Incluso el Villano Tiene Una Historia - Novela Cap. 82
La ciudad de los enanos (5)
Ya era un tema que Geon-joo había sacado una vez, y una pregunta que Sa-yoon ya había respondido antes. Él lo observó con atención cuando él retomó la conversación que había quedado inconclusa en la fiesta de bienvenida.
El movimiento de sus pestañas, el leve temblor en sus pupilas, la tensión de los músculos faciales, el ritmo con que se movía su nuez, los gestos de sus manos… analizando cada detalle capaz de reflejar la mente humana, Sa-yoon llegó a una conclusión: esta vez, algo era distinto.
No era como antes.
Ni su actitud, ni el ambiente entre ellos, ni siquiera la mirada en sus ojos.
Ya no fingía amabilidad con ese tono suave y estudiado que antes usaba para ocultar sus verdaderas intenciones. Si algo seguía igual, era que aún no entendía cuál era el propósito de su pregunta; todo lo demás había cambiado.
Su voz tranquila lo mostraba, y también su mirada serena. No sonreía ni fruncía el ceño. Tenía un rostro casi inexpresivo, y eso hacía aún más difícil descifrar sus emociones. Viéndolo así, Sa-yoon dejó escapar un suspiro.
Pensó si, dado que su actitud había cambiado, su respuesta también debía hacerlo.
¿Qué había respondido aquel día?
Recordó que lo había esquivado diciendo que solo lo había llevado para criarlo. Había insistido hasta el final con la mentira del “reclutamiento de talentos”. La memoria de aquello lo llevó a mirar sus ojos oscuros, que ahora contenían un solo tono profundo de azul negruzco.
Su mente trabajaba rápido. Calculaba si debía revelar un poco más o volver a mentir, evaluando lo que sabía de Geon-joo y cómo se había comportado durante el tiempo que llevaban juntos. En busca de ayuda, Sa-yoon abrió su ventana de misiones.
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Misión: Segundo paso hacia la activación
Mantén una relación cercana con el portador del rasgo.
Advertencia: Mantén la relación hasta que el portador alcance rango S. Si la relación se deteriora, la activación podría verse afectada.
Recompensa: ?
En caso de fallo: Imposible activar El Resistente.
Relación actual: ?
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—¿…?
¿Un signo de interrogación?
Sa-yoon frunció el ceño al ver el resultado inesperado. Jamás había aparecido un signo de interrogación. Que el sistema no pudiera determinar nada significaba que ni siquiera él sabía lo que Geon-joo sentía. En otras palabras, aquel hombre que aparentaba calma debía estar pensando en muchas cosas por dentro.
Tan complicado… endiabladamente complicado.
Sabiendo que su respuesta podría decidir algo importante, Sa-yoon invocó su propia ventana de estado.
El esistente (Inactivo)
Y debajo:
El verdadero mal de la humanidad.
Miró ambas frases alternadamente y respiró hondo.
¿Podía decirlo?
A fin de cuentas, apenas conocía a Geon-joo desde hacía un mes. Era poco tiempo, pero por lo que había visto de él, quizá no todo… aunque al menos una parte de la verdad podría revelársela.
Él tenía su propio sentido de justicia.
Y alguien que busca lo correcto no anda divulgando secretos ajenos.
Si digo aunque sea un poco, podré ganarme su plena confianza.
Cuando estaba a punto de decidirlo, un malestar le revolvió el estómago. Sintió como si algo parecido a una serpiente se agitara dentro de él. Con un gesto incómodo, se cubrió la boca con la mano y frunció el ceño. De pronto, un recuerdo que había forzado en el olvido cruzó su mente.
—……
El leve murmullo que había escapado de sus labios se detuvo, y el silencio regresó. La mirada de Sa-yoon se ensombreció.
No. No debía hacerlo.
La idea que hace un instante se inclinaba hacia lo positivo cambió bruscamente hacia el no.
No podía decirlo.
Ya sabía lo que era fracasar una vez.
