provocarle aquella sensación, y aun así las oleadas seguían regresando.

¿...podría ser?

No podía ser. Los ojos de Emilia temblaron rápidamente.

Había ocasiones en las que el estrés o el esfuerzo físico hacían que su periodo se retrasara, pero, sobre todo, había tomado los anticonceptivos que Dahlia le había dado.

Así que aquella ansiedad debía ser infundada.

Emilia se quedó inmóvil en el jardín, mordiéndose nerviosa las uñas.

Si le pregunto a un médico, lo sabré con certeza.

Sería un alivio si no se trataba de un embarazo, pero ¿Y si sí lo era?

Si un hijo de él estaba creciendo en su interior…

Emilia sintió que el mundo se derrumbaba. Aquello no debía haber ocurrido jamás.

Instintivamente, llevó una mano a su abdomen.

Puede que las pastillas que la señorita Dahlia me dio no fueran anticonceptivos después de todo.

No lo había dudado, había elegido confiar. Creyó que, como la odiaba, no le permitiría llevar al hijo del Duque.

¿Por qué soy tan estúpida?

Se culpó a sí misma. Había intentado convencerse con todas sus fuerzas de que no era posible, pero su corazón seguía acelerándose más y más.

Emilia soltó un suspiro brusco.

No podía confiar en el médico del Duque.

En ese caso, debía salir.

Necesito una excusa para marcharme.

Dio media vuelta, y entonces recordó algo que Boestin había dicho.

—Plante flores.

Sí, si decía que iba a comprar flores, quizá sería una excusa razonable para ir a la ciudad sin despertar sospechas.

Emilia apretó el puño. Esperaría a que él volviera y reuniría el valor para hablar.

Había salido muy temprano por la mañana, así que tal vez regresaría por la tarde.

Pero no pasó mucho tiempo antes de encontrarse con alguien inesperado.

Al acercarse a la entrada de la propiedad vio el carruaje del Duque y caminó hacia él, lo que solo la metió en problemas.

—Ah, señora, nos volvemos a encontrar.

—…señorita Leah.

Junto a ella, sonriendo con brillantez, estaba el mismo hombre que había salido esa mañana.

Él, totalmente imperturbable. Emilia intentó mantener un tono neutro.

—¿Dónde ha estado?

—Como puedes ver.

Mikhail respondió con brevedad.

Emilia se quedó desconcertada. No esperaba que la razón de su apuro matutino fuera encontrarse con aquella mujer.

Quiso preguntarle por qué tenía que verla tan temprano.

Pero, en esa situación, hacerlo sería ridículo.

—Ya veo. Entraré primero.

Prefirió evitar la escena incómoda. Pero entonces Leah habló apresuradamente.

—Por favor, señora, no malinterprete. Solo tenía algo urgente que discutir con él.

Sonreía con timidez, como si compartieran una conversación privada y confidencial.

Emilia sonrió con ligereza, asintiendo.

—Por cierto, ¿Qué la trae afuera, señora?

Leah parpadeó mientras preguntaba.

—Parece que salió apresuradamente.

Emilia notó que, a diferencia del atuendo elaborado de Leah, ella iba vestida con sencillez.

¿Acaso parecía alguien que había salido corriendo en cuanto llegó el carruaje del Duque?

Quizá debí esperar para hablar de esto.

Emilia había estado fuera desde temprano y, justo cuando llegó el carruaje, se acercó a él. Cualquiera pensaría que había estado esperando.

—¿Acaso estaba preocupada de que el Duque hiciera algo inesperado? Si es por los rumores sobre nosotros… no tiene por qué preocuparse.

Lo hacía a propósito, usando exactamente las palabras que sabía que molestarían.

—¿Rumores? Nunca los he escuchado. No me interesa el chisme. Es charla inútil, así que no me molesto en leerla.

Emilia inclinó ligeramente la cabeza. Pensó que esa actitud desinteresada irritaría a Leah.

Emilia actuó como si realmente no le importaran.

—Parece que la señorita Leah no ha oído mucho sobre el Duque y yo.

Era imposible que no lo hubiera hecho. Después de todo, ¿Cómo ignorar la escena pública de afecto en un café?

Ignorando la mirada afilada de Leah, Emilia miró a Mikhail y dijo:

—Por cierto, Duque, ya que nos hemos encontrado, quería pedirle un favor. Quiero plantar algunas flores en el jardín.

—¿Flores?

—Sí, el jardín se ve tan vacío. Pensé que necesita un poco de color.

Era la primera vez que mostraba interés en hacer algo por la propiedad. Mikhail pareció incómodo con la petición.

Tras un breve silencio, preguntó:

—¿Es que el jardín no ha cambiado un poco?

—¿...perdón?

—Debería haber cambiado.

Murmuró, lanzando una mirada detrás de ella.

—¡Oh!

En efecto, había algunos árboles nuevos, tonos ligeramente distintos de verde, aunque no era demasiado evidente.

—¿Fue usted quien pidió plantar estos?

—…parece una petición tonta, dado que apenas se nota.

—Es mejor que antes. Pero, ¿No cree que plantar flores le daría más vida?

—Hazlo.

Emilia había esperado esa respuesta, pues sabía que a él no le importaban mucho esas cosas, pero aun así, le alegró que le diera permiso.

Emilia sonrió con alegría.

Traducido por: Valiz

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