Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 129
Emilia, al regresar a la mansión, se dirigió a su habitación para bañarse. Mikhail la siguió lentamente, pero se detuvo cuando se encontró con Kartho.
—¿Qué hay con Boestin?
—De hecho, tengo algo que informar respecto a ese asunto.
Mikhail asintió a Kartho mientras observaba la espalda de Emilia al subir las escaleras.
—¿Cuál es el problema?
—Parece que la señorita tuvo una discusión con la señorita Boestin. Hubo bastante alboroto en la habitación.
—¿Dahlia perdió el control y dijo algo inapropiado otra vez? ¿Ha tomado su medicina?
—Debería estar más tranquila ahora. Ha parecido ansiosa últimamente.
Kartho habló con cautela. Mikhail, sintiéndose algo frustrado, aflojó su corbata.
—¿Crees que he cambiado a tus ojos?
—No estoy seguro de lo que quiere decir.
La respuesta de Kartho parecía genuinamente incierta.
Mikhail sabía que Kartho era cauteloso, pero a veces deseaba un poco más de agudeza.
—Dahlia me miró con esos ojos. Actuó como si hubiera sido traicionada.
—¿Puedo hablar con franqueza?
—Adelante.
Kartho carraspeó, con una expresión que mostraba lo difícil que le resultaba hablar.
Cuando Mikhail empezaba a reconsiderar si preguntar, Kartho habló.
—Ha cambiado. Al menos desde la perspectiva de la señorita, es natural que se sienta así.
—¿Por qué?
—Porque está enfocado en la Duquesa. Le presta atención.
—Les presto atención a todos.
—Su Gracia, eso no es del todo cierto. No muestra tal indulgencia ni interés hacia los demás.
—Eso es directo.
—No puedo mentir.
—Dahlia debe sentir que le han arrebatado lo que debería tener por derecho debido a mis cambios.
—…es difícil negarlo. Como temía, podría sentirse encadenada por esto.
—En efecto.
Mikhail sintió una especie de asfixia. A pesar de haber caminado siempre por ese camino, ¿Por qué parecía inalcanzable?
Incluso si lo alcanzaba, no parecía que fuera a traer alegría.
¿Era realmente este el camino que elegí?
Las muertes repentinas de sus padres, la ausencia de familia, la traición de amigos, todo llegó de golpe.
El dolor se convirtió en ira, y la ira en motivación.
Pero ¿Era realmente esta la dirección a la que debía ir?
Mikhail reflexionó sobre lo indiferente que parecía el Duque Loren hacia Emilia. El Duque solo se enfurecería por el hecho de que su propósito mayor no se había cumplido, incluso si Emilia moría.
En cambio, si Emilia perdía a su padre y a su madre, ¿Se afligiría?
Sí lo haría.
Era un contraste marcado. Si fueran de la misma clase, tal vez no surgirían pensamientos diferentes.
Sin embargo, no se arrepentía de las acciones que había tomado hasta ahora.
—Necesito revisar a Dahlia. Pero, ¿Boestin me dejó algún otro mensaje?
Dahlia era alguien que probablemente diría algo para herir los sentimientos.
Boestin no era del tipo que permaneciera en silencio después de soltar esas palabras.
El rostro de Kartho palideció.
—Eh, eso… no puedo transmitirlo directamente.
Vaciló, lo cual era inusual en él.
—Kartho, es un asunto de negocios. No omitas nada.
Había riesgo de mala interpretación, lo que podía causar malentendidos sobre sus intenciones.
Kartho carraspeó, como si tomara una decisión, y habló con claridad.
—Ella dijo:Hey, imbécil, ya que con esto queda saldada mi deuda, ¡Mándame el contrato de inversión!
Las cejas de Mikhail se alzaron. Lo había esperado, pero seguía siendo típico de ella.
Kartho, que lo observaba con atención, bajó rápidamente la cabeza.
—¡Lo siento! Me ordenaron transmitirlo palabra por palabra…
—Kartho, envía el contrato a la ubicación de Boestin mañana.
—¿El contrato?
—Sí, está en el escritorio. Revísalo y luego entrégalo.
Mikhail no dijo nada más y se dirigió a las escaleras.
—Y no me despiertes mañana por la mañana; dormiré hasta tarde.
—¡Entendido! Me aseguraré de que se entregue.
Mikhail subió al tercer piso; al encontrarlo en silencio, parecía que Emilia ya se había dormido.
—Sir Byne.
—Estaré de guardia toda la noche.
—Bien, asegúrate de mantenerte alerta. Podría ponerse más agresiva hoy por el estrés.
—No se preocupe.
—¿Ha parecido ansiosa últimamente?
—Siempre ha parecido nerviosa. Especialmente después de enterarse de la presencia de la señora, parecía estar muy estresada.
Mikhail abrió suavemente la puerta y vio a Dahlia dormida en la cama.
Entró y con cuidado subió la manta, cubriéndola bien.
—No, no me dejes. Todos, no se vayan. Yo… necesito… a alguien a mi lado…
La voz de Dahlia temblaba mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas.
Mikhail extendió la mano y le secó las lágrimas. La mano de Dahlia se aferró a la suya con fuerza.
Su mirada, hundida en lo profundo de un abismo, permaneció fija en la mano que lo sujetaba desesperadamente.
Las lágrimas de Dahlia seguían fluyendo. Claramente estaba atrapada en una pesadilla tormentosa.
Traducido por: Valiz
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