Incluso el Villano Tiene Una Historia - Novela Cap. 84
Capítulo 84
La línea entre el fruto prohibido y la salvación (2)
(N/T: A partir de este cap corregiré unas cositas que no estaba haciendo bien, por si notan una diferencia)
Entraron a una taberna que habían visto sin pensarlo mucho, y a pesar de ser de día, el lugar estaba tan ruidoso como la plaza, o quizá más.
Sentado en un rincón de la taberna abarrotada —parecía bastante popular— Sa-yoon hurgó en sus bolsillos. Geon-joo le jaló discretamente de la manga.
—¿Está loco? No tenemos dinero, ¿Cómo se le ocurre entrar así?
En su susurro se notaba la inquietud. A simple vista quedaba claro que era otro mundo y otra época. No había manera de que el dinero que usaban en su época funcionara ahí, así que Geon-joo se sobresaltó, pero Sa-yoon sonrió como diciendo que no se preocupara y siguió revisando sus bolsillos.
El sistema no podía haberlos dejado caer ahí con las manos vacías.
Así como les asignó el rol de mercenarios, Sa-yoon pensó que al menos les habría dado algo de capital para poder completar una misión. Con esa confianza, sonrió… y menos de un minuto después de sentarse se levantó de golpe.
No había.
O sea, dinero.
Parecía imposible, pero revisó bolsillos, inventario, incluso se quitó el zapato para ver la suela. No había dinero. No tenían ni un centavo.
Un mendigo, vaya.
Y él, justamente él, no solo mendigo sino extremadamente pobre, ni una moneda.
Desde que el gremio Night Rats se estableció, Sa-yoon no había tenido un solo día de pobreza. Abrió la boca. Geon-joo, rápido para captar señales, leyó la expresión un poco rígida de Sa-yoon y entendió la situación.
—Se lo dije.
Chasqueó la lengua y añadió un suspiro. Con un tono que dejaba claro que ya lo esperaba, le dijo que se fueran. Pero Sa-yoon se plantó en el sitio. Sus ojos recorrieron con rapidez a la gente del lugar.
—¿Jefe de gremio?
Geon-joo sostuvo el brazo de Sa-yoon, que no se movía. En ese instante Sa-yoon vio el objetivo perfecto en una mesa en la esquina y, en vez de dejarse detener, sujetó la muñeca de Geon-joo y lo miró de reojo.
—¿Quién dijo que no tenemos dinero?
—¿No era que no teníamos?
No tenían.
Pero si no hay dinero, se puede hacer.
Con una sonrisa que ocultaba sus verdaderas intenciones, Sa-yoon llevó al perplejo Geon-joo hasta la mesa que había visto. Era un grupo de tres hombres que bebían y charlaban entre ellos. Al acercarse más a ellos, Geon-joo miró a Sa-yoon con ojos llenos de presagio oscuro.
—…solo para estar seguro, ¿No los va a matar, verdad?
—¿Qué?
—A esos. No los va a matar para quitarles el dinero, ¿O sí?
Aunque solo llevaba poco tiempo con él, desde que conoció a Sa-yoon había pasado la mayor parte del tiempo a su lado, así que Geon-joo tenía cierta confianza en su propia lectura. Pero aun preguntando, su cara dejaba claro que creía que Sa-yoon podría matar a esos hombres sin dudar. Sa-yoon soltó un suspiro incrédulo.
¿De verdad pensaba que era un salvaje?
Sa-yoon era alguien que podía vivir sin leyes.
De hecho, ya quebrantaba las leyes existentes, así que sin leyes viviría mejor.
Mientras pensaba cosas que a Jong-sik lo habrían hecho desmayarse, frunció el ceño.
—¿Qué concepto tienes de mí?
—Creo que usted lo sabe mejor.
La respuesta tranquila hizo que Sa-yoon levantara un poco la ceja. Geon-joo, que se había vuelto muy hábil para soltar puyas y escapar, recibió la mirada de Sa-yoon y volvió a comportarse como si nunca hubiera dicho nada.
—No los voy a matar, así que solo sígueme.
Con voz baja, Sa-yoon se acercó a la mesa de los tres hombres. Al arrastrar una silla para sentarse, el sonido hizo que el grupo dejara de hablar y lo mirara.
—Parece que estaban contando algo interesante. ¿Les molesta si escucho?
Con una sonrisa amigable, lanzó la frase. Geon-joo, detrás de él, se tensó otra vez. Sa-yoon, con una señal de ojos, le dijo que no hiciera nada extraño y esperó la respuesta. Tras mirarlos de arriba abajo a él y a Geon-joo, los hombres asentaron.
—Gracias.
Mientras se sentaba, Sa-yoon deslizó la mano y tomó una bolsita de tela del cinturón del hombre a su lado. El movimiento fue tan natural y fluido que solo Geon-joo lo notó.
—¿Qué…?
Sa-yoon le metió un codazo antes de que hablara. Geon-joo, interrumpido, tragó su queja y miró a Sa-yoon entornando los ojos.
—¿No que no los iba a matar?
—Nunca dije que no iba a robar.
Susurró lo bastante bajo para que los hombres normales no lo oyeran, pero audible para un Despertado como Geon-joo. Luego se encogió de hombros.
Era una señal de que él nunca rompía lo que prometía en voz alta.
Geon-joo, que había visto claramente la mano ladrona robando la bolsa, lo observó unos segundos, tragó su indignación y suspiró.
—Solo esta vez.
—¿Y qué? Son personajes ficticios.
Si quisiera, podía matar a todos en la taberna y llevarse su dinero. Así que su dinero era suyo… y el suyo también era suyo.
Con esa lógica descarada, Geon-joo negó con la cabeza y suspiró profundamente. Sa-yoon reconoció ese suspiro: era la forma de Geon-joo de rendirse.
Con una sonrisa, Sa-yoon observó a los hombres.
Parecían de treinta y tantos si uno se fijaba bien. Lo miraban con cierta sospecha, pero también curiosidad por su llegada repentina. Sa-yoon habló.
—Hace rato que hablan de monstruos. ¿Podrían contarlo con más detalle?
Para ganar su confianza, habló con un tono amable. Otra vez, Geon-joo se estremeció detrás de él. No entendía qué estaba haciendo Sa-yoon. Estaba a punto de decirle que dejara de actuar raro cuando un golpe seco de un vaso contra la mesa llamó su atención. Uno de los tres retomó la historia que ya contaba cuando Sa-yoon entró.
El hombre barbudo comenzó a hablar de los daños que habían sufrido por los monstruos. Los otros dos lo siguieron con sus propias historias. El daño individual se convirtió en daño familiar, luego en daño colectivo, luego en daño a toda una aldea.
Si los dejaba, no terminarían nunca. Sa-yoon escuchó en silencio hasta que llenó su vaso.
—¿Qué es exactamente esa cosa que llaman monstruo?
El hombre de la plaza hacía lo mismo, y estos también: hablar y hablar de monstruos sin decir qué eran. Esperó a ver si lo mencionaban, pero no parecía llegar ese momento, así que preguntó. Los tres, cortando su queja a medias, se giraron hacia él.
—¿No sabe qué son los monstruos?
—Ah, venimos de un lugar algo apartado. Solo escuchamos rumores vagamente, no lo sabemos con precisión.
—¿De dónde vienen que no conocen ni a los monstruos? El rumor debió llegar incluso a la capital.
Ante la pregunta repentina, Sayoon abrió la boca un momento. De pronto, las palabras que el hombre de antes murmuró al marcharse le rozaron el oído.
—Venimos de un pequeño pueblo un poco hacia el interior, más allá de Belfia.
—¿Más hacia el interior que Belfia?
—Si es por esa zona, es normal que no lo sepan.
—Belfia ya es bastante remota. Si están todavía más adentro, la información debe llegarles oscura.
Sayoon solo aprovechó lo que había escuchado al vuelo, pero los tres hombres empezaron a hablar entre ellos y terminaron asumiendo por su cuenta incluso las circunstancias de Sayoon y Geon-joo. Que si su territorio era pobre, que si debieron venir porque no tenían qué comer, que si realmente eran mercenarios que habían llegado tras escuchar rumores. Como ellos mismos se inventaban la historia, Sayoon solo asintió sin más y volvió al asunto principal.
—Entonces, ¿Qué es exactamente ese monstruo?
Hablaban tanto que, si uno se descuidaba, la conversación se desviaba por completo. Al recordarles el tema, al fin los hombres soltaron información sobre los monstruos.
Desde hacía unos meses aparecían criaturas de una en una o de dos en dos. Se parecían a animales, pero tenían un tamaño mayor que un oso y eran completamente negras, así que la gente las llamaba monstruos. Sayoon pudo intuir de inmediato qué eran.
Monstruos.
Al escuchar que últimamente el número aumentaba tanto que era un dolor de cabeza, parecía claro que se avecinaba el inicio de una oleada de monstruos.
Al final, la hipótesis inicial de Sayoon debía ser correcta.
Este lugar era la época previa a la destrucción del territorio por una oleada de monstruos.
Es decir, el punto exacto donde la destrucción comenzaba.
—Dicen que el señor del territorio está reclutando mercenarios para eliminarlos, pero su número no disminuye. Hace poco también la casa de Valla fue atacada y quedó destruida.
—No solo la de Valla. Todas las tiendas cercanas también fueron arrasadas.
—Maldita sea. ¿No podrían simplemente aumentar el número de caballeros? Juntar mercenarios no será una gran fuerza militar.
—Hablas de cosas peligrosas. Si nos acusan de traición por decir eso, estamos acabados.
Los hombres charlatanes retomaron la conversación sin contar con Sayoon, pero como al menos estaban ofreciendo información, él no intervino.
En resumen, había señales de una oleada y el señor del territorio estaba reuniendo mercenarios para la limpieza. Por cómo mencionaban la traición, parecía que el emperador actual no tenía intención ni recursos para enviar tropas a exterminar monstruos.
Sayoon se bebió el alcohol de su copa mientras escuchaba a los hombres. Tras un buen rato de historias inútiles —incluyendo que el caballo del vecino kickeó a alguien de una patada—, los hombres, ya ebrios y rojos, dirigieron su atención a Sayoon y Geon-joo.
—Entonces, ¿Ustedes dos vinieron desde Belfia para unirse a esta operación de limpieza?
—Sí, así es.
Ya habían sacado suficiente información de ellos. Sayoon pensó que era momento de levantarse y respondió con ligereza. Uno de los hombres ladeó la cabeza y miró a Sayoon y Geon-joo alternativamente.
—Para venir de Belfia, se ven bastante bien vestidos.
—Eso digo yo. ¿No es Belfia un territorio pobre?
—Como seguro no tienen dinero, ¡nosotros les pagamos la bebida! Ustedes solo disfruten.
Con risas de borrachos, los hombres hablaron, y Sayoon solo sonrió un poco. Ni ganas tenía de responder.
Era momento de levantarse.
Quedarse más tiempo sería perderlo, y justo cuando iba a llamar a Geon-joo, sintió algo desagradable.
Giró la cabeza y vio al hombre que le había dado la bolsa de monedas mirándolo de arriba abajo con expresión incómoda.
—Desde que los vi, pensé que para ser mercenarios… no, para ser hombres, tienen rasgos bastante finos.
—…
Ante las palabras lanzadas de golpe, Geon-joo alzó la cabeza y los ojos de Sayoon se afinaron. No sonaba a un comentario inocente. La mirada del hombre era demasiado inquietante.
A primera vista podía parecer que dudaba de si eran mercenarios, pero su forma de mirar y el tono dejaban claro que no era eso.
Era algo más turbio y descarado. Al captar esa intención, Sayoon dejó escapar una risa seca.
En un grupo de cinco personas siempre hay por lo menos un imbécil, y parecía que este era el suyo.
Mientras Geon-joo miraba entre Sayoon y el hombre, tratando de decidir qué hacer, Sayoon tocó la pierna del hombre con la punta del pie y se bebió el resto de su copa.
El gran vaso, medio lleno, desapareció de un trago. Secándose la comisura de los labios, Sayoon lo miró y habló con voz suave.
—En nuestro territorio también había unos cuantos que decían cosas así.
—¿…?
—¿Sabes qué les pasó?
El hombre negó con una expresión incómoda ante el cambio repentino al tuteo. Sayoon esbozó una leve risa, inclinó ligeramente la cabeza y se acercó. Luego le susurró algo al oído. El hombre, que había abierto los ojos de par en par al sentir la cercanía, se quedó pálido al instante.
—Consideremos que tú invitas.
Dejando al hombre blanco como la cera, Sayoon sonrió tranquilamente y se levantó. Recogió al desconcertado Geon-joo, que trataba de entender aquella reacción, y salieron del local. Ya afuera, Geon-joo miró hacia la taberna.
—¿Qué demonios les dijo para dejarlo así?
—¿Quieres saberlo?
—Sí.
—Hmm.
No era algo bonito de escuchar. Sayoon atrapó la bolsa de monedas que giraba en su dedo, pensó un segundo y le dio a Geon-joo la versión más suavizada posible. Aun así, el rostro de Geon-joo se puso lívido. Se quedó quieto un instante, y luego, imaginándose algo, se tapó la boca como si fuera a vomitar.
Geon-joo dejó escapar un par de sonidos ahogados y Sayoon lo miró con lástima.
Siempre había tenido el estómago débil.
—¿De verdad dijo eso?
—¿Qué?
—Lo que acaba de contarme.
—¿Por qué? ¿También quieres saberlo todo?
Escucharlo no le haría ningún bien. Sayoon sonrió, y al oír su voz apenas un tono más baja de lo normal, Geon-joo negó con la cabeza.
—…no. Ya no me interesa.
—Buena decisión. A veces es mejor no saber.
Sayoon soltó una breve risa, le revolvió el cabello como si acariciara un gato dócil y siguió caminando. Tal vez sería buena idea pedirle a Jongsik que mantuviera a los chicos callados cuando regresaran.
Sería un problema si el bonito llegaba a enterarse de lo que había dicho y salía corriendo del susto.
Traducido por: Valiz
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