Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 137
Tuvo que ponerse hielo en los ojos durante un buen rato para reducir la hinchazón.
Finalmente, Emilia salió de su habitación para recibir a una invitada que había llegado a la residencia del Duque.
—¿Es la señorita Boestin?
—Sí, así es. Le dije que el Duque no está aquí, pero como trajo el contrato, insiste en finalizarlo de inmediato.
Ante las palabras de Kartho, Emilia miró el reloj con expresión preocupada.
—Prepárense para recibir a la señorita Boestin. Debería saludarla, ya que no sabemos cuándo regresará el Duque.
—¿Está segura de que puede hacerlo?
—Estoy bien. Más importante, ¿Qué clase de persona es la señorita Boestin?
—Creo que asistió a la academia junto a Su Excelencia cuando él estaba en Valoh.
Emilia asintió. ¿Sería Boestin alguien lo bastante cercana como para que él le enviara una invitación especial?
Sus pasos hacia la sala de recepción se sentían pesados.
—Parecía que conocía a la señorita Dahlia. ¿Está segura de que no quiere llamarla?
—Sí. Lady Dahlia no podrá salir de su habitación a menos que el Duque lo permita.
Emilia miró hacia las escaleras. Al ver a los caballeros apostados en el tercer piso, comprendió que él hablaba en serio.
Recordó la imagen de Dahlia ahorcándola y, de forma instintiva, ajustó su bufanda desordenada.
Sin razón aparente, se sintió extrañamente tensa.
El recuerdo de Mikhail sonriendo y conversando con Boestin hizo que apretara con fuerza el dobladillo de su vestido.
—No tiene que esforzarse tanto.
—Estoy bien. Alguien ha venido, no puedo simplemente ignorarlo.
Emilia asintió hacia Kartho, indicándole que estaba bien. Tras tomarse un momento para recomponerse, se plantó frente a la puerta y la abrió.
Boestin, sentada a la mesa, se levantó de un salto al oír el ruido de la puerta y exclamó:
—¡Oye, bastar…! Oh, cielos.
Su rugido feroz se transformó en la actitud de una muchacha tímida mientras juntaba las manos. Pero en cuanto Emilia cruzó el umbral, se quedó helada, sorprendida por la rudeza de la voz de Boestin.
Valoh era conocido por su desarrollo artístico, y muchos estudiantes internacionales provenían de diversos países. Tal vez por eso el vestido de Boestin resultaba tan peculiar comparado con los que Emilia había visto en el banquete.
El diseño y los adornos del vestido eran como nada que hubiera visto antes.
—Duquesa, soy Boestin Evelyn. Gracias por recibirme a pesar de mi visita repentina.
Demostró la etiqueta propia de Bartsch. Tras corresponder a su saludo, Emilia también se presentó.
—Soy Emilia, la esposa del Duque Heinrich. Escuché de Kartho que usted fue compañera de Su Excelencia…
—Digamos que nuestra relación es un poco más simple que solo compañeros.
Boestin lanzó una mirada cortante a Kartho, con una sonrisa ladeada.
—Podría definirse como deudor y acreedor.
—¿Su Excelencia es el deudor?
Boestin miró a Emilia con expresión desconcertada antes de estallar en carcajadas. Aún riéndose, negó con la cabeza.
—¡Es menos prejuiciosa de lo que aparenta!
—¿De verdad?
Emilia se encogió de hombros. Cada vez que la conversación giraba en torno a Mikhail, el rostro de Boestin se endurecía en una sonrisa afilada.
¿Su relación no es buena?
A esas alturas, Emilia empezaba a cuestionarse si lo que había presenciado aquel día había sido real.
Boestin no podía apartarle la mirada.
—Puedo entender por qué Mikhail mantiene las cosas tan bien ocultas.
Emilia ladeó la cabeza mientras tomaba un sorbo de té.
—Las cosas bellas suelen estar hechas para admirarse en soledad.
Boestin dijo esto con una amplia sonrisa, haciendo que las mejillas de Emilia se tiñeran de rojo.
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Mikhail se dirigía hacia el palacio de Lady Luther.
Probablemente planeaba usar a Dahlia como ventaja contra él.
Pero no importaba con qué intentaran presionarlo.
Había más partidarios del Duque Heinrich que de Adrian.
La monarquía podía derrumbarse en cualquier momento. Además, la oposición real trabajaba activamente, lo que solo aumentaba la tensión.
Mikhail sentía curiosidad por la expresión que tendría Lady Luther. Había intentado mantener a Dahlia oculta precisamente por esa razón, pero ahora que la situación había salido a la luz, lamentarlo solo sería una pérdida de tiempo.
Mientras seguía al guía hacia el interior, divisó a Lady Luther y a Adrian.
—Veo al único sol del imperio. También la saludo, Lady Luther. Escuché que me ha convocado.
—Llegó antes de lo que esperaba. Por favor, tome asiento.
Ella sonrió con amabilidad al darle la bienvenida. Mikhail se acercó y se sentó en el lugar asignado.
—La salud de mi esposa no parece buena, así que no debería quedarme demasiado tiempo. Puede que haya invitados allí.
—Si hay invitados, ¿No debería decir que los hay, en lugar de que podría haberlos?
—Hay una persona que sospecho que está allí. Entonces, ¿De qué quería hablar conmigo?
—Es sobre Dahlia, esa chica.
—Si menciona el alboroto de aquel día, sabe que no me quedaré de brazos cruzados.
Él mencionó a Dahlia, como si anticipara el tema. Lady Luther hizo una señal a un sirviente para que trajera una caja.
—Entiendo. Podemos acordar no convertirlo en un problema entre nosotros, ¿Verdad? Al fin y al cabo, fue un evento real y no podemos simplemente encubrir el caos.
—Procedamos así.
Mikhail echó un vistazo al contrato extendido sobre la mesa.
Traducido por: Valiz
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