El lugar donde se quebró la rosa dorada Cap. 56
Episodio 56
Al final, Cato tuvo que sentarse frente al abuelo en la mesa sin tener apetito.
Al darse cuenta de que no le daría información si no comía, Cato suspiró y empezó a comer. Sin embargo, tenía prisa y no tuvo tiempo de concentrarse. Al final, levantó la cabeza sin terminar ni la mitad del plato.
Cato intentaba ser más obediente y cariñoso que su propio nieto, Arthurus, pero mostró una actitud diferente al tratarse de Sierra. Jude Cullen no quería enervarse con él, así que se demoró en decir lo que el otro quería escuchar; finalmente, dejó el tenedor y se limpió los labios con la servilleta que llevaba en el cuello.
Una sombra cayó sobre el joven rostro esperanzado.
Jude Cullen habló con firmeza, pero Cato negó la cabeza en desacuerdo.
Jude Cullen era amable y juguetón con sus nietos, pero no era tonto.
Se había dado cuenta desde el principio de que Sierra, que se comportaba con vivacidad y alegría, no era del todo inocente ni amable. Sin embargo, la razón por la que lo dejó pasar fue porque sabía que Cato la amaba. Ya fuera que Sierra amara a Cato o que estuviera detrás de los antecedentes del duque Kloen, pensó que no era una mala relación.
Para empezar, no existe relación de compromiso en el mundo en la que las partes involucradas no miren para nada las condiciones del otro.
Pero si Sierra ha estado enamorada de Arthurus, entonces era una historia diferente.
Aunque Arthurus no entró en detalles sobre lo que pasó con Sierra, puede asumirse que Sierra, prometida de Cato, había conspirado para secuestrar a la pareja de Arthurus, Karen, por lo que era posible adivinar lo que había sucedido.
Desde que lo acogió, Cato no había mostrado rebeldía ni una vez. Tanto Arthurus como Cato, a primera vista, parecían muy buenos nietos.
Pero hoy iba a ser el primer día de rebelión.
Jude Cullen se agarró el pecho. Sentía una opresión, como si alguien se lo estuviera estrujando. Incluso en medio de todo eso, la voz aguda de Cato no se detuvo.
La voz del abuelo quiso salir, pero se escuchaba apagada, como si alguien lo asfixiara. Sin embargo, Cato, incapaz de controlar su ira y sin parar de gritar, no oía la respiración agitada de su abuelo.
Cato se alejó, dejando atrás la comida sin terminar.
Pero Jude Cullen ni siquiera pudo retenerlo porque tenía la mano sobre su corazón acelerado.
Apenas logró recuperar el aliento y se cubrió la cabeza adolorida.
Por ahora, tenía que aguantar un poco más. Hasta estar seguro de que sus nietos estarían bien sin él…
Después de terminar de hablar del pasado de forma tranquila, Arthurus levantó las cejas juguetonamente.
Su pasado era demasiado pesado como para hacer bromas. Era tan horrible y cruel.
Karen apenas logró abrir la boca, conteniendo las palabras reconfortantes que amenazaban con salir.
Pero Karen sonrió y aceptó la broma de Arthurus.
Él no tenía intención de mostrar debilidad debido a su pasado.
No es que no le importara.
Pero a Arthurus le resultaba difícil revelar su dolor. Él mismo no quería verse débil.
Todos tienen una faceta que no quieren mostrar a los demás. Podría ser la trágica historia familiar o las dificultades que se ha enfrentado a causa de ella. A pesar de ello, Arthurus compartió voluntariamente sus viejos recuerdos.
Y era codicioso, por parte de Karen, querer verlo revelar todo frente a ella y sentirse triste y dolida por él.
Karen recordó algo de hace mucho tiempo atrás.
Cuando el hombre que estaba frente a ella era mucho más joven, Karen le había hecho una pregunta.
Si era un noble, podría haber evitado el servicio militar, entonces, ¿por qué se ofreció como voluntario?
Ahora entiende. De qué huía.
Aunque estaba en posición de descargar su ira en los demás, decidió guardarla para sí.
A pesar de que Jude Cullen había perdido a toda su familia y estaba devastado, le costó comprender a su nieto. Al mirar atrás, quedaba claro que el niño había estado luchando en silencio y con fiereza contra su propia ira, confusión y tristeza en lugar de contarlo en voz alta.
Arthurus giró la cabeza torpemente mientras miraba los cariñosos ojos dorados de Karen.
.
Tan pronto como terminó de hablar, Arthurus se dirigió a la pared y a los cajones de vidrio donde se guardaban las pistolas, para ayudarla a elegir un arma.
|Supongo que este tipo de conversación es incómoda.|
Arthurus era la persona más incómoda y torpe para revelar sus heridas. No tener a nadie a quien mostrarlas y en quien confiar debió haberle afectado mucho.
Si se sentía incómodo con la conversación, Karen no tenía intención de obligarlo a revelar sus verdaderos sentimientos. Eso sería violento.
Pero aún así, quería decirle una última cosa.
Karen abrazó su cintura y frotó su rostro contra su espalda, mientras él seleccionaba cuidadosamente un arma.
El cuerpo masculino se congeló mientras recargaba la pistola.
(Becky: No digas eso mujer, porque tú le vas a dar la estocada final T.T).
Temía que pensara en sus padres y despreciara el sentimiento mismo del amor.
Abrió la boca, pero se quedó sin palabras, así que terminó de hablar con torpeza y rapidez.
En conclusión, lo que quiso expresar es que esperaba que no la alejara y que deseaba que sus sentimientos por ella se profundizaran más…
Se sentía demasiado avergonzada de decir eso.
Tras recargar el cargador, Arthurus se giró y la encaró. Sonrió como siempre y le puso la pistola en la mano.
Era la forma de Arthurus de expresar su confianza.
Si fueran una pareja normal, Karen habría estado encantada de escuchar esto.
Literalmente, si hubieran sido una pareja común y corriente.
Karen miró la espalda masculina que caminaba delante y la pistola que él le había dado con sus propias manos.
Había estado ebria por la sensación de ser una pareja normal y realmente enamorada, pero luego recuperó el sentido como si le hubieran echado un baldazo de agua fría.
No, Arthurus Kloen
Yo sí te apuntaré con una pistola a la cabeza.
Pero hasta entonces, al menos hasta que llegue ese día…
Iba a sumergirse en el guión en el que está completamente enamorada.
Después de cubrir con una sábana blanca imaginaria y olvidar su verdadero yo, Karen fue hacia él con una sonrisa en su rostro.
Temiendo que pudiera descubrir su corazón palpitante.
Antes de notarlo, ya estaban en pleno invierno.
Jude Cullen miró las ramas desnudas de los árboles fuera de la ventana y habló mientras bebía su té.
Aunque todavía era demasiado pronto para volver a bailar, Karen ya se había recuperado lo suficiente como para salir libremente y a menudo visitaba la casa de Jude Cullen.
Karen abrió mucho los ojos, ladeó la cabeza y sonrió. Normalmente, este tipo de preguntas se hacían con la esperanza de que no se tuviera planes ese día.
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