El lugar donde se quebró la rosa dorada Cap. 19
Capítulo 19
Todo el mundo sabía que las bailarinas mantenían en secreto relaciones inapropiadas con sus patrocinadores.
Aunque el abuelo fuera un anciano retirado de los asuntos mundanos, era imposible que no lo supiera.
Era un mundo en el que incluso si una mujer tenía antecedentes de divorcio, se consideraba un problema. Ninguna familia acogería a una mujer que pudiera estar recibiendo ayuda a cambio de su cuerpo; aunque Karen afirmaba nunca haber hecho nada parecido.
Como el ambiente general de la comunidad era así, no había forma de confiar en la limpieza de los individuos que la conformaban.
Karen se rindió fácilmente.
Los puntos de la lista eran triviales del uno al diez.
Evitar tintinear la taza de té al dejarla en una superficie, hablar sólo en un tono de voz moderado, etc…
Cuando alguien ya ha decidido que la otra persona no es de su agrado, incluso una bonita sonrisa puede ser otro motivo más de desagrado.
Por eso, esta lista no tenía sentido.
Respondió ella alegremente, en contraste a la evidente fragilidad de la sonrisa que parecía poder esfumarse en cualquier momento.
Para Arthurus, Karen era fascinante.
Aunque luzca como una ola tranquila en un lago, puede florecer salvajemente en la primavera…
El se jactaba de calar bastante bien a la gente, pero esta vez le costaba descifrar a la mujer que tenía enfrente.
La pregunta de Karen surgió de la nada, y la mano masculina sosteniendo una pluma, mientras revisaba el informe de la nueva arma, se detuvo.
Le pareció gracioso que le preguntara sobre si su familiar era importante para él. Porque era muy obvio.
Sin embargo, Arthurus no podía dar fácilmente esa respuesta evidente.
Su abuelo era el único miembro de lo que él consideraba su familia. Por eso lo ama, pero…
Respondió Arthurus medio compás más tarde. Karen asintió como si supiera que lo haría.
El agarre en el bolígrafo se tensó repentinamente.
Sin embargo, cierta voz, dulce y suave, provocó cosquilleos en el dorso de su mano.
A Arthurus le resultaba difícil mirar los ojos dorados de Karen.
Sinceramente, él no había esperado que esas palabras salieran de la boca femenina.
Ella no parecía preocuparse por sus propias penurias, sino que estaba considerando la situación de otra persona junto a su familia.
Tal vez debería elogiarse eso como amabilidad.
Le hacía sentir estúpido.
Arthurus no estaba acostumbrado a este tipo de cosquilleos. Tendía a querer evitar las emociones desconocidas.
Las mejillas de Karen se sonrojaron ante la burla deliberada.
Entonces la atmósfera se volvió definitivamente menos incómoda que antes. Pero por alguna razón, la sensación de cosquilleo en alguna parte de él no desapareció por completo.
La mansión de Jude Cullen, fundador de la empresa de la industria militar “Arthurus”, era magnífica, más allá de lo extravagante.
Karen llegó en un carruaje; con el cabello prolijamente recogido, siguió al mayordomo hacia el interior.
Levantó la cabeza y escuchó una risa refrescante. Jude Cullen, de pie en la barandilla por encima de ella, la saludó con una sonrisa alegre.
Karen, sin la intención de hacer esperar ni un minuto más a un adulto mayor, se apresuró en subir las altas escaleras a paso ligero.
Pero se apresuró a aminorar su marcha cuando oyó la desaprobación en Jude Cullen.
Esta vez Karen volvió a acelerar el paso.
Ya tenía la sensación de que sería difícil complacer a Jude Cullen.
Finalmente, subió las escaleras y Jude Cullen la condujo a una sala de estar, de nuevo con su rostro de anciano amable puesto.
(Becky: Me está picando la mano )
Era lo esperado.
Aunque Jude Cullen fingía ser amable con ella, encontraba defectos en cada uno de sus movimientos y en cada palabra que decía.
Pero era soportable.
Pensó que esto era mejor a recibir amenazas para romper vínculos con su nieto.
Jude Cullen la interrumpió y siguió hablando con una sonrisa en su rostro.
Su rostro tiene claramente una expresión sonriente…
Karen no podía quitarse la sensación de que el hombre que tenía delante la estaba analizando.
Cuanto más fuerte reía Jude Cullen, más presión sentía Karen.
Jude Cullen dio una respuesta desagradable con una expresión aparentemente alegre.
Karen se mordió suavemente el labio inferior.
Parece que la conversación de hoy no va a ser fácil.
Arthurus celebraba periódicamente juntas secretas con miembros de la familia real y del parlamento.
Muy pocas personas sabían algo sobre esas reuniones, ni siquiera Jude Cullen.
El hecho de que fuera secreto también denotaba la importancia existente.
Lois, que estaba recitando la agenda de hoy, se detuvo un momento al ver la inusual expresión de Arthurus.
Tenía una expresión de seriedad, pero eso mismo hizo que dudara si estaba siendo escuchado.
Luego Arthurus tomó su abrigo y se lo puso sin explicar siquiera adónde iba. Abandonó la compañía, dejando atrás a un desconcertado Lois.
Además, por encontrarse con su abuelo, se olvidó de subir a un carruaje; se subió al coche y, algo más insólito en él, le dijo al chófer que se diera prisa.
Por lo que Arthurus sabía, su abuelo no era una persona que insultara o hiciera daño a los demás. Sin embargo, nunca se había opuesto a una mujer que conociera su nieto, así que no tenía ni idea de lo que diría para intentar apartar a Karen
Dado que estaban en una relación contractual, era su deber tratar con su abuelo.
Pero…
Porque aún quedaba tiempo.
También tenía curiosidad.
Así que simplemente iba a dar un vistazo.
Las cosas de las que se hablaría al conocer a la familia de una pareja estaban dentro del rango esperado.
¿Dónde se conocieron, cómo se desarrolló la relación y qué suelen hacer cuando se encuentran?
¿Hay la convicción de que la relación puede desarrollarse más en el futuro?
Era lo mismo de siempre y lo más obvio.
La diferencia es que en casos normales, la conversación sería cálida y reconfortante, pero no era el caso en la situación en la que Karen se encontraba ahora.
Karen había atado cabos con Arthurus y contó el relato final inventado.
Sin embargo, Jude Cullen concluyó sarcásticamente que su nieto se enamoró de ella basándose únicamente en su aspecto y no esperaba que la relación durara mucho.
Luego la criticó por ser una persona inmadura que molesta a su pareja ocupada.
Poco a poco empezó a sentir la frustración por el mal trato del adulto mayor.
Cualquiera que lo viera pensaría que era algo que se había dicho a sí mismo
Pero Karen no tuvo más remedio que asentir ante aquellas mentiras.
Karen sonrió y mintió, desmintiendo sus propios sentimientos.
Podía aguantar por un tiempo, pero cada conversación siendo respondida de manera sarcástica, no pudo evitar sentirse desanimada.
Karen se acordó del trato que le daba Arthurus. No importa cómo lo mire, él estaba lejos de ser inocente, pero decidió no decir nada innecesario en una situación en la que ya la odiaban.
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