Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 166
Y aun así, esta mujer no abandonaría a su familia, a pesar de todo. Ahora que la Duquesa Loren pendía entre la vida y la muerte, era su última oportunidad para dejar a su familia atrás.
—Al Duque Loren, tú también lo desprecias, ¿No? ¿Qué ha hecho él por ti bajo el disfraz de la paternidad?
—…mi padre…
No pudo terminar la frase. Mikhail susurró en su oído mientras lo lamía.
—La Duquesa cayó enferma de repente.
—¿...qué quieres decir? La salud de mi madre, ¡Ah!
Al mencionar a la Duquesa, sus ojos brillaron con intensidad. Mikhail afiló la lengua y lamió su lóbulo.
—Parece que el Duque ha estado intentando contactar a Adrian. Parece que la Duquesa se dio cuenta de esto.
—Uh.
Emilia echó la cabeza hacia atrás y gimió. Mikhail deslizó la mano dentro de su ropa delgada.
Sus p****s, redondos y llenos, se aplastaron suavemente bajo su agarre. Sus manos grandes no podían abarcar completamente su tamaño mientras los presionaba contra sus palmas. Lamió su cuello mientras sostenía con firmeza su p***o.
—¡Ah!
Emilia tembló y jadeó. Mikhail acarició rápidamente sus endurecidos pezones con los dedos y rió.
Aún aguzaba los oídos al mencionar a sus padres. Una expresión satisfecha cruzó su rostro al ver que una chispa regresaba a los ojos resignados de ella.
Mikhail agarró la silla en la que ella estaba sentada con una sola mano y la estabilizó.
—Parece que quieres escuchar más.
—Dígame qué pasó con mi madre.
—No pareces desesperada.
Sus ojos se enrojecieron, sus labios hinchados de tanto morderlos. Emilia tomó su ropa.
—¿Qué le pasó a mi madre? Por favor… es todo mi culpa. Haré lo que sea…
Mientras sollozaba, Mikhail se inclinó y exhaló un aliento pesado.
—Recuéstate bien en la silla.
Emilia obedeció, reclinándose hasta quedar casi recostada.
—Abre las piernas.
—…Su Gracia.
Vaciló. Mikhail ladeó la cabeza y dijo:
—¿No dijiste que harías lo que fuera? No pareces desesperada.
—Lo haré. Solo dígame.
Emilia abrió lentamente las piernas. La silueta de sus piernas separadas bajo el camisón llamó su atención.
—Más. Sujeta tus muslos y ábrelos.
Ella cerró los ojos con fuerza, tomó sus piernas con ambas manos y las abrió lentamente, exponiéndose más.
Mikhail sostuvo la silla y se inclinó hacia adelante, contemplando su forma expuesta. La vista de su ropa interior, más visible por la posición, sugería por qué había dudado en hacerlo.
—Mojarte incluso en esta situación.
—¿Es suficiente ahora?
Su voz temblaba al hablar. Mikhail rió en voz baja, girando la cabeza para respirar con calor contra su oído.
—Ah.
—Si tu mano se detiene, también lo hace mi historia.
Sus ojos rojos brillaron de nuevo con ferocidad depredadora.
Mikhail tomó una de las manos de Emilia y la colocó sobre su ropa interior húmeda.
—La historia empieza cuando tú lo hagas.
Su mano se estremeció con duda. Mikhail puso su mano encima de la de ella y presionó.
—Ya deberías recordarlo bien. Piensa.
Guiándola con suavidad, hizo que su mano empezara a moverse sola. Sus ojos estaban llenos de confusión, pero él decidió no hablar hasta que ella comenzara de verdad.
—Avísame cuando estés lista.
Retiró su mano y la observó desde arriba. La imagen de ella, con las piernas abiertas y la mano sobre su ropa interior, era provocadora.
Él había querido ver una expresión avergonzada y derrotada. Pero en ese momento, lo lamentó.
Emilia recordó lentamente los acontecimientos pasados.
La punta de sus dedos tocó la tela húmeda; a diferencia de las manos cálidas de Mikhail, las suyas estaban frías.
¿Qué debería hacer…?
Movió lentamente los dedos sobre la tela mojada, jugando con una pequeña perla con el dedo medio.
Recordando lo insistente que él había sido en un solo punto, su mano se movió allí de manera natural.
Parecía que ahí se sentía mejor.
Mientras Emilia acariciaba lentamente con el dedo, las sensaciones fueron despertando poco a poco.
—El Duque Loren intentó enviar una carta a Adrian hace unos días.
—Ah…
—Parece que intentaba revelar mi identidad.
¿Su padre?
Debió de pensar que alinearse con Adrian era necesario para sobrevivir.
La mano de Emilia se detuvo de golpe, y las palabras de él también.
A pesar del cosquilleo que subía desde su abdomen, tenía que seguir moviendo los dedos.
Un placer punzante se extendió por su cuerpo. La mano que manipulaba con el dedo medio empezó a temblar, acompañada por el índice.
—Ah, uh…
—La Duquesa se dio cuenta y quemó la carta.
Mikhail susurró en su oído, mordiéndolo suavemente.
Emilia tenía que moverse con diligencia para seguir escuchando su historia.
En ese momento, él apartó su ropa interior y sonrió.
—Hazlo bien.
Con la ropa interior movida a un lado, sus partes íntimas quedaron completamente expuestas ante sus ojos. Con las piernas bien abiertas, era imposible no verlo.
El interior de sus partes brillaba entre sus dedos, demasiado incluso para que su abundante vello p-bico lo ocultara. El calor subió a su rostro.
Traducido por: Valiz
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