A menos que fuera alguien como Jong-sik o Kyung-jin, que habían estado a su lado por mucho tiempo, no podía confiar plenamente ni creer del todo.
Sus dedos, que antes estaban relajados, se apretaron con fuerza. Las uñas se hundieron en la piel mientras miraba a Geon-joo. Su mirada oscura era firme, pero aun así, no podía confiar por completo en él.
Así como él debía ganarse su confianza, Geon-joo también tenía que entregarle la suya, pero él no le había dado nada.
Estuvo a punto de soltar una risa amarga, pero apretó los labios para contenerla y reguló la respiración alterada que aquel recuerdo le había provocado.
No quería volver a ser traicionado.
No quería matarlos a todos con mis propias manos.
Porque no deseaba repetir lo que pasó aquella vez, cuando aniquilé con mis manos a todos los que estaban a mi lado, Sa-yoon respiró hondo, relajó los músculos y suavizó el gesto tenso de su boca. La comisura de sus labios se alzó sin dificultad. Recuperando su sonrisa usualmente pícara, soltó una leve risa y dio unas palmadas en el hombro de Geon-joo.
—¿Por qué te pones tan serio otra vez? ¿No era un tema ya cerrado?
—Porque terminó de forma ambigua.
Su tono seco, junto con esa mirada fija, parecía decirle que no esquivara la respuesta. Sa-yoon ignoró la incomodidad y se encogió de hombros.
—No me parece que haya quedado tan ambiguo. Además, criar a una persona siempre requiere tiempo y dinero. Y a mi parecer, tú vales la inversión.
—¿Y en qué te basas para decir eso?
—Ya te dije que tengo buen ojo para las personas. Confío en mi instinto.
Sí. No era en Geon-joo en quien confiaba, sino en su propio instinto.
Sus propias palabras le sirvieron como un consuelo inesperado. Aplacando la inquietud que lo había invadido, Sa-yoon lo instó a continuar con la búsqueda del siguiente calabozo. Le dio unos golpecitos en el hombro para animarlo, pero Geon-joo permaneció inmóvil, como si sus pies estuvieran anclados al suelo. Sa-yoon volvió a mirarlo.
—¿Y ahora qué pasa?
—¿De verdad me necesitas?
—Claro que sí.
—¿Por qué?
—Porque nunca sobran los talentos.
No era una mentira completa. Si se analizaba bien, había un setenta por ciento de falsedad mezclado con algo de verdad. Ante su respuesta desenfadada, Geon-joo frunció el ceño. Al observar ese gesto, Sa-yoon recordó las palabras que él le había dicho el día de la fiesta de bienvenida.
—¿De verdad eso es todo?
—¿Qué más podría haber? Me aburres, bonito. Si quieres revivir conversaciones pasadas, hazlo solo.
No podía permitirse mostrarle ninguna grieta. No podía darle tiempo para pensar de más. Así que imitó su expresión, fingiendo fastidio, y agitó la mano con desgano.
Actuó como si la charla repetida le resultara molesta, y el rostro de Geon-joo se relajó lentamente. Volvió a su habitual expresión neutra, y un leve suspiro escapó de sus labios. Para Sa-yoon, ese sonido no parecía resignación ni rendición, sino una especie de determinación silenciosa.
—Si no vas a hablar, da igual.
—Ya te dije todo.
—Seguro.
El chasquido de su lengua acompañó una sonrisa breve. Sa-yoon movió apenas los ojos, intentando descifrar qué lo había hecho sonreír o qué estaba pensando, pero Geon-joo, igual que él antes, no le dejó espacio para leerlo.
Luego se dio la vuelta, se arregló el cabello despeinado por el viento y alisó su ropa. Fue él quien, esta vez, instó a Sa-yoon a dirigirse al siguiente calabozo.
Algo no encajaba del todo.
Para haber terminado una conversación, el ambiente no era ni claro ni limpio; había un dejo de incomodidad, un malestar persistente.
Geon-joo parecía consciente de ello, y Sa-yoon también lo notó.
