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El lugar donde se quebró la rosa dorada Cap. 76


Episodio 76

Alice salió furiosa de la compañía de ballet.

Sabía que irse tan enfadada solo la perjudicaría. Al fin y al cabo, tendría que volver a la sala de ensayo al día siguiente… También sabía perfectamente que enojarse con la coreógrafa no le serviría de nada. Pero aun así, no podía controlar sus emociones. Por mucho que lo pensara, sentía que ella tenía la razón.

La enfurecía el talento de Karen, a la que nunca podía alcanzar por mucho que lo intentara.

Luego sintió lástima por sí misma, por no poder esforzarse tanto como ella.

Hacía su mejor esfuerzo. Podía decir con seguridad que sus horas de práctica eran iguales, o incluso superiores, a las de otras bailarinas. Sin embargo, era innegable que aún estaba muy lejos del nivel de Karen.

Cuando Karen sufrió el accidente de carruaje y tuvo que abandonar el escenario antes del fin de la temporada, Alice estaba emocionada, aunque el papel principal disponible no fuera suyo.

Cuando supo que le habían disparado, se alegró. No esperaba que regresara tan fácilmente reclamando el papel protagónico.

Mientras caminaba hacia su casa, que no estaba muy lejos,la invadieron la tristeza, la ira y el desprecio por sí misma durante un buen rato.

Pero entonces alguien le bloqueó el paso. Quería irse a casa rápido, acostarse y consolar su angustia…

Ya estaba empezando a irritarse con la persona que la detuvo.

Alice, intentando ordenar sus pensamientos, levantó la cabeza. Ante sus ojos había un caballero de mediana edad.

El hombre se quitó el sombrero e hizo un leve saludo.

Si conocía quien era Arthurus Kloen, naturalmente también conocería a Jude Cullen. Solo después de saber de qué bando provenía, Alice bajó la guardia.

Fingía pedir su consentimiento, pero si ella se negaba, parecía decidido a obligarla a ir. Alice tragó saliva con dificultad.

Últimamente no había estado buscando pelea abiertamente con Karen, así que no creía que le fuera a pasar nada malo. De todas formas, no parecía tener derecho a negarse.

Alice decidió seguir al mayordomo obedientemente.

Jude Cullen, con gafas y bebiendo té negro, leía un libro. Colocó un marcapáginas en la página en que se quedó y miró fijamente a Alice.

Se quitó las gafas que llevaba en la nariz, las colocó sobre el libro grueso de tapa dura y le ofreció asiento.

Ella se sentó torpemente, jugueteando con la solapa de su blusa.

La mente de Alice bullía de posibilidades.

¿Le iba a llamar la atención por los problemas que tuvo con Karen?

Seguramente el anciano no querrá patrocinarla, ¿no?

La mente de Alice estaba cada vez más fijada en esto último, mientras la mirada de Jude Cullen estaba fija en ella.

Alice sintió que sus manos temblaban mientras se aferraban a sus rodillas.

¡Qué debería hacer, qué debería hacer!

Al parecer un anciano jorobado sigue siendo un hombre y alberga lujuria una bailarina.

Aunque envidiaba la unión romántica del duque Kloen y a Karen, que era muy diferente al de una bailarina y su

patrocinador

, no quería a un hombre tan viejo como su nuevo patrocinador.

Dijo que no habría consecuencias por rechazar la propuesta, pero, ¿cómo podía creer eso?

Alice esperó las siguientes palabras del anciano, sintiendo como si la estuvieran arrastrando al infierno.

La propuesta no se acercaba ni por un pelo a cualquiera de las posibilidades que se le habían ocurrido.

Como de costumbre, tras una juntaregular, Arthurus estaba a punto de subir a su coche negro con Lois cuando oyó una voz familiar llamándolo. El mayor Skyborough le sostuvo la mirada; sus ojos azul grisáceos parecían particularmente fríos y severos bajo el cielo gris, y sonrió mientras agitaba un paquete de cigarrillos.

Arthurus ladeó la cabeza, pensativo por un momento. Miró su reloj. Tenía algo de tiempo libre, así que un cigarrillo eno le vendría mal, pero…

Los cigarrillos eran algo que, una vez que les cogías el truco, era difícil de dejar. A menos que hicieras un esfuerzo consciente por dejarlos.

Pero últimamente, Arthurus no sentía la necesidad de fumar. Después de reencontrarse con Karen, antes incluso de darse cuenta, los cigarrillos habían desaparecido de sus bolsillos hacía rato.

Arthurus miró fijamente al mayor Skyborough, quien le sostenía la mirada con expresión tranquila, entonces cerró la puerta del auto.

El mayor Skyborough se dirigió a un lugar apartado donde no se podía filtrar la conversación, sacó un cigarrillo y se lo puso en la boca. Arthurus lo observó en silencio y abrió la boca cuando el cigarro fue encendido.

Después de exhalar una bocanada de humo, el alto mando miró fijamente al cielo distante.

Tuvo cierta certeza desde el momento en que vio su persistente empeño por hablarle…

Estaba claro que el mayor Skyborough tenía algo muy importante que decirle

Ante esas palabras, Arthurus frunció el ceño en contemplación.

Recordó los innumerables artículos periodísticos a los que Karen había estado expuesta, desde el escándalo que lo involucró inicialmente hasta el secuestro. Inicialmente, había sido una relación contractual, por lo que Arthurus la había expuesto aún más a la prensa. Pero ahora, las cosas habían cambiado.

No tenía intención de permitir que Karen fuera expuesta a la prensa por nada que no fuera su amor.

El mayor Skyborough estaba frunciendo el ceño.

Ceñudo, dejó caer el cigarrillo. Lo apagó con el pie, sacó otro cigarrillo y se lo puso en la boca. Habló en voz baja.

Su voz era impasible, hablando de la “muerte” de alguien. Sin embargo, tras haber luchado juntos en la guerra, Arthurus sabía que ocultaba deliberadamente sus emociones al dar noticias sombrías.

A diferencia de su voz profesional, su rostro, que miraba fijamente al aire vacío donde se elevaba el humo del cigarrillo, reflejaba una profunda tristeza.

Arthurus sabía de dónde había sido enviado la espía sin que se lo dijeran.

Porque solo había un país con el que habían formado una alianza y contra la que habían librado una guerra.

Al oír la palabra “prisioneros”, la mirada de Arthurus se agudizó. El mayor Skyborough, que incluso había apagado su segundo cigarrillo en el suelo, desvió la mirada del vacío para encontrarse con la de Arthurus.

El mayor Skyborough se encogió de hombros y se obligó a sacar a colación el tema incómodo.

A medida que la conversación continuaba, la expresión de Arthurus se volvió más fría y distante. Pero sus sentimientos eran diferentes. Karen, cautiva, espía, traición, patria…

La conversación que siguió le irritó muchísimo.