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Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 133


Emilia negó con la cabeza. Si esto continuaba, sentía de verdad que se perdería a sí misma. No quería que la vieran en un estado tan vulnerable, abierta de par en par para él mientras alcanzaba su clímax.

Decidida, se mordió el labio y se aferró con fuerza.

Él retiró los dedos de lo más profundo de su interior, llevándolos hacia la entrada antes de hundirlos de nuevo con rapidez.

Cuando de repente apartó la mano, un sonido húmedo y lascivo escapó de ella.

—¡Ha, haah!

El agua salpicó como una fuente sobre su palma y a lo largo de sus muslos abiertos.

—¡Ahh…!

Su cuerpo se estremeció como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Mikhail sostuvo con firmeza su cuerpo retorciéndose, presionando sobre sus caderas para estabilizarla.

Aunque ella había iniciado la seducción, siempre era la primera en ponerse inquieta. Él disfrutaba despertando su placer, saboreando la visión de ella alcanzando la cima con una expresión satisfecha.

En su visión nublada, Emilia notó algo grande en su mano.

En ese momento, sus ojos se abrieron con sorpresa al intentar apartar las caderas.

—Emilia.

Su voz suave le recorrió la espalda con escalofríos.

Un líquido transparente goteaba de la punta roma de su dureza, semejante a un depredador babeando sobre su presa.

Instintivamente, Emilia intentó retroceder hasta el borde de la cama.

—No huyas.

Pero su gran mano atrapó su esbelto tobillo.

—Me dan ganas de cazar.

Sintió un hambre creciente dentro de él. No importaba cuánto explorara su cuerpo, hundiéndose más y más, no podía saciar su deseo.

No pasó mucho tiempo antes de que Emilia se aferrara a él, acercándose mientras la embestía. Con cada movimiento enérgico, su delicada figura se balanceaba.

Ella presionó los labios contra su cuello, ahogando sus gemidos.

Su expresión parecía no saber qué hacer, y aun así no se apartó. Él sujetó sus caderas, empujando más hondo y exhalando suavemente contra ella.

—¡Ah!

La penetraba mientras la estiraba hasta lo más profundo.

Cada embestida enviaba olas de placer por su cuerpo, haciendo que sus paredes internas se contrajeran y espasmaran. Al invadirla, su dureza empujaba y la llenaba por completo.

Su lengua lamió el lugar donde su piel se abultaba.

—¿Duele?

—…no, ya no duele.

Emilia apoyó la cabeza contra su pecho, recuperando el aliento mientras las caderas de él se detenían.

—¿Te arrepientes de no haber ido más profundo aquella vez?

—…no.

Eso es mentira.

Mikhail sonrió con calma, sin pasar por alto la fugaz decepción en sus ojos.

Aunque era tan fácil de leer, le había mentido incontables veces.

Mikhail acarició suavemente su zona herida, observando el temblor de sus pestañas. Resultaba extraño verla tan tranquila, acurrucada en sus brazos con la respiración acompasada.

¿Había aprendido a ocultar su filo? Emilia se estremeció levemente, su cuerpo apretándose alrededor de él mientras lo aferraba con fuerza en su interior.

—Por favor… no más… ya hemos hecho suficiente.

—Sigues húmeda, y aun así dices cosas que no sientes.

—¡Ahn!

Él sujetó sus caderas y la levantó, embistiéndola desde abajo, provocando que gritara y echara la cabeza hacia atrás.

—Ah, mm. ¡Mm! Haah!

El sonido rítmico de los cuerpos chocando llenó el aire, cada colisión húmeda se hacía más fuerte y sus gemidos subían de tono.

—Aah, es extraño… algo se siente extraño, otra vez, ¡Ahh!

Mientras la empujaba más hondo, la sujetó fuerte de la cintura, embistiéndola con rapidez y fuerza. Sus movimientos hacían que su bajo vientre chocara contra ella, su carne golpeando su perineo, solo para levantarse y caer otra vez.

—¡Hah! ¡Mm! ¡Ngh! ¡Ah! ¿Ahhh!

Su cuerpo temblaba con violencia por la fuerza de las embestidas, sus músculos apretándolo dentro. Mikhail sintió la presión acumularse, la sangre concentrándose en la punta de su miembro.

Al soltarla, vertió su ardiente esencia en su interior.

—¡Haaah! ¡Nnghh!

Todo su cuerpo se estremeció, sus dedos de los pies encogiéndose mientras la conexión entre ambos se tensaba con dolorosa intensidad.

Su cuerpo rebotaba y se retorcía de placer, incapaz de resistirse.

—¡Ahh, no! ¡Sácalo, por favor! ¡No! ¡No puedo!

Mikhail apretó su pecho y la succionó como un animal, observándola luchar en lo alto de su clímax, negándose a retirarse y hundiéndose aún más dentro.

—¡Heek!

El cuerpo de Emilia se sacudió con violencia, su orgasmo la golpeó antes de que pudiera siquiera cerrar la boca.

—Ah, ah… ¡M-Mikhail!

Sus manos, que antes se aferraban a su espalda, ahora arañaban sus hombros. Su rostro surcado de lágrimas y su cuerpo empapado de sudor yacían inertes sobre las sábanas, su respiración en jadeos entrecortados.

—…la segunda vez.

Esa era la segunda vez que pronunciaba su nombre.

Ah, maldita sea.

Mikhail bajó la mirada hacia sí mismo, aún enterrado en Emilia, que había perdido el conocimiento.

Su longitud se hinchó todavía más, presionándola en lo profundo, empujando tanto que su bajo vientre se abultaba levemente.

—…hah…

Pasó los dedos por su húmedo cabello rojo, pegajoso de sudor.

Inclinándose, envolvió su cuerpo con el suyo, presionando los labios en la nuca de ella.

—Concibe a mi hijo, Emilia.

Quizás eso cambiaría las cosas. Eso es lo que hace una familia.

Mikhail habló en voz baja a la dormida Emilia, sabiendo que no podía escucharlo.

Le susurró historias sobre la caída de Bayern, antaño un sol radiante, y sobre la crueldad de las personas que habían provocado su ruina.

Traducido por: Valiz

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