Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 126
—¿Los ojos rojos también pertenecen al Duque Heinrich, no es así?
—Así es. Y el cabello dorado también. Siguen recordándome a aquellos que preferiría olvidar.
Ella sentía lo mismo. Pero no podía admitir ante Adrian que también tenía dudas.
—Majestad, esa es una afirmación peligrosa.
Adrian aflojó su barbilla con una sonrisa y luego le susurró.
—¿De verdad crees que fue solo una sirvienta la que rajó tu puerta aquel día?
—Sé que no fue obra de una sirvienta.
Emilia trató de entender las intenciones de Mikhail. Incluso en ese momento, no había creído que fuera obra de Millina. Pero no podía adivinar quién estaba detrás.
—Pero ahora, creo que podría entenderlo.
Emilia apretó los puños.
La intención asesina, la hostilidad, y la persona que podía llegar a su puerta sin que nadie interfiriera en la residencia del Duque.
Dahlia.
Si era ella, resultaba plausible. Pero si lo de hoy no hubiera ocurrido, Emilia jamás lo habría imaginado.
Nunca habría sabido que Dahlia albergaba tal odio hacia ella.
Había dos personas dentro de la residencia que deseaban su muerte: una era su esposo, y la otra un miembro querido de la familia del Duque.
¿Son solo dos?
¿Acaso aquellos que lo servían como a su señor no compartirían el mismo sentimiento?
Una sola palabra del Duque podría poner su vida en peligro.
Emilia no era más que una presencia en la casa del Duque.
¿Pero era realmente cierto que alguien intentaba matarla?
Ella no había hecho nada para merecer semejante odio. No había agraviado ni a Dahlia ni al Duque hasta ese punto.
Si alguien merecía morir, debería ser el Duque, que había asesinado sin piedad a todos, excepto a sus padres, y había encabezado una rebelión para colocar en el trono al indigno Adrian.
Pero ella...
Quería creer que no era cierto, pero el pensamiento se aferraba a ella, arrastrándola hacia abajo.
Se sentía como caer sin fin en un abismo. Todo en lo que había creído se derrumbaba.
Lo negaba, pero en su interior ya se había hecho añicos. Eventualmente quedaría vacío.
—Vaya, parece que he hablado más de la cuenta.
—Está bien. Solo fue un accidente.
—¿Un accidente… Dahlia, era? Tengo la sensación de saber qué enfermedad podría tener.
—Sería mejor regresar a la residencia del Duque para recibir tratamiento. Sir Byne, volvamos.
—¿No deberías recibir tratamiento primero? El sangrado es grave.
—No moriré por esto. Así que es mejor regresar.
Adrian asintió como si hubiera esperado esa respuesta.
—Tengo curiosidad. ¿Por qué piensas que no fue obra de la sirvienta?
Adrian bloqueó el camino de Emilia. No tuvo más remedio que hablar.
—No lo escuché todo claramente, pero una sirvienta no tendría tal destreza con una espada. Y no sentí ninguna intención asesina lo suficientemente fuerte como para matarme.
—Entonces, ¿Sabes quién estuvo detrás?
—Sí.
Emilia dio un paso atrás y miró a Adrian directamente a los ojos.
Él intentaba engañarla.
—La sombra del Rey. ¿No es suficiente con eso?
—Jaja. Crees que fui yo. Seguramente sabe cuánto la anhelo, Duquesa.
Ella conocía bien el deseo en sus ojos.
—Por cierto, ¿Cómo supo Su Majestad que alguien había rajado mi puerta?
—¿Crees que hay algo que ocurra en el reino que yo no sepa?
—Parece que sí hay cosas que no sabe. Por ejemplo, ni siquiera conocía la existencia de Dahlia. También me pregunto cuánto sabe sobre el Duque.
—El Duque Heinrich es un hombre lleno de secretos.
Los nobles que asistían al baile empezaron a dirigirse afuera hacia sus carruajes. Emilia se quedó allí, inmóvil.
—Me interesas más tú que él.
El rostro de Emilia mostró desdén.
—¿...Duque?
Emilia giró la cabeza al escuchar las palabras de Adrian.
Mikhail se acercaba a ella con voz irritada.
—Ven aquí.
Emilia se quedó quieta, mirándolo. ¿Por qué había regresado ahora, después de marcharse con tanta frialdad?
Como si leyera su expresión, se apartó el cabello y caminó hacia ella.
Ella retiró su brazo ileso, aumentando la distancia entre ella y Adrian.
—¿Por qué… regresó?
—No lo preguntes, yo mismo no lo entiendo.
—¿Y la señorita?
—Boestin la llevó de regreso a la mansión.
—Pensé que iría con ellas.
—Debería haberlo hecho.
Pero había regresado.
Sus ojos verdes brillaban como follaje de verano atrapando la luz del sol.
—Me encargaré del tratamiento en la residencia del Duque. Pasaré más tarde para hablar de lo ocurrido.
Sin esperar respuesta, tomó la mano de Emilia y la arrastró con él.
En ese instante, todo lo que se había estado derrumbando dentro de ella se detuvo.
Traducido por: Valiz
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