Incluso el Villano Tiene Una Historia - Novela Cap. 85
La línea entre el fruto prohibido y la salvación (3)
Después de salir de la primera taberna, Sa-yoon visitó otras seis para reunir nueva información. Las cosas triviales las tomó solo como referencia, y con la información repetida bien grabada en la mente, salió de nuevo a la calle. La bolsa de dinero, que se hacía más pesada cada vez que entraba en un nuevo lugar, ya se había convertido en tres.
Al lanzar las bolsas hacia arriba y atraparlas en el aire a modo de juego, un suspiro sopló por detrás de él como una ráfaga de viento.
—Si alguien llega a enterarse, ¿Qué va a hacer?
—¿Por qué? ¿Crees que va a correr el infame rumor de que soy un ladrón?
—Ya es bastante infame como está.
—Entonces no importa si se riega.
Ni siquiera estaba seguro de que los rumores fueran a propagarse bien.
Sa-yoon planeaba abandonar el pueblo mañana. Para cuando las víctimas del robo notaran en distintos momentos que sus bolsas habían desaparecido, él ya se habría ido, así que no habría problema.
Y aunque llegara a haberlo, no sería algo que se extendiera lo suficiente como para estorbar. Si las cosas se salían de control, pensaba usar la fuerza.
Geon-joo dejó escapar un suspiro ante su actitud increíblemente despreocupada. Desde que entraron en la mazmorra, parecía escucharlo suspirar una vez por hora. Sa-yoon ofreció una excusa a su manera.
—Tampoco fue que todo lo haya robado.
La mitad sí la robó, pero la otra mitad la ganó limpiamente en apuestas. Como aquellos idiotas andaban presumiendo de su capacidad para beber, aceptó una competencia de alcohol; así que el dinero que ganó en esa apuesta no tenía nada de problemático.
Geon-joo, como si hubiera captado la intención detrás de sus palabras, observó el rostro de Sa-yoon con curiosidad renovada.
—¿Todos los de rango S son así?
—¿Así cómo?
—Que pueden beber cajas enteras de alcohol y seguir como si nada.
Exagerando un poco, había bebido unos tres litros. Al primer litro Geon-joo se sorprendió, al segundo se preocupó, y cuando Sa-yoon pasó de treinta vasos, el pobre ya estaba horrorizado. Con aquella expresión cansada dibujada en la cara, Sa-yoon se encogió de hombros.
—Te dije que casi no me emborracho.
—Y también dijo que por eso no le gusta mucho.
—Tomo cuando es necesario.
—Entonces… ¿Todos los de rango S son como usted?
—¿Crees que si tú llegaras a rango S serías así?
—Sí.
—Lo dudo.
Era cierto que los de rango S tenían cierta resistencia a los venenos, pero no todos desarrollaban esa inmunidad absoluta digna de una novela de artes marciales. Que Sa-yoon no se intoxicara con el alcohol se debía exclusivamente a los diez años de misiones que lo obligaron a ingerir veneno constantemente, no a su rango.
Por eso también había entre los S algunos que vivían borrachos todos los días, diciendo tonterías con el aliento apestando a alcohol.
Diciéndole que no se preocupara, Sa-yoon disfrutó de la brisa nocturna. Cuando entraron a la mazmorra era pleno día, pero mientras recopilaba información el cielo se había oscurecido.
Gracias a haber comido y bebido a costa de otros, el ambiente le resultaba agradable, casi embriagador. Al verlo reírse con ligereza, Geon-joo se acercó un poco más detrás de él.
—¿Y ahora a dónde vamos?
—Ya va siendo hora de descansar. Creo que ya recogí toda la información que se podía obtener en este pueblo. Quédate con una de estas.
Sa-yoon lanzó una de las tres bolsas hacia Geon-joo y volvió la cabeza para buscar alguna posada decente. De entre las que había considerado antes, eligió una que se veía adecuada. Al entrar, se quedó un momento frente al posadero que los recibió, dudando.
—¿Tomamos una habitación o dos?
—¿Podemos elegir?
—No. Mejor solo una.
Apenas había pasado un minuto desde que preguntó y ya había decidido él solo. Geon-joo parpadeó, como si quisiera preguntarle por qué demonios preguntaba entonces. Sa-yoon evitó esa mirada inquisitiva y le entregó al posadero una buena cantidad de monedas.
—Una habitación grande para pasar una noche. Quédate con lo que sobre para el desayuno.
Era claramente más dinero del necesario para una sola habitación. Los ojos del dueño se agrandaron de sorpresa y enseguida los guió al segundo piso.
El cuarto que recibieron era bastante amplio. La cama era grande y el espacio muy cómodo. Satisfecho, Sa-yoon dejó al posadero marcharse y colocó sus pertenencias —que básicamente eran solo bolsas de dinero— sobre la mesa. Luego se quitó la armadura que había llevado todo el día. Era pesada y gruesa, así que la camiseta debajo estaba empapada.
—Entonces ¿Para qué preguntó?
Geon-joo, que llevaba un rato reclamándole solo con la mirada, no pudo contenerse cuando el dueño de la posada se fue. Sa-yoon giró la cabeza.
—¿Cómo voy a dejarte solo en un lugar desconocido? Si te metes en un lío, yo soy el que tiene que arreglarlo. Prefiero una habitación grande y ya.
—No soy un niño.
—Claro, no eres un chamaco.
Tarareó la respuesta como si nada, ignorando por completo el reclamo. Geon-joo frunció los ojos, claramente molesto por sentirse ignorado, pero Sa-yoon siguió tan tranquilo como siempre.
Él podía tener todas las quejas que quisiera, pero ¿Qué más daba?
Al final, quien pagaba era yo.
Después de dejar la armadura junto a la cama y revisar la camiseta húmeda, sentí una mirada fija. Geon-joo me observaba sin parpadear. Para ser exactos, miraba fijamente mi abdomen.
—¿Ahora qué?
—Con todo lo que bebió… me pregunto a dónde demonios se le fue.
Debía de resultarle extraño que no tuviera panza.
¿Será cosa de haber entrado en un mundo desconocido? Sa-yoon lo observó fijamente, sorprendido de lo infantil que estaba hoy, y agitó un poco la parte baja de la camiseta.
—¿Quieres que te muestre?
Se rió por lo bajo y levantó la prenda medio palmo. Él se refería a si debía quitársela para enseñarle, pero Geon-joo puso una cara como si yo estuviera a punto de abrirme el abdomen, y se horrorizó.
—No quiero ver nada.
—Entonces cállate.
—Mejor vaya a lavarse de una vez en lugar de andar mostrando la barriga.
Hasta ahora, todo el trabajo lo había hecho yo, pero el que se hacía el cansado era él. Con actitud de que hablarle le agotaba, me empujó hacia el baño por la espalda. Sa-yoon, dejando que lo arrastrara, sintió de pronto ganas de molestarlo y, antes de entrar, sacó la cabeza por la puerta.
—¿Vienes a lavarte conmigo cuando salga?
Al cruzarse las miradas, Geon-joo entendió la intención real esta vez y observó brevemente el cuerpo de Sa-yoon. Él esperaba que se sonrojara y le soltara un “¿Estás loco?”, pero en lugar de eso, el hombre—tranquilo como si nada—soltó un suspiro y lo empujó hacia adentro.
—Cierre la boca.
Fue una reacción más insípida de lo esperado. En vez de un “¿Estás loco?”, le mandaron callar. Sa-yoon frunció los labios con cara de qué aburrido, y entró al baño.
Tras ducharse y secarse el cabello con la toalla, salió. Igual que él antes, Geon-joo se había quitado la armadura y estaba sentado al borde de la cama. Al levantar la cabeza, frunció el ceño.
—¿Por qué demonios salió sin nada arriba?
—La ropa está empapada de sudor. ¿Tú te la pondrías?
—Tiene ropa en el inventario.
—Me voy a dormir en un rato, ¿Para qué ponerme el abrigo? Si te gusta dormir vestido, ponte tú lo que quieras.
Para provocarlo, sacó un abrigo del inventario. Otra vez se escuchó un suspiro. A estas alturas, Sa-yoon se preguntaba si le habían puesto una penalización de un suspiro por cada frase que dijera.
¿Sería posible?
Era absurdo, pero en este calabozo ya nada parecía imposible.
Mientras pensaba tonterías y miraba la puerta cerrada, no pasó mucho antes de que Geon-joo saliera del baño con la toalla en la cabeza. Hace nada me había tratado como un salvaje, pero él también había dejado la parte de arriba dentro del baño.
Mucha queja para luego imitarlo.
Pensaba aprovechar para burlarse un buen rato, pero no tuvo oportunidad. Geon-joo avanzó a toda prisa y se envolvió entero con la manta en la cama.
Se movió tan rápido que parecía más ágil que cuando peleaba contra monstruos. Sa-yoon soltó una risita incrédula.
—¿Quieres que te lleve como un cerdito envuelto?
El cuerpo envuelto en la manta blanca era pura seguridad fortificada. Convertido en un capullo ovalado, Geon-joo se incorporó en la cama.
—Deje de decir estupideces. Présteme el artefacto y duérmase.
Sin secadora, secarse el cabello con una toalla llevaba tiempo. Si no usaba ese magnífico artefacto maldito, sería imposible dormir con el pelo seco, así que Sa-yoon se lo entregó de buena gana mientras observaba, divertido, cómo el capullo se arrastraba por la habitación.
Con la boca, Geon-joo tomó el cordón del collar para recibirlo y luego volvió a arrastrarse hasta apagar la luz. La escena era tan ridícula que Sa-yoon soltó una risa contenida. En la oscuridad, un par de ojos afilados lo fulminaron. Él pensaba que al estar apagada la luz no se vería, pero unos ojos de rango S no tendrían problema en verlo.
La mirada era amenazante, pero Sa-yoon solo rió abiertamente. De todos modos, ese hombre siempre ponía esa cara, con o sin luz. Seguramente ni se daba cuenta de lo insolente que podía verse.
Daban ganas de darle un manotazo en la cabeza.
Pero bueno, qué más daba.
Si alguien tan preocupado por su imagen se comportaba así frente a él, era porque ya se sentía cómodo. Mejor tomarlo como algo bueno.
Geon-joo parecía dispuesto a llegar a la cama sano y salvo, pero tal vez le resultó difícil agacharse estando en forma de capullo, porque se dejó caer de golpe y subió rodando. Si ya había apagado la luz, ¿Por qué no hacía las cosas fáciles? Era evidente que tenía un talento innecesario para complicarse la vida.
Una vez que el artefacto secó por completo su cabello, se dio la vuelta bruscamente para dormir.
Sa-yoon se sentó un momento y observó a Geon-joo. Envuelto de esa manera, le recordaba a algo.
—Pareces novia recién casada.
El capullo se movió al escucharlo. Seguro quería responder con fastidio, pero sabía que si decía algo perdería, así que se aguantó. Aunque no se viera su cara, Sa-yoon casi podía imaginar la expresión.
De verdad que era gracioso.
Como era peculiar en muchos sentidos, Sa-yoon sonrió y se acostó mirando el techo. Sobre el diseño simple, empezó a pensar en lo que debía hacer mañana.
Un día aquí equivalía a tres en la realidad, así que debía moverse rápido.
Tal vez mañana debería comprar ropa de diario.
Por la mañana bastaría con ponerse el abrigo, pero caminar por ahí vestido así en este lugar sería extraño, así que sería mejor comprar algo adecuado. Luego buscaría un guía hasta la fortaleza del señor feudal. Cuando ya tenía delineado el plan, de la cama de al lado empezó a escucharse una respiración suave.
Todo el tiempo fingiendo incomodidad, pero para dormir sí que era rápido.
—De verdad que eres un caso.
Apenas había pasado un momento desde que apoyó la cabeza, y ya roncaba.
Era alguien muy precavido, no solía quedarse dormido tan fácil. Quizá era por el alcohol, quizá por la tensión de estar en un lugar desconocido. Mientras uno se rompía la cabeza pensando, el otro dormía como en su propia casa. Sa-yoon pensó que era graciosa la situación, subió la manta y soltó un largo suspiro.
—Duerme bien, duerme de verdad.
Al menos uno debía descansar, ¿No?
Tenía los ojos cansados, pero la mente demasiado despierta para dormir. Tal vez debía aprovechar la noche para organizar el plan. Pensó en lo que haría después de conseguir un guía, mientras recordaba la información reunida en la taberna por si entraba algún intruso o asesino al cuarto.
Traducido por: Valiz
◈❖◈
Si te gustó, Puedes apoyarnos aquí ~ [http://www.paypal.com/paypalme/MangoNovelas]
Tambien contamos con página de facebook ~ [https://www.facebook.com/MangoNovelas]
Tambien visítanos en TikTok ~ [https://www.tiktok.com/@mangonovelas]
Comentarios