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El lugar donde se quebró la rosa dorada Cap. 12


Capítulo 12

Jude Cullen valoraba la armonía y unión en su familia.

Por supuesto, no siempre fue así. La relación entre su hija y su yerno fue tan mala que se rompió. Ni siquiera tuvo la oportunidad de reparar ese vínculo. Porque los perdió a ambos en un accidente. No podía ocultar su pena. Para colmo, empezó a aferrarse al cerco llamado familia tras conocer los problemas de su nieto y único familiar.

Arthurus sabía cómo se sentía su abuelo, así que intentó complacerlo en la obra familiar que deseaba. No podía ser sincero, pero intentó fingirlo. Pero todo ese esfuerzo se esfumó el día de hoy.

Por una acosadora que lo persigue y coquetea con él hasta la extenuación.

Parece que se corrige, pero por su edad no debería tener emociones fuertes. De hecho, Arthurus tuvo que dejarlo todo a un lado al enterarse de que su abuelo se había desmayado mientras lo buscaba tras ver el artículo en el periódico.

Afortunadamente, logró explicárselo todo cuando el anciano se despertó un rato, pero…

Parecía difícil desmentir el rumor de que se alojó en la habitación de un hotel con una mujer. Los periodistas le persiguieron hasta el lugar de los hechos e incluso recogieron testimonios de testigos presenciales.

También hay otra persona que escribió un artículo como este.

Cuando bajó al primer piso, avistó a Cato, que parecía recién llegado.

Cato, que provocó a Arthurus llamándole “hermano” a pesar de no compartir el mismo abuelo, endureció su expresión relajada cuando el otro le respondió con “hermanito”.

(Becky: Acá hay un juego de palabras con los honoríficos que los coreanos usan, para nosotros sería más o menos así).

Cato enfatizó la palabra “nieto”, dejó la chaqueta en el brazo del sirviente y se alejó.

Mirando a Arthurus, que estaba de pie en las escaleras, Cato subió peldaño a peldaño.

Finalmente, tras un par de pasos, sus miradas se igualaron.

No había mucha diferencia en el nivel de los ojos entre los dos, pero Cato seguía sintiendo que miraba a Arthurus desde abajo. A diferencia de él, que ocultaba su nerviosismo y fingía estar relajado, Arthurus estaba realmente relajado.

No. Estaba más que relajado…

Parecía estar molesto y aburrido con la situación.

El periódico que publicó el artículo sobre Arthurus estando en una habitación de hotel a solas con Sierra era donde trabajaba el tío de Sierra Miller, su pariente.

Además, por muy famoso que fuera dentro de Gloretta, era demasiado que su estancia en el hotel y su vida privada fueran publicadas. A menos que alguien haya querido sembrarle intencionalmente.

Una mujer que está obsesionada con él y un medio hermano que ama a esa mujer hasta la muerte…

Arthurus miró la cara de Cato, temblorosa por el miedo a que le arrebataran a su chica, y estalló en carcajadas.

Fue un suave susurro, como si estuviera confesando en secreto su amor a su amante.

Sin embargo, las palabras que salían de la boca de Arthurus eran extremadamente afiladas.

Finalmente, Cato se quitó la máscara de nieto gentil y buen hermano menor de Arthurus frente a Jude Cullen. Los sirvientes giraron la cabeza o la bajaron y fingieron no ver aquel espectáculo al que estaban acostumbrados.

Arthurus ladeó la cabeza y preguntó con voz suave.

Ni siquiera quiere tenerla.

La cara de Cato se llenó instantáneamente de vergüenza y humillación.

Cato intentó agarrar a Arthurus por el cuello en un intento.

Sin embargo, no era razonable entablar un combate cuerpo a cuerpo contra un antiguo soldado que estuvo más de 10 años en el campo de batalla desde la adolescencia.

Con el brazo doblado y sometido, Cato recibió al instante una patada en el estómago y cayó por las escaleras.

Los sirvientes se inquietaron cuando Cato fue herido. Una cosa es una batalla de voluntades, una lesión física es otra historia. Aunque fuera un hijo ilegítimo, Cato también heredó el apellido “Kloen”. Incluso pasaba más tiempo con Jude Cullen que su propio nieto, Arthurus.

Pero aunque todos dudaban, no podían acercarse fácilmente a Cato.

Porque no fue otro que Arthurus quién lo hirió.

Arthurus señaló a Cato como a un objeto y salió por la puerta, fumando un cigarrillo.

Por detrás se oyó un rechinar de dientes, pero Arthurus no se volteó.

Ahora que el asunto con Sierra Miller ha estallado, ya no puede tolerarla y dejarla en paz.

Era hora de encontrar una forma de poner fin a esta enfermiza y frustrante situación.

La actuación terminó con éxito.

Las bailarinas estaban ocupadas quitándose el maquillaje o cambiándose a su ropa de diario.

Mark pensó que hoy, después de que Karen se limpiara la cara y se pusiera la ropa de ensayo, se dirigiría directamente a la sala de ensayo.

En contra de lo esperado, Karen llevaba puesta ropa cotidiana, no de ensayo.

Por muy ratón de práctica que sea, no puede seguir la misma rutina todos los días.

Puede que la búsqueda de la perfección de Karen le haya valido grandes elogios como bailarina, pero debe de haber sido difícil para ella como persona. Por eso Mark esperaba que dejara de ser tan estricta consigo misma.

Así que no le importó que Karen volviera a casa temprano ahora.

Karen se lo quedó mirando con ojos de si había algún problema.

Aunque era una mirada gentil, Mark desvió la mirada. Ella siempre tenía ojos amables, pero aun así, durante mucho tiempo, cada vez que la miraba, sentía como si esos ojos le leyeran el pensamiento.

Mark sabía que había dicho algo extraño, con la sensación de estar controlando a la otra persona como su pareja.

Pero sus palabras pudieron con él.

Karen no estaba vestida para ir directamente a casa.

Se había soltado el pelo liso y dorado, siempre bien recogido, y, aunque estaba cubierta por un abrigo marrón, llevaba un vestido ligero de una sola pieza.

Su rostro estaba limpio y blanco, pero sus labios…

La mirada del director Mark, fija en los labios pintados de rojo, volvió a los ojos de Karen.

Se dio cuenta de que mentía.

Si iba a irse a casa a descansar, ¿para qué molestarse en limpiarse el maquillaje del escenario y volverse a pintar los labios?

Además, la ropa que llevaba ahora distaba mucho de su ropa habitual. Se notaba que se había arreglado a su manera.

De repente recordó lo que había dicho Alice.

¿Estás viendo a alguien últimamente?

Su pregunta presuntuosa se quedó en la punta de la lengua.

Yendo al grano. No tiene derecho a inmiscuirse en la vida privada de Karen, ¿cierto?

Mark se dio la vuelta, esforzándose por tragar la pregunta que tenía en la punta de la lengua.

Karen es una bailarina excepcional, y él es el director del Swan’s Ballet que sacará a relucir al máximo sus habilidades.

No era ni más ni menos que eso.

Si Alice tenía razón y Karen tenía un amante, no tenía nada que ver con él.

Pero, ¿por qué?

¿Por qué sentía un ardor en la boca del estómago?