Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 124
—Señorita Dahlia, todos pensarán como yo. Nadie ignora lo encantador, amable y caballeroso que es Su Excelencia.
Leah se apresuró a dar una explicación.
Con el rostro ligeramente enrojecido, continuó, como si fuera consciente de las miradas de los demás.
—Es natural que los ojos se fijen en una persona tan extraordinaria, ¿Verdad? Espero no estar causando ninguna molestia. Especialmente teniendo en cuenta los incidentes pasados.
Leah mencionó deliberadamente los artículos de chismes.
Dahlia tomó la mano de Leah.
—Oh, no se preocupe. Mi hermano no me ha mencionado en absoluto a la señorita Leah.
Esto implicaba que Mikhail no le prestaba ninguna atención.
—La mente de mi hermano está completamente ocupada con su nueva esposa; ni siquiera notará a los demás.
La sonrisa de Leah tembló ante aquellas palabras de consuelo, su boca se contrajo levemente.
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Mikhail dