El lugar donde se quebró la rosa dorada Cap. 6
Capítulo 06
La presión del barón Theron, la situación financiera del Swan’s Ballet y…
Tuvo que venir a este hotel por varias razones.
Pero eso no significaba que fuera a pasar la noche con Joseph Malone.
Le preguntó con una voz mucho más fría que antes, a diferencia de antes, cuando tenía una sonrisa.
La fuerza de un hombre es diferente de la fuerza de una mujer. Si Joseph Malone decidiera forzarla, las cosas se saldrían de control. Karen no quería causar un escándalo si podía evitarlo.
(Becky: *Sin pedir algo a cambio).
Pero cuando un acosador, que llevaba casi un año acechando, tiene la oportunidad de tener a su presa a solas en un hotel, no hay forma de que la deje marchar en paz.
Joseph Malone agarró sin contemplaciones el hombro de Karen con fuerza.
Mientras la acechaba, había fingido ser un hombre inocente e inofensivo lleno de amor puro, ahora mostraba su verdadera mirada siniestra.
Sus manos, desagradables al tacto, la agarraron por los hombros, y abrazó su cuerpo por la fuerza mientras ella intentaba retroceder.
Karen, realmente, no quería ningún alboroto innecesario.
Pero hay días en los que era necesario hacerlo.
Para Karen, hoy era uno de esos días.
Pronto, los gritos de alguien se escucharon.
Jude Cullen era una persona que ponía su familia por encima de todo. En otras palabras, también significaba que era una persona que no respetaba el tiempo a solas de sus nietos adultos.
Debido a la insistencia de su abuelo materno, Arthurus se vio obligado a conseguir una gran suite.
Le indicaron que habían varias habitaciones dentro, para que puedan dormir por separado…
Por supuesto, sabía que esta situación ocurriría. Arthurus se apoyó en la puerta y preguntó con los dientes apretados.
El abuelo ya estaba dormido, borracho de whisky, y Cato estaba en la ducha…
Para Sierra, esta era una oportunidad única. Arthurus chasqueó la lengua.
Arthurus tiró bruscamente de su corbata, aflojándosela. Sierra le miró con descaro.
Sierra, que llamaba a Arthurus por su apodo sin permiso, era una mujer hermosa y fascinante la viera quien la viera.
Su pelo rojo fuego, las curvas voluptuosas de su cuerpo y una sonrisa vivaz y encantadora.
Con un aspecto así, no es de extrañar que la llamaran la “Rosa Dorada del imperio Gloretta”.
Sierra ha sido el centro de atención desde el principio de su vida.
Huérfana de guerra, posteriormente adoptada por un conde y ahora prometida de Cato Kloen.
Fue una de las personas que fueron prisioneras del país enemigo en el campo de batalla hace mucho tiempo. Arthurus la había rescatado.
En su momento, hubo muchos artículos de chismes que relacionaban a Arthurus y a Sierra debido a tal historia. Por supuesto, fue ella quien dijo al público que tenían tal conexión.
En realidad, Arthurus no la recordaba en absoluto.
Pasándose una mano por el despeinado pelo negro, Arthurus se encontró deseando fumar un cigarrillo en aquel momento.
Estaba cansado de ser perseguido por una mujer con la que no tenía nada que ver, y que era la prometida de su hermanastro.
Quería ser lo más cortés posible con la dama. Y, aunque no sentía lazos familiares por Cato, estaban vinculados; no quería asustar a su prometida. En la medida en que su paciencia se lo permitiera, tenía la intención de participar en las actividades de su abuelo materno.
Sin embargo, Sierra Miller seguía cruzando la línea.
Ella se aflojó deliberadamente la ropa y se acercó sigilosamente a Arthurus, fingiendo un afecto poco habitual en ella.
El pecho de Arthurus subía y bajaba ante el suave contacto de las manos de ella en la parte delantera de su camisa. Sierra levantó la comisura de sus labios cuando la respiración de Arthurus pareció un poco acelerada.
Sierra estaba equivocada.
Arthurus no estaba excitado con los gestos seductores de una mujer hermosa.
Sólo estaba reprimiendo su disgusto e irritación ante el insoportable manoseo.
Agarró dolorosamente la muñeca de Sierra mientras ella le toqueteaba el pecho y lanzó al aire bruscamente la extremidad, como si tirara basura.
Arthurus no quería ser duro con la dama. Desde su infancia, experimentó la guerra y sabía que había una ferocidad al acecho dentro de él que podría estallar en cualquier momento.
Más aún, quería ser cortés con aquellos con los que necesitaba ocultar su ferocidad: las mujeres y los niños, los ancianos y los animales.
Aunque fueran ellos los que le pusieran de los nervios hasta el punto de ruptura.
Ella estaba tan cerca a él por apenas una pulgada de distancia, pero no podía decir nada. Nerviosa y asustada al mismo tiempo.
Aunque sabía que aquella voz grave pretendía ridiculizarla…
Sierra sintió ganas de creerle y hacer una locura.
Sierra trató de traer a colación los viejos recuerdos que él negaba.
Arthurus decía que no la recordaba como uno de los prisioneros que había salvado en el campo de batalla, pero lo hará. La pobre chica a la que cuidó especialmente…
Fue justo entonces.
Se escuchó la voz de Cato desde la otra habitación. Sólo entonces Arthurus dio un paso atrás, ocultando la ferocidad que parecía que iba a atacar en cualquier momento.
En un santiamén, había vuelto a ser un caballero educado.
Durante la guerra, el país enemigo no sólo tomaba como prisioneros a soldados, sino también a ciudadanos de a pie.
En una ocasión, Arthurus recibió el encargo de rescatar a un gran número de prisioneros civiles. Entre ellos, se ocupó especialmente de una chica que era sólo unos años más joven que él, y Sierra afirmaba que ella era esa chica.
Viendo su mirada, parecía que era sincera y no mentía, pero Arthurus podía jurarlo.
Sierra Miller no era esa chica.
Además, esa chica ya no estaba en ninguna parte.
Porque esa chica había muerto ante sus ojos.
Arthurus salió de la habitación, incapaz de soportar su apego persistente. Detrás de él, Sierra extendió vacilante su mano, pero su patético gesto no recibió atención.
Aunque se vio privado de la oportunidad de descansar en paz, fue lo mejor para él.
Empezaba a estar desesperado por un cigarrillo.
Se desarrolló una escena bizarra.
La persecución entre una mujer y un hombre.
La visión de un hombre ensangrentado persiguiendo a una mujer por el pasillo del hotel sólo puede describirse como extraña.
Joseph había tratado de abrazar por la fuerza a Karen, quien lo apartaba obstinadamente y se negaba a ir a la cama. En ese momento, había un jarrón de flores colocado sobre la pequeña mesa de té.
Sin dudarlo, Karen levantó el jarrón y lo usó para golpearlo.
Como resultado, Joseph Malone ahora la perseguía con la cabeza sangrante. Y muy enfadado también.
Era un alivio que Karen tuviera buena fuerza física.
Corrió por el pasillo, descalza, intentando recuperar el aliento cuando empezó a sentirse un poco pesada. Pero Joseph Malone la perseguía a un ritmo aterrador.
|¿A dónde… ¿A dónde debo ir?|
Tras llevar un rato corriendo, se detuvo al final del pasillo.
El camino se dividía en dos direcciones.
Adónde debía ir. En qué lugar estaría una persona que esté dispuesta a ayudarla.
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