El lugar donde se quebró la rosa dorada Cap. 18
Capítulo 18
No era algo para sorprenderse.
Ella sabía mejor que nadie cómo se trata a las ballerinas hermosas en el mundo de los aristócratas.
Ahora que lo presencia, ambos* tienen una forma similar de hablar.
(Becky: *Arthurus y su abuelo).
Estaba claro que se oponía.
Esta era una crisis que llegó justo un día después de firmar el contrato. Karen apretó los ojos.
Jude Cullen lució decepcionado cuando Karen no respondió fácilmente a la pregunta repentina.
El que tenía un aspecto risueño era Jude Cullen, quien sonreía con frescura.
Jude Cullen, con el sombrero calado, se alejó, dejando el recado de verla mañana.
Cuando desapareció por completo, apareció Everdeen, que se había escondido en la esquina del pasillo.
Everdeen, tan nerviosa como Karen, exhaló profundamente y se sintió aliviada.
Claramente, sería difícil determinar si la actitud de Jude Cullen era hostil hacia Karen.
Porque la sonrisa en el rostro y su tono juguetón le hacían lucir amistoso.
Pero la sinceridad de una persona siempre puede verse en sus ojos. Especialmente si es una persona a la que se le da bien ocultar sus emociones, por eso hay que fijarse en los ojos, no en las expresiones faciales ni en la voz.
Y Karen sabía leer los ojos de la gente.
La forma en que Jude Cullen la miraba era cualquier cosa menos amistosa.
Aunque caminaba con la ayuda de un bastón, su espalda estaba encorvada. A pesar de su físico empequeñecido por la edad, no tenía un aspecto menor al de la mayoría de los hombres jóvenes.
Uno sólo podía imaginar lo magnífico que había sido su físico en la juventud. Cuando no tenía expresión, daba a la gente una extraña sensación de intimidación, pero también podía comportarse como un chico inmaduro, gastando bromas mezquinas e infantiles.
Por lo tanto, los que conocían a Jude Cullen o bien le temían, o se sentían en confianza con él, o sentían ambas emociones. Había momentos en que también se aprovechaba de los sentimientos de la gente hacia él.
Principalmente en asuntos relacionados con su nieto Arthurus.
Esta vez el oponente era Lois, que había estado ocupado evitando a Jude Cullen bajo las órdenes de Arthurus de tener la boca cerrada. Sin embargo, al final, Lois no tuvo más remedio que hacer una visita después de recibir una llamada del mayordomo de la familia Cullen que le dijo que el duque se sentía muy solo.
Jude Cullen se rió de buena gana y tomó un sorbo de té antes de volver al tema principal.
Lois guardó silencio un momento.
Se debatía entre dos opciones: permanecer leal a su amigo o estar a la altura de la confianza de Jude Cullen, quien era como un abuelo para él.
No era tan difícil leer los ingenuos sentimientos de Jude Cullen, que apoyó a Lois y lo había cuidado como a un nieto.
Dejó la taza de té y se quedó mirando al espacio como si recordara un pasado lejano.
La intención detrás de sus palabras era obvia.
Quizá para hacerle recordar la gracia que le brindó en el pasado. Lois era capaz de ver a través de las intenciones de Jude Cullen, pero siempre terminaba cayendo en el mismo truco.
Al final, Lois suspiró y confesó lo que sabía.
Lois estaba realmente mortificado.
Jude Cullen siguió engatusándole y persuadiéndole sutilmente, pero en realidad no sabía nada.
Arthurus era un jefe tan loco por el trabajo que sentía que la vida era aburrida, y siempre estaba con él mientras trabajaba.
Pero por más que rebuscó en sus recuerdos, no pudo encontrar nada que hubiera puesto a Arthurus en contacto personal con las bailarinas del Swan’s Ballet.
Al final, al no poder obtener la respuesta que deseaba de Lois, Jude Cullen chasqueó la lengua con insatisfacción.
En ese momento se oyó una voz inesperada.
Lois, que estaba observando a Jude Cullen, giró la cabeza en la dirección de la que vino la voz.
Esa voz sentía como una cuerda de salvación, pero tan pronto vio la mirada aguda dirigida hacia él, desvió presuroso la mirada.
Los ojos entrecerrados de Jude Cullen miraban fijamente a su nieto. Arthurus no evitó la mirada de su abuelo.
Se produjo una breve pelea entre abuelo y nieto en buenos términos.
Jude Cullen, acariciando su corta barbilla, levantó inmediatamente la comisura de los labios.
Arthurus frunció el ceño ante el gesto que parecía indicar que no escucharía más.
Observando atentamente la cara de felicidad del abuelo, Arthurus preguntó como para confirmar.
Cuanto más se reía Jude Cullen, más se enderezaban las cejas de Arthurus y su rostro finalmente adoptó una expresión tranquila.
Arthurus inclinó la cabeza ante su abuelo y se dio la vuelta.
Aunque Lois estaba
en lágrimas
, inclinó la cabeza ante Jude Cullen y fue tras Arthurus.
Lois no encontraba las palabras para negarlo.
Arthurus dejó escapar una risa baja ante el comentario de Lois, que parecía no darse cuenta.
Esto también formaba parte del contrato, así que Arthurus no sintió pena.
Aún así, esperaba que ella pudiera atravesar con éxito esa puerta.
Karen no pudo evitar sacar la lengua cuando vio el montón de papeles llenos de información sobre una persona.
La expresión de Karen era furtiva, ya que no podía atreverse a decir que la familia de la otra persona y adulto mayor tenía un problema de personalidad.
Fue una respuesta rápida que se sintió fría. Karen se rascó la mejilla y sonrió con tristeza.
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