Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 163
El Conde había sido puesto en el cargo de jefe del consejo simplemente porque era un partidario del Rey. Como tal, no tenía otra opción más que seguir las palabras de Adrian y Lady Luther.
Sin embargo, temía mucho más la presencia del Duque Heinrich que a ellos.
—Y-yo lo explicaré con ellos. Pero por favor prométame una cosa
—¿Prometer?
Mikhail soltó una risita. El hombre carecía del valor para soportar las consecuencias de seguir sus órdenes, y tampoco tenía el valor de negarse y arriesgarse a caer de su favor.
Qué hombre tan cobarde e insignificante era.
—Por favor asegúrese de enviar primero una carta a Lady Luther y fijar la cita
Aunque la insistencia del hombre lo irritaba, Mikhail sabía que tenía que ir de inmediato a la propiedad del Duque.
—Enviaré la carta mañana
—¡Gracias!
El Conde Hauffen se inclinó, aliviado. Mikhail miró la parte posterior de su cabeza inclinada antes de darse la vuelta y abandonar el castillo.
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Emilia llegó a la propiedad y observó sus alrededores.
Gracias a Dios. Parece que aún no ha regresado.
Kartho salió rápidamente a recibirla. Su atención pareció centrarse en su expresión, como si supiera la verdad.
Emilia forzó una sonrisa.
—El Duque aún no ha regresado
—Gracias a Dios. He estado fuera un rato, así que estoy bastante cansada. Creo que iré a mi habitación a descansar
—¿Pero no es esa una rosa de la propiedad de los Loren?
La mirada de Kartho se posó en la rosa en la mano de Boestin.
—Sí, se la di a la señorita Boestin como regalo
—Mm, es hermosa, ¿Verdad? Parece que quiere una, así que le daré una flor
Boestin arrancó una sola rosa y la colocó detrás de la oreja de Kartho.
—¡Le queda perfecta! Debe ser porque es una rosa de los Loren, le da una apariencia tan llena de vida
Con la rosa en su largo cabello castaño, Kartho se veía aún más encantador. La flor se sostenía firmemente gracias a sus gafas.
—Ahora parece un distinguido hombre de mediana edad. Como es mi regalo, adelante y pongala en un florero
—Estoy bien, de verdad.
—¿Está rechazando mi regalo? ¡Rápido, pongala en el florero, o la preciosa rosa se marchitará!
Boestin empujó suavemente la espalda de Kartho, y él no tuvo más opción que salir del vestíbulo.
—Vaya a descansar a su habitación. Puede que él llegue pronto
—…gracias
Boestin sonrió con brillo antes de dirigirse al tercer piso. Emilia también se movió hacia el segundo piso.
Necesitaba tiempo para ordenar sus pensamientos antes de que él llegara.
—Dell, necesito un tiempo a solas para pensar. ¿Podrías darme un poco de espacio? Si necesito algo, te llamaré
Del preparó su camisón y bata, luego salió.
Emilia se lavó y se cambió. Algunas de las rosas que Boestin había dado a Dell flotaban en la bañera, pétalos deslizándose por el agua.
El aroma familiar relajó su cuerpo rígido, como si liberara la tensión que había estado conteniendo.
¿Qué debería hacer ahora?
Emilia todavía no podía decidir qué tipo de rostro mostrarle.
Las palabras que él le había dicho regresaban una y otra vez, atormentándola.
Él debía haberse acercado a ella sabiendo todo desde el principio. ¿Estaba feliz entonces?
Emilia siempre había creído que sus creencias eran correctas a lo largo de su vida.
Pero ahora, con todo derrumbándose, sentía como si incluso su propia existencia estuviera siendo negada.
Hubiera sido mejor morir a sus manos aquella vez.
Debió haber muerto a sus manos, sin importar qué. Si lo hubiera hecho, no estaría sufriendo tanto.
Emilia finalmente se quebró y dejó caer las lágrimas que había estado conteniendo.
Sus padres habían infligido una herida imborrable en él. Ahora entendía plenamente por qué Dahlia había intentado matarla y había mostrado una intención tan asesina.
Si ella hubiera estado en su lugar, comprendió, no habría actuado de manera diferente.
El valor para enfrentarlo, la ira que había usado como base para seguir viviendo… todo desapareció en un instante.
Como arena arrastrada por una sola ola, el odio que había sentido hacia él se desvaneció, como si nunca hubiera existido.
Todo lo que quedaba era nada más que culpa.
La insistencia de su padre en que ella tuviera un hijo suyo probablemente era para asegurarse de que él no pudiera abandonarla.
Él jamás consideró que esta elección se convertiría en un infierno para ella.
Si Emilia llegaba a tener un hijo, sobreviviría, tal como su padre había dicho.
Pero tendría que quedarse a su lado, viviendo con culpa el resto de su vida.
Tendría que soportar la mirada fría y la furia dirigida hacia ella, y quizá pasaría su vida de esa manera.
¿Pero haría eso que su odio desapareciera? ¿Haría que todo lo que pasó se desvaneciera?
No, no lo haría. Cada vez que él la mirara, recordaría ese día.
Así como Emilia recordaría el día de la traición cada vez que lo mirara a él.
Tener un hijo no haría desaparecer el odio. En cambio, ese odio y esa ira se pudrirían y lo destruirían, ya que nunca serían expresados.
Tendría que vivir sin poder matarla aunque ella estuviera justo allí.
Quizá quería que ella viviera así, con dolor.
Por eso no dudaría en hacer que ella tuviera un hijo.
Habría pensado que tener un hijo era la única forma de evitar que ella escapara.
Afortunadamente, ella había estado tomando pastillas anticonceptivas. Esta terrible conexión entre él y ella debía terminar con su generación.
Eso era lo correcto.
Emilia secó sus lágrimas.
Llorar no cambiaría nada. En lugar de perder el tiempo así, tenía que pensar en qué hacer a continuación.
Ahora que sabía todo, ¿Debería pedir su perdón?
Por supuesto, hacerlo no traerá de vuelta a sus padres o seres queridos fallecidos.
Traducido por: Valiz
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