El lugar donde se quebró la rosa dorada Cap. 27
Capítulo 27
Al pasar por la puerta del campo de tiro que había dejado abierta al salir, observó a Karen levantarse del sofá a lo lejos.
Creo que parecía tan aburrida como pensó.
Ella se puso frente a la diana y centró su mirada en la pistola que le habían dicho que no tocara.
Intentó disuadirla alzando la voz, pero se limitó a mirar.
El motivo era desconocido.
Quería mirarla, sin saber por qué.
Mientras ella acariciaba el arma con las puntas de sus delgados dedos que parecían que se iban a romper si los doblaba aunque sea un poco, parecía estar en un debate consigo misma; al final, tomó una decisión.
Como ya era más que evidente, tenía una postura magnífica.
El arma estaba siendo apuntada con precisión al objetivo.
|Hasta esa etapa está bien.|
El problema sucedía una vez que disparaba, ella no aguantaba bien el retroceso. A pesar de tener un cuerpo entrenado a través del baile.
¿Tal vez se asusta por el sonido de los disparos?
¿Cómo logrará hacerlo ahora que él no está allí?
Arthurus la observaba con concentración.
¡Bang!
Finalmente Karen apretó el gatillo y la bala salió volando.
Los resultados fueron inesperados.
Postura perfecta, acierto preciso.
Karen dio en el blanco con precisión.
Mientras bajaba el arma, ella lo descubrió mirándola.
Dejó escapar una exclamación sin sentido, como si se sintiera avergonzada, pero luego sonrió con tanta fuerza que se le vieron claramente sus claros dientes frontales.
Corrió hacia él y sostuvo la bandeja, mientras hablaba con orgullo. Habló menos de la merienda y más de cómo acababa de dar en el blanco.
Al ver su brillante apariencia, Arthurus tuvo una extraña sensación. Sin embargo, no supo precisar de qué se trataba.
Arthurus, que se limitaba a observarla sin decir palabra, sintió de repente que lo despertaban de su extraño estado de ánimo cuando ella lo agarró de la mano.
Karen le soltó la mano, lucía demasiado avergonzada.
Una mirada inocente, en un rostro con las orejas sonrojadas; gracias a ello, Arthurus pudo centrarse en ella, en el mundo real.
Karen escogió una fresa roja con un tenedor y la puso entre sus labios de color similar.
Ella lucía realmente feliz, como si su único acierto fuera muy satisfactorio.
Arthurus buscó inconscientemente un cigarrillo en sus bolsillos. Pronto encontró uno, pero cuando vio que Karen disfrutaba de un montón de nata montada, dejó atrás la idea de fumar.
Un hombre que parece aterrador y frío a primera vista, pero es cálido con su familia.
Alguien que disfruta empuñar un arma fría y dispararla, pero no la cacería.
En muchos sentidos, no es una mala persona. Eso no es una certeza de que sí sea lo contrario.
Estaba claro que al menos era un tipo divertido con el que estar.
Era bastante difícil que no te gustara alguien así.
Karen estaba experimentando esa dificultad de nuevo.
El mayor cambio en la vida de Karen se produjo poco después del accidente de carruaje.
Consiguió una persona cercana con la que puede comunicarse muy bien.
Jude Cullen le contó sobre una antigua bailarina que despertó su interés por la interpretación de ballet en su juventud. La Sonya Blenn de la que hablaba tenía la edad de la abuela de Karen, pero ella sabía que era una bailarina famosa.
Después de aceptarla como pareja de su nieto, Jude Cullen la invitaba a salir cada que podía.
No eran encuentros con emociones de por medio entre un hombre y una mujer, sino como una salida entre un abuelo y su nieta.
Arthurus no estaba muy presente por su trabajo, pero siempre la recogía al final del día.
Una de las razones por las que a Karen le gustaba tener conversaciones con el anciano es porque le permitía aprender cosas nuevas sobre Arthurus.
No conseguía visualizar aquella escena: Arthurus Kloen tocando el piano.
Mientras hablaba de su nieto, que amaba el arte y soñaba con ser pianista de niño, Jude Cullen mencionó sin querer a su hija.
Jude Cullen guardó silencio un momento y tomó un sorbo de su té.
Karen y Arthurus no eran realmente amantes.
Así que no había necesidad de que le hablara de su familia; parecía que había mucha historia guardada.
Ella negó con la cabeza, sosteniendo la mano de Jude Cullen.
Parecía que Arthurus no quería que su falsa amante se enterara de los detalles íntimos de su familia.
Karen evitó la mirada de Jude Cullen y sus orejas se pusieron rojas.
Karen no quería que Arthurus se sintiera ofendido por ella, al margen de su relación contractual.
No sólo no quería quedar mal con él, sino que tampoco quería hacerle daño.
Contarle tu historia familiar íntima a tu pareja significa abrir tu corazón.
Puede que Jude Cullen dijera eso con la esperanza de que Arthurus abriera su corazón y tuviera a alguien en quien confiar.
Sonrió torpemente y evitó la mirada del anciano. Se sentía muy incómoda sabiendo que estaba engañando a alguien que la trataba como familia.
Afortunadamente, Jude Cullen fue el primero en cambiar de tema.
Arthurus siempre la venía a recoger a tiempo aunque estuviera ocupado con el trabajo y no apareciera a menudo; hoy estaba tarde por alguna razón
Eso no fue lo único sorprendente.
La persona que llamó educadamente y apareció con el mayordomo de los Cullen no era Arthurus.
Era obvio el porqué el asistente de Arthurus había caminado hasta aquí sin el permiso de Jude Cullen.
Lois, después de responderle a Jude Cullen con un tono y expresión relajados, inclinó ligeramente la cabeza hacia Karen.
El joven rubio se levantó cortésmente. Karen bajó la mirada hacia el ayudante que la vino a recoger en nombre de su falso amante.
Jude Cullen, al notar el ligero cambio en la expresión de Karen justo a su lado, chasqueó la lengua.
Estaba indignado en vez de ella, como si fuera su nieta biológica.
Al decirlo, Jude Cullen no parecía tener intención de seguir criticando a su nieto ausente.
En cuanto hizo un gesto, el mayordomo tomó inmediatamente el abrigo de Karen y se lo entregó.
Después de ponerse el abrigo, Karen atravesó el largo pasillo y las escaleras con el mayordomo de la familia Cullen, Jude Cullen, y Lois.
Se sintió como si fuera alguien importante. No era merecedora de esa clase de trato.
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