Aun así, ninguno de los dos volvió a mencionarlo.
—……
Como siempre, Sa-yoon lo tomó en brazos y voló en busca del próximo calabozo. De pronto, escuchó un murmullo suave entre sus brazos. En otro momento lo habría captado sin dificultad, pero justo entonces, los monstruos voladores que se movían en masa comenzaron a rugir, y su voz se perdió entre el ruido. Solo alcanzó a percibir que Geon-joo había dicho algo, y bajó la cabeza.
—¿Qué dijiste recién?
—Nada.
—Juraría que te escuché decir algo.
—Era un pensamiento en voz alta.
Sa-yoon lo miró con desaprobación ante su torpe evasiva, pero decidió no insistir y continuó volando hacia el interior del campo.
A pesar del aire tenso, siguieron avanzando. Tras fallar en la exploración de tres calabozos, no podían permitirse movimientos a medias. Sa-yoon planeaba adentrarse en una zona del campo que nunca antes había pisado. Bajó la velocidad del vuelo y, con la vista alerta, habló.
—Desde aquí, yo tampoco sé qué hay. Mantente concentrado.
Hasta ahora había conocido la estructura y los monstruos de cada zona, lo que les había permitido charlar de vez en cuando, incluso repasar conversaciones incómodas. Pero ahora no había margen para distracciones. Toda su atención debía centrarse en sobrevivir.
Geon-joo, que iba en sus brazos, ajustó su postura y asintió. En ese momento, algo emergió del suelo, lanzándose contra ellos.
No era unShadow Wormni undragón de tierra.
De repente, un monstruo enorme, parecido a una oruga con tres cuernos en la cabeza, saltó hacia Sa-yoon intentando devorarlo. Él esquivó de inmediato y lo pateó, frunciendo el ceño ante el dolor que le recorrió la pierna. Su piel era más dura de lo que parecía.
A simple vista, un rango S.
No tenía razón para pelear inútilmente, así que, sujetando a Geon-joo, aplastó la cabeza del monstruo con un pie y se impulsó hacia arriba. Cuanto más cerca del suelo, más peligro había. Subió lo suficiente como para que ni siquiera las criaturas terrestres se atrevieran a seguirlo. Mientras esquivaba las bestias voladoras que intentaban alcanzarlos, inspeccionó el terreno.
Entrecerró los ojos, intentando detectar la energía de un calabozo, pero no percibía nada.Quizás debería arriesgarme y bajar al subsuelo, pensó. Fue entonces cuando Geon-joo habló.
—Eso se ve raro.
Él señaló hacia el cielo. Siguiendo la dirección de su dedo, Sa-yoon vio algo brillar entre unas nubes grises como ceniza.
Era la energía de un calabozo.
—Bien hecho, bonito.
Colocándolo sobre su hombro y sujetándolo con una mano, Sa-yoon desenvainó su espada y se lanzó hacia las nubes. Cuanto más se acercaba, más intensa era la luz.
—Cierra los ojos —le advirtió, temiendo que se cegara. La luz era tan fuerte que, cuando finalmente se acercó lo suficiente, el núcleo resplandeciente quedó frente a ellos.
La luminosidad era tan potente que no podía ni abrir los ojos, pero aun así, Sa-yoon sonrió.
Lo había encontrado.
Por fin había descubierto un nuevo calabozo. Con los ojos cerrados, levantó la espada y la bajó guiado por el instinto. Sintió algo engancharse en la punta: había atravesado el núcleo.
Al fluir su energía, el núcleo reaccionó, emitiendo una radiación tan intensa como la del sol.
Un destello cegador envolvió el campo entero, abarcando a Sa-yoon, a Geon-joo y a todo lo que los rodeaba. En medio del resplandor, la voz del sistema resonó en los oídos de Sa-yoon.
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Has ingresado al calabozo de rango supremo “Ciudad Devastada: Replay”.
Eres el primer descubridor del calabozo oculto. Se te otorgan privilegios de descubridor y selección de condiciones.
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Traducido por: Valiz
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