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Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 141


El Duque Loren susurró con la puerta cerrada.

Por alguna razón, la familia real había ayudado a restaurar la finca, que había caído en el abandono. Los sirvientes que enviaron llenaron la casa, permitiendo que la vida volviera rápidamente a la normalidad, pero eso también significaba que no podían escapar de la vigilancia.

De pronto, el Duque Loren sintió desprecio hacia su esposa, que seguía comportándose como siempre.

¿Había crecido tan protegida que no podía ver lo que sucedía a su alrededor?

—¿De verdad no sabes quién causó ese alboroto?

—Uf, ¿Qué intentas decir? Estás peor cada día. Si hubiera sabido que eras una persona tan horrible, jamás me habría casado contigo.

Arta lo miró con lágrimas deslizándose por el rostro.

—¡Ese no es el problema! ¡Bayern! El linaje de la familia real Stein… ¿Lo has olvidado?

—¿...de qué estás hablando? Están todos muertos.

Arta apretó su falda, completamente incapaz de comprender lo que su esposo decía.

El color se desvaneció de su rostro y su mentón empezó a temblar. Los recuerdos de aquel día volvieron de golpe.

—Ah.

Corrió directamente al baño. ¿Cómo podría olvidar aquel día espantoso en que vidas inocentes fueron brutalmente arrebatadas?

Habían cambiado la historia, engañado al pueblo y seguido viviendo como si nada hubiera ocurrido.

Se había estado engañando a sí misma todo el tiempo.

—Tsk. No es como si fuera una noticia nueva, ¿Por qué tanto drama de repente? Si eres tan débil, ¡Por supuesto que Emilia actuará igual!

Arta apretó los ojos con fuerza. La gente había olvidado a Bayern. Y ella también había apartado esos recuerdos.

Era la única manera de sobrevivir. ¿Cuánto le había costado adaptarse a la vida en la familia Loren después de casarse?

Arta se limpió la boca con un pañuelo.

Al salir de nuevo, le preguntó al Duque Loren:

—¿Estás seguro de que es Bayern?

—Absolutamente. Esos ojos rojos… son claramente los ojos de Bayern. Ahora entiendo por qué el Duque Heinrich se mostró tan reacio a oponerse al matrimonio de mi hija.

—¡Dijiste que todos estaban muertos! ¡Que no quedaba ni un solo descendiente…!

—¿Y si previeron esta situación y enviaron a otra rama de la familia cuando aún eran jóvenes? Jamás oí que hubiera una hija.

Ahí estuvo su error. Bayern resultó ser mucho más astuto de lo esperado.

El Duque Loren sintió cómo se le drenaba la sangre del rostro.

—Entonces… ¿Qué haremos? Mi hija está en manos de ese hombre… y él mantiene a Emilia cerca…

Arta se sintió mareada. Estaba claro que planeaba mantener a la hija de su enemigo a su lado y consumirla poco a poco.

Si realmente eran Bayern, el Duque Loren no tendría forma de sobrevivir.

—¡Por eso te lo dije! Ella debe tener un hijo. Tú tampoco pudiste alejarte de mí después de tener a Emilia. Eso es lo que significa una familia.

El Duque Loren respiró hondo para ordenar sus pensamientos.

—¿Ese bastardo sabe algo de esto?

En algún momento, su mente empezó a dar vueltas. La relación entre la familia real y el Duque Heinrich parecía sólida, pero si el Duque pertenecía al linaje que sospechaban, traicionaría a Adrian tarde o temprano.

La razón misma por la que habían puesto a Adrian en el trono probablemente era su débil legitimidad como hijo ilegítimo.

—¡Emilia no sabe nada! Sabes que solo tenía ocho años en aquel entonces.

Emilia había sido educada a fondo en la casa Loren. Le enseñaron que todo lo que aprendía era la única verdad, dejándola incapaz de cuestionar nada.

Sus lazos con la familia real Konrad se habían fortalecido, estableciendo a los Loren como una de las casas nobles más sólidas de Bartsch desde aquel día.

Habían acumulado incontables riquezas y vivían cómodamente con el poder en sus manos.

—Si Emilia se entera, no sobreviviré.

Arta deseaba con desesperación que su hija siguiera sin saber los terribles actos que había cometido. ¿De qué serviría decirle que no tuvo opción?

Era tan monstruosa como los demás.

—El Rey probablemente aún no lo sabe. Si lo supiera, ya habría eliminado al Duque.

Aunque no tenía pruebas, el Duque Loren se había convencido a sí mismo de que era cierto.

—El hecho de que no nos hayan matado todavía, a pesar de no reconocer a la familia real, significa que aún nos necesitan.

—Cuando ya no les sirvamos, moriremos igual. Por favor, no hagas nada.

Había que salvar a Emilia a toda costa.

—Cállate. Si no puedes ser de ayuda, guarda silencio. ¿Crees que crié a esa chica para que fuera la rosa de la familia Loren sin motivo?

—…esto es realmente lo peor. ¿Cómo puedes…?

Arta negó con la cabeza. Tenía que idear una manera de proteger a su hija.

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Boestin chasqueó la lengua al ver el aspecto lúgubre del invernadero.

—Qué paisaje tan desolado. Bartsch realmente no tiene ningún interés en el arte ni en la naturaleza.

—No del todo. La familia Loren…

Había empezado a hablar con una leve sonrisa, pero su expresión se endureció.

Boestin notó que Emilia se veía algo triste y cambió de tema enseguida.

—¿Qué tal decorar el jardín? Está tan apagado como Mikhail aquí.

—Una mansión sin flores es rara. Aun así, ¿No está el camino desde la entrada bordeado de flores?

Traducido por: Valiz

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