Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 165
A pesar de los estrictos guardias, siempre había una pequeña abertura por donde uno podía ver a un sirviente o doncella. Pero, aparte de Dell, ninguno de los sirvientes era suyo; todos eran leales a Mikhail.
¿Cuál era la probabilidad de que alguno de ellos me entregara una carta?
Los pensamientos de Emilia estaban en caos, pero poco a poco comenzaron a calmarse.
Por otro lado, ¿Cuál era la probabilidad de que él quisiera que yo muriera?
Mikhail no quería que ella muriera. De eso estaba segura.
Cuando terminó de pensar, vio la mano de Dell, ahora peligrosamente cerca de los guantes.
—¡...no!
En pánico, Emilia extendió su mano libre, la que no estaba sostenida por Mikhail, y empujó a Dell lejos.
Dell cayó al piso con un ruido sordo, inclinando la cabeza mientras las lágrimas caían por su rostro.
—Ugh… ngh…
Dell apenas podía emitir sonido alguno, arrodillada y llorando sin control.
—Kartho.
Al llamado de Mikhail, Kartho, que estaba de pie junto a la puerta, sacó una cuchara de plata envuelta en un pañuelo.
Sin decir palabra, la colocó sobre los guantes de encaje dentro de la caja.
La parte de la cuchara que tocó los guantes comenzó a oscurecerse lentamente.
Emilia sintió que no podía respirar.
—Dicen que la Duquesa es Loren se debate entre la vida y la muerte.
Sus ojos desenfocados se dirigieron hacia él.
Según él, ese regalo no venía de su madre.
Había sabido desde el principio que los guantes estaban envenenados. Aun así, hizo que Dell los tocara.
Los dedos gruesos que habían estado entrelazados con los suyos se retiraron lentamente.
—¿Cuántas veces tendrás que vivir situaciones donde tu ingenuidad pone en peligro a quienes te rodean?
Emilia sintió que la fuerza abandonaba su cuerpo.
Su cuerpo, a punto de desplomarse, fue sostenido solo por el firme agarre alrededor de su cintura, impidiendo que cayera.
—Sigues siendo manipulada por tu familia.
Emilia, aún sostenida por él, cerró los ojos con fuerza.
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Apenas regresó, Mikhail verificó si Emilia había llegado a la mansión.
—La señora fue directo a su habitación en cuanto volvió con la señorita Boestin.
Él asintió y se dirigió al segundo piso. Por fin podría ver su rostro ahora que la verdad había salido a la luz.
Cuando Mikhail tomó el pasamanos y subió los escalones, la jefa de sirvientas, Ellyn, se apresuró hacia él y bajó la cabeza.
—Duque, parece que la señora recibió una carta hace unos días.
—¿Una carta?
Mikhail se volvió hacia Ellyn.
Ella le entregó la carta, sellada con el emblema de la familia Loren y pétalos de rosa.
Mikhail abrió la carta de inmediato y, en cuanto leyó su contenido, su rostro se torció de ira.
Mi querida hija Emilia, por favor mira esto.
Aquello no provenía de la Duquesa Loren. La apertura de la carta estaba escrita en un estilo propio de la familia real de Jalliar. Él había recibido cartas de ellos varias veces y lo reconoció de inmediato.
Es cosa de Lady Luther.
Mikhail comprendió rápidamente quién estaba detrás de ese engaño.
—Veamos hasta dónde puedo llegar. Una madre que desea proteger a su hijo puede ser bastante despiadada.
Considerando la naturaleza gentil de la Duquesa Loren, ella nunca habría insistido en enviar a su hija a un lugar tan peligroso. Tampoco habría usado un matrimonio forzado como excusa para mandar un regalo.
La voz irritada de Lady Luther resonó en su mente.
Más temprano ese día, cuando estaba por salir de la sala del consejo, Lady Luther había solicitado una reunión.
Mikhail miró a Kartho con incredulidad.
—¿Ella no ha enviado ningún regalo, verdad?
—…Su Gracia, alguien vio a un sirviente subir una caja de regalo hace unos minutos.
—¿Una caja de regalo?
Al oír eso, Mikhail subió las escaleras apresuradamente.
Llegó a la habitación de Emilia en un instante y, sin tocar, abrió la puerta de golpe. La encontró, sin darse cuenta de nada, abriendo la caja para revisar su contenido.
Al ver aquello, sus ojos se enrojecieron de furia.
La apartó de la caja y, tras ver los delicados guantes de encaje, rechinó los dientes con frustración.
Parecía que la vieja zorra se había vuelto tan desesperada que estaba dispuesta a morir.
≫ ────•◦ ✦ ◦•──── ≪
Mikhail miró a Emilia, sentada allí con una expresión aturdida.
Verla silenciosa e inmóvil solo alimentó más su ira.
—¿Actuarás con descaro o te arrastrarás para pedir perdón?
Ella giró la cabeza ante sus palabras. Había estado mirando al vacío, pero ahora sus ojos se encontraron con los de él.
Sus antes vibrantes ojos verdes estaban ahora opacos, su rostro resignado mientras lo observaba en silencio.
—¿Por qué…?
Mikhail murmuró con irritación, levantándose de su asiento. Tomó el mentón de Emilia y se inclinó para besarla.
Emilia aceptó el beso sin siquiera cerrar los ojos. No resistió ni respondió de ninguna manera.
Él hundió su lengua profundamente en su boca, recorriéndola por dentro y atrayéndola con fuerza, pero ella solo parpadeó lentamente.
—Hah.
Eso no era lo que él tenía en mente cuando la había enviado a la mansión Loren.
—¿De pronto te sientes culpable? ¿Es por eso que vas a obedecerme ahora?
—…entonces, ¿Me perdonará?
Finalmente, sus labios se abrieron. Mikhail le mordió la oreja y habló.
—Abandona a tu familia.
Si ella renunciaba al nombre de la familia Loren y le suplicaba, alegando que no tenía nada que ver con ellos, él podría considerarlo.
Traducido por: Valiz
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