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Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 153


En el momento en que Lady Luther recibió la carta, se llevó la mano al pecho. Su oscuro cabello cayó en cascada mientras inclinaba la cabeza, dando una impresión extraña.

Los que la observaban contuvieron la respiración, cuidando de no llamar la atención.

—¡Ah! ¡El Duque Heinrich!

No se trataba de tomarlo de la mano. Si no podía ganárselo para su causa, sería mejor que él no existiera en absoluto. Su constante interferencia había cruzado una línea y se volvía intolerable. Los ojos violetas de Lady Luther brillaron con peligro.

—L-Lady Luther.

La Marquesa Kerren la llamó con cautela.

—No se enoje tanto. Gracias al Duque, al menos las exigencias irracionales del Reino de Eponsen fueron bloqueadas.

—¡Eso no es lo importante! ¡Lo importante es que el Duque lo bloqueó! ¿Lo preguntas porque no lo sabes?

Debió haber sido su hijo quien manejara esto. Si la más mínima parte de esta información se filtraba, solo fortalecería las voces que apoyaban al Duque. Ya muchos nobles temían más al Duque Heinrich que a Adrian.

Aquel día, cuando arrancó al hombre que estaba sentado en el trono e instaló a Adrian en su lugar, sus ojos rojos como la sangre destellaron, obligando a todos a arrodillarse ante él. Desde ese día, Lady Luther había pensado que debía ser eliminado.

Pero cuando finalmente tomó la decisión, ya era prácticamente imposible. El Duque Heinrich había acumulado demasiado poder, y los que apoyaban a Adrian eran demasiado débiles en su lealtad para arriesgarlo todo por él.

El Duque había descubierto demasiadas debilidades. Al final, la influencia de Adrian inevitablemente disminuiría.

—Tendré que encontrar la forma.

—Aun así, hay mucho rumor sobre el escándalo del Duque. Después de todo, el adulterio se castiga severamente en este reino.

—Pero no hay pruebas. Si el Duque no confiesa, no podemos responsabilizarlo por el crimen.

El ceño de Lady Luther se contrajo. Lo que más le preocupaba era que, si presionaba demasiado el asunto, el Duque no se quedaría de brazos cruzados. Además, si se presentaban cargos de adulterio, Adrian no podría evitar la controversia. El número de mujeres que habían entrado en su dormitorio era demasiado grande para contarlas. Pese a haber sido dolorosamente colocado en el trono, Adrian parecía haberse desviado aún más del camino después de eso.

Aunque Johannes no estaba a su nivel, su propio hijo también era lo bastante inteligente. Era perfectamente capaz de gobernar el reino. Ella estaba segura de ello.

—Mi juicio no puede haber estado equivocado.

Lady Luther se recompuso y luego miró a la Condesa Abelio.

—¿Está todo preparado?

—Sí. Todo está listo como lo pidió.

—Bien. Veremos cuánto tiempo puede el Duque mantener esa actitud altiva.

—¿Y qué hay de la asamblea?

El presidente de la asamblea preguntó con cautela. Ella alzó la cabeza y, apartando un mechón de cabello suelto, esbozó una ligera sonrisa.

—¿No vio la nota?

La expresión en su rostro dejaba claro que pensaba que él debería haberlo entendido solo. El presidente negó rápidamente con la cabeza.

—Me encargaré y me aseguraré de que todo transcurra sin problemas.

—Le explicaré claramente las cosas a Adrian y me aseguraré de que no haya disturbios.

—Entendido.

Ella tenía una idea general del ambiente actual en la alta sociedad. Un escándalo que involucrara a una debutante que ni siquiera había tenido su fiesta de presentación sería un golpe enorme para el Duque.

—Una vez que termine la asamblea, planeo organizar el baile de presentación de Leah.

—Aprecio su consideración, pero debo rechazarla.

—Conde, me gustaría saber por qué rechaza mi buena voluntad.

Lady Luther no podía entender por qué su hermano reaccionaba de esa forma. Ahora que lo pensaba, había estado inusualmente callado durante toda la conversación.

—Conde Chevron, ¿Tiene algo que decirme?

—Solo quiero asegurarme de que el baile de presentación de mi hija no sea demasiado extravagante. Ya está atrayendo la atención en la alta sociedad. Cuanto más discreta sea, menos sospechas habrá.

—¿Eso es todo?

—Sí, ¿Qué otra razón podría tener? Si la familia real prospera, la familia Chevron también prosperará.

El Conde Chevron escogió sus palabras con cuidado, pues tenía un motivo para su prudencia.

Esa mañana, había recibido una carta del Duque Heinrich.

Aunque fuera por el bien de la familia real, y aunque prometiera recompensas tangibles, ¿Qué sentido tenía sacrificar el honor de la familia Chevron y pisotear la pureza de su hija por algo así?

Al menos, así lo sentía él.

Enviar a su hija con el Duque Heinrich como su amante sería el fin de la familia Chevron.

Por muy grave que se hubiera vuelto el escándalo, ¿Qué familia aceptaría una propuesta así, sabiendo que no obtendría nada a cambio?

Por el bien de la familia Chevron, el honor de Leah debía ser protegido.

Su hermana podía pensar distinto, pero él era alguien capaz de ver el panorama completo.

—Conde Chevron, estamos en el mismo barco. Todos aquí lo estamos. No lo olvide. Y lo más importante, somos familia.

Él sonrió, respondiendo con calidez a la suave voz de su hermana.

—Por supuesto, somos familia.

Si eran familia, debían protegerse y apreciarse mutuamente. Así que estaba seguro de que su hermana comprendería su decisión.

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Un silencio incómodo se prolongó. Emilia dejó su taza de té sobre la mesa mientras observaba la lluvia caer afuera.

Las personas en el café ahora los miraban abiertamente.

—¿No es suficiente con esto?

—No es suficiente.

—Todos aquí parecen morirse por hablar de nosotros.

Traducido por: Valiz

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