Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 132
Capítulo 132
El cabello dorado caía como rayos de sol filtrándose entre las hojas.
Atrapada en sus brazos, sus miradas se encontraron por lo que pareció una eternidad.
—Primera noche.
La primera noche ya había pasado. Desde entonces, habían estado pegados el uno al otro sin descanso.
Sus cuerpos y mentes, hirviendo de rabia, se buscaban y se aferraban.
Se sentía casi imprudente, con la razón paralizada, concentrándose únicamente en las sensaciones. Cuando todo terminaba, llegaban las olas de arrepentimiento y autocrítica.
Emilia lo odiaba. Resentía la forma en que él le impedía ser su verdadero yo.
Quería romper esa arrogancia que la miraba desde arriba.
Detuvo su intento de apartarse.
En cambio, extendió los brazos y los rodeó en su cuello.
—Sea gentil conmigo esta vez, a diferencia de antes. Mi cuerpo no está del todo curado por culpa de su hermana.
—Lo siento, pero aunque lo digas, no siento ninguna culpa.
—¿Por qué? ¿Es porque soy yo?
En lugar de responder, Mikhail se inclinó y la besó.
Su aliento ardiente invadió su boca, y la saliva mezclada la obligó a jadear por un aire que apenas podía tragar.
Sus ojos permanecieron abiertos, sosteniéndose en una mirada persistente.
Él mordió con fuerza su labio inferior, desahogando un deseo insatisfecho a través de la frustración.
—¡Ugh…!
Cuando Emilia intentó apartarlo por el dolor, él presionó sus labios con más fuerza contra los de ella.
¡Si tan solo no estuviera tan oscuro! A esa distancia, por fin podría haber confirmado la verdad que tanto se había preguntado.
Cuando sus ojos se acostumbraron a la penumbra de la habitación y el rostro de Mikhail se volvió más nítido, Emilia cerró los suyos.
—Si no quieres esto, puedo enterrarlo aquí mismo.
¿De qué serviría enterrarlo? ¿Haría que el conflicto enraizado en sus corazones desapareciera?
—¡Aaah…!
Sus labios, húmedos de saliva, succionaron los de ella, haciéndola sentir mareada. Los escalofríos que recorrían su cuerpo se transformaron en temblores de placer.
Emilia casi dejó escapar una risa amarga ante cómo respondía su cuerpo, como si lo estuviera esperando.
Su gran mano separó con firmeza sus muslos y presionó hacia abajo.
Aprovechando su momento de descuido, invadió su parte más íntima. Sobresaltada, Emilia le sujetó la mano.
—¿No me pediste que fuera gentil? ¿No era eso un permiso?
Poco a poco, Emilia soltó su agarre. Él deslizó su ropa interior hacia abajo.
—Bueno, no hay necesidad de decirlo, ya está empapado aquí.
—…por favor, no diga esas cosas… ¡Ugh!
Su espalda se arqueó cuando su boca tiró de su pecho con una fuerza que parecía aplastarlo.
Sus dedos jugueteando en su pecho provocaron que un calor abrasador subiera a su bajo vientre.
Su respiración se aceleró con la excitación creciente.
No podía saber si era su cuerpo el que ardía o si era el calor que irradiaban las manos de él donde la tocaban.
El roce de su ropa fina se mezclaba con los sonidos húmedos. Su gran mano apretaba su pecho, y cuando volvió a meterlo en su boca, un gemido se le escapó.
—Ah, mmm…
Sin previo aviso, separó sus pliegues con los dedos y la penetró.
—¡Ah! No ahí, ugh… ¡Ah!
Empujó dos dedos y los movió rápido. Fluidos húmedos se escapaban sin cesar de su entrada resbaladiza.
Al meter y sacar los dedos, sus paredes internas se cerraban con fuerza, y sus gemidos estallaban.
—¡Ah! ¡Ha! Ngh, algo… ahh.
Con cada embestida de sus dedos, los sonidos húmedos llenaban la habitación, salpicando los fluidos alrededor de sus partes más íntimas.
Sus paredes internas, aferrándose con fuerza a cada articulación de sus dedos, se contraían rápidamente.
Cada movimiento de él la volvía loca. Cuando sus piernas se cerraron involuntariamente por el placer, él de repente se detuvo y mordió suavemente su pezón.
—Sepáralas.
—Ugh, basta, es demasiado…
—Si no te estiro bien y te desgarras cuando me meta, ¿A quién culparás?
—No lo culparé… ¡Ah!
Cuando sus dedos entraron más profundo, Emilia tembló como un pez ensartado en una lanza.
—Aún estás apretada. Estás exprimiendo mis dedos como si fueras a romperlos.
Con cada palabra que Mikhail pronunciaba, su aliento rozaba su pecho, erizando los finos vellos de su piel y aumentando su sensibilidad.
Cuando su lengua rozó su pezón, ella apretó los dientes, intentando suprimir sus gemidos.
—Es tu primera noche, no hay necesidad de contenerte tanto.
De pronto, bajó sus piernas, facilitando que sus dedos entraran más profundo. Exhaló lentamente mientras los enterraba dentro de ella.
—¡Ah, ahh! No, por favor… ¡Ahh!
Su parte baja temblaba mientras su espalda se arqueaba, los músculos tensos por el esfuerzo.
Mientras sus dedos la estiraban por dentro, cada embestida precisa y deliberada, Emilia instintivamente se aferró a sus hombros.
—¡A-ah! ¡No, para! ¡No puedo!
A pesar de sus súplicas desesperadas, él solo sonrió, mirando cómo su cuerpo se retorcía de placer bajo él.
—Relaja el agarre. Acabo de detener la hemorragia, no queremos que empiece de nuevo, ¿Verdad?
Para decir algo así en esa situación… debía estar verdaderamente loco.
—¡P-por favor, basta! ¡No puedo…!
Sintió que estaba a punto de perder el control, como si pudiera orinarse. Apretó los músculos con todas sus fuerzas, pero Mikhail presionó con firmeza su pulgar contra su clítoris hinchado, frotándolo sin piedad.
—¡Aaah, ahh! ¡No, no!
—Córrete. Esa es la única forma en que me detendré. ¿Ves? Estoy siendo considerado.
—¡Aaah! Oh, no… ¡Ahh!
Traducido por: Valiz
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