Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 136
Lady Luther cerró su abanico y miró a Adrian con ojos brillantes.
—Ahora que ambos tenemos las debilidades del otro, estamos a mano.
—Traigan al Duque antes de que se reúna el consejo.
El asistente del palacio asintió a sus palabras. Adrian observó en silencio el semblante emocionado de su madre.
—¿Qué pasa con la situación del Reino de Eponsen?
—Tengo planes para eso.
Riéndose, Lady Luther salió del Salón Aither para prepararse para la llegada del Duque.
—Cannes, síguela.
Parecía probable que volviera a causar problemas.
Adrian se sintió inquieto ante la sonrisa de su madre. Seguramente había ideado otro plan.
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Emilia jadeó cuando el dolor la recorrió.
—Haah.
Al mirar a un lado, vio una palangana llena de agua y una toalla.
Incorporándose, divisó a Mikhail, dormido en una silla con los brazos cruzados.
¿…de verdad me cuidó?
Parpadeó incrédula.
Al ver sus mangas arremangadas, parecía que realmente se había ocupado de ella.
Emilia no podía apartar la mirada de él.
Entonces… ¿Por qué?
Había planeado seducirlo, pero las cosas no estaban cambiando tan rápido.
Emilia sentía una extraña incomodidad ante el comportamiento inusualmente distinto de Mikhail desde la boda.
La había abandonado, luego regresó, y ahora la estaba cuidando.
Y aun así, ahí estaba, atendiéndola.
¿…está loco?
Su cuerpo dolía como si la hubieran golpeado, pero su mente estaba despejada.
Preguntándose si todo era un sueño, se pellizcó con cautela la mejilla.
—Ay.
Confirmando la realidad de su situación con el dolor agudo, Emilia se levantó despacio. Al mirar hacia la palangana, casi se le escapó un grito.
¿Qué demonios le pasó… a mi cara?
Tenía los ojos hinchados y el cabello hecho un desastre.
¿Cuánto habría llorado para terminar así? Parecía exagerado decir que solo había llorado de dolor.
Giró la cabeza y miró a Mikhail, que aún dormía.
Su cabello dorado estaba despeinado. Siguiendo la línea de sus ojos cerrados hacia abajo, notó sus labios firmemente apretados.
…Bayern.
¿Podría ser realmente un Bayern?
Una oleada de miedo recorrió a Emilia. Había soportado una larga pesadilla la noche anterior.
No recordaba todos los detalles, pero los gritos que resonaban en sus oídos y el olor a sangre que permanecía en su nariz eran imposibles de olvidar.
Lo que se destacaba con claridad eran los gritos angustiados de aquellos con el cabello dorado más brillante.
Necesito confirmarlo con mi padre.
Pero ¿Acaso no ya le había preguntado? Su padre jamás le revelaría la verdad, pasara lo que pasara.
Emilia se sentó al borde de la cama, mirando a Mikhail dormir.
Toc, toc.
Con el sonido de unos golpes, él abrió lentamente los ojos.
—¡Ah!
Sobresaltada, se puso de pie pero tropezó.
—Eres todo un caso.
—…lo sé, así que suélteme.
Unos brazos fuertes se enroscaron en su cintura, levantándola con facilidad.
Él caminó hacia la puerta, dispuesto a abrirla.
—¡Espere, puedo ponerme de pie y usted abre la puerta!
—Ni siquiera puedes mantenerte en pie.
—¡Sí puedo!
Gritó con desesperación, y Mikhail chasqueó la lengua, dándose la vuelta hacia la cama.
La depositó allí y abrió la puerta de golpe.
—¿Qué pasa?
—Me dijo que no lo despertara, pero esto es urgente.
Kartho le entregó una carta por el umbral. Mikhail comprobó el sello real en el documento y frunció el ceño.
Van a responsabilizarme por el caos de ese día.
Emilia escuchaba atentamente su conversación.
—Lady Luther quería hablar con usted antes de la reunión del consejo.
—¿Y si me niego a ir?
—Dijo que tiene algo que decir sobre Lady Dahlia.
—Debe creer que tiene ventaja sobre mí. Saldré pronto, espera.
—Y la solicitud que hizo acaba de llegar.
Kartho le entregó un sobre, que Mikhail abrió de inmediato.
Los ojos de Emilia se abrieron de par en par al ver los retratos en sus manos.
Uno mostraba a una mujer de cabello castaño, y el otro a una de cabello rojizo; ambas eran la misma persona.
—¿Es este… un retrato de la Princesa Eponsen?
Ante su pregunta, Kartho guardó silencio, mientras Mikhail sonreía con complicidad.
—…no es cabello rojo.
—El cabello rojizo es ciertamente atractivo. Vale la pena codiciarlo.
Pasó los dedos por su cabello mientras hablaba.
—Aun así, no deja de ser una imitación.
—Por eso se difundieron los rumores. Hasta yo me estremezco al verlo.
—Lo auténtico no tiene comparación. Es evidente.
≫ ────•◦ ✦ ◦•──── ≪
Emilia apenas contuvo una oleada de náusea al recordar el artículo sobre ella publicado en las columnas de chismes.
—Parece que te sientes un poco mejor, pero deberías descansar más. Y es mejor evitar encontrarte con Dahlia.
—Lo haré.
Emilia asintió, sintiendo una extraña mezcla de emociones ante su aún curiosa ternura.
Cuando la puerta se cerró, se sentó en la cama con la mirada perdida.
—¿Qué está pasando…?
Era como si acabara de despertar de un sueño profundo. Entonces recordó que se había mostrado ante Kartho con aquel aspecto desaliñado.
—¡Dios mío!
Se llevó las manos a la cabeza palpitante y llamó a Dell.
—¡Ah!
Al ver el rostro de Emilia, Dell se llevó una mano a la boca y enseguida preparó una compresa de hielo.
—Por todos los cielos, ¿Cuánto dolor debe sentir…?
—…
Emilia solo pudo forzar una sonrisa torpe. No podía admitir que su aspecto era resultado de una pesadilla que quizás había sido demasiado real.
Traducido por: Valiz
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