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Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 167


Emilia tocó lentamente con los dedos sus pliegues abiertos.

—¡Ah!

Su cl–oris, con la sensibilidad aumentada, tembló incluso con el más leve roce. Presionó y estremeció la hinchada cúspide una y otra vez.

Mikhail sostuvo la silla con firmeza, así que, aunque su cuerpo se retorcía, esta no se movió.

—Sigue.

Susurró en su oído mientras lo lamía.

Cada vez que su voz baja se hundía en su oído, escalofríos recorrían su cuerpo, tensando su interior.

—Ah, uh, mm.

—El Duque Loren debió pensar que, incluso si no puedes abandonar a tu familia, cuando supieras este hecho, nunca le permitirías vivir.

Le parecía increíble estar haciendo algo así mientras escuchaba sobre sus padres.

Sin embargo, no podía detener el movimiento de sus dedos. Una contracción tensó su bajo vientre.

—Ah, mm. Ah, no más, ¡Uh!

—Es una historia larga. No escucharás el final si terminas tú sola.

—¡Ah! Uh, ¡mm!

Cada vez que la dejaba hacerlo sola, él colocaba su mano sobre la de ella y la movía con rapidez.

Sus dedos ayudaban a aumentar su excitación mientras deslizaban sobre su carne resbaladiza, bajando hasta el perineo antes de volver a subir al interior.

Él abrió sus pliegues con las manos y dijo:

—Insértalo tú misma y siéntelo.

—Ah, eso es, ah… Su Gracia. No puedo, ¡Ah!

Presionó los dedos de ella hacia abajo, y sus paredes palpitantes los envolvieron, estremeciéndose.

—Ah, ah, ¡uh!

—Más profundo, debes meterlo más profundo. Esto no es nada comparado con la punta de mi p-lla.

Las piernas abiertas de Emilia se cerraron involuntariamente cuando sus dedos se deslizaron más adentro.

Smack

Un dolor agudo atravesó sus muslos al instante, haciéndola abrir los ojos de golpe.

—Ábrelas. Se sentiría mejor meter mi p-lla cuando cierras las piernas, pero entonces no podría ver.

—Ah, basta, ah, esto no está bien…

—¿No tienes curiosidad? La verdadera historia empieza ahora. Debes escuchar por qué tu madre está entre la vida y la muerte.

Jadeó mientras obedecía, empujando repetidamente sus dedos profundamente.

—Ah, mm, ah…

Intentó alcanzar el punto que picaba en lo más profundo con sus dedos, pero estos se salían sin rascarlo correctamente.

Emilia estaba en agonía. Su cuerpo ardía con intensidad, pero no había resolución.

Todo su cuerpo se calentó de manera abrumadora. Se apretó alrededor de sus propios dedos, arañando hacia abajo como él lo había hecho, lo que hizo que sus caderas se sacudieran ligeramente.

—¡Ah!

—El Duque Loren lo pensó bien. Su esposa delicada y problemática… decidió que era mejor deshacerse de ella.

—Eso es… ah, no, es mentira, ¿Verdad?

Él se inclinó hacia abajo, con los ojos fijos en los dedos de ella entrando y saliendo entre sus piernas abiertas.

—¿Cómo crees que supe esto?

—Ah, uh, no… ¡No mires!

Mikhail sujetó sus piernas, abriéndolas aún más.

—¡Ahhh!

Ese movimiento hizo que su entrada se apretara alrededor de sus dedos. Luego, el clímax llegó.

Su centro tembloroso convulsionó, y sus caderas se levantaron bruscamente.

—¡Ah, ah! Basta, ¡Ahhh!

Incluso si quería sacar los dedos, no podía. Sus dedos de los pies se curvaron cuando un chorro repentino brotó.

Su cuerpo se retorció sin control bajo la fuerza del orgasmo. Emilia echó la cabeza hacia atrás, gritando de placer.

—¡Ahhhh! ¡Ahhhh!

Mientras la observaba alcanzar su pico, él presionó un beso en su muslo. El calor que volvía a subir hizo que ella empujara rápidamente su cabeza con nerviosismo.

—Deténgase… por favor…

Él sometió su resistencia con facilidad, inclinándose para susurrar.

—La Duquesa Loren me envió una carta. Me rogó que perdonara a su hija.

Cuando su aliento caliente tocó su carne sensible, Emilia volvió a echar la cabeza hacia atrás.

¿Perdonar…?

Jamás imaginó que su madre enviaría una carta rogando por ella. Más aún, ¿Cómo había logrado enviarla con tanta seguridad en la mansión?

Leyendo su confusión, Mikhail explicó con un tono afilado.

—¿Pensaste que en la familia Loren solo había leales a la realeza? Incluso alguien tan ingenua como tú debería entenderlo mejor.

Su lengua caliente presionó con firmeza su centro húmedo.

—¡Ahh, ah!

Su cabeza se echó aún más hacia atrás mientras se estremecía y alcanzaba otro clímax. Intentó apartar su cabeza, pero cuanto más resistía, más profundo él se hundía.

Los sonidos húmedos de saliva y su excitación llenaron la habitación sin parar. Emilia gimió, clavando las uñas en su espalda mientras luchaba.

—¿...quieres que te perdone?

Su voz baja la hizo jadear.

—…no. No lo espero.

—Por supuesto. Así eres tú.

Murmuró mientras empujaba su lengua dentro de su entrada. El músculo suave se deslizó hacia adentro, rozando sus paredes texturizadas, haciendo que su bajo vientre temblara sin control.

—¡Ahh, uh!

Había tantas cosas que Emilia quería preguntar… sobre su madre, sobre todo… pero su atención implacable dejaba su mente nublada e incapaz de enfocarse.

Mikhail no le dio ni un momento para pensar con claridad.

—Ah, ¡Ahh! Uh, ¡Ahh!

Alcanzó otro clímax mientras él movía la lengua con rapidez contra su cl–oris.

—¡Ah! ¡Ahhh! ¡Demasiado! ¡Mikhail…!

Al oír su nombre, él se detuvo abruptamente.

Traducido por: Valiz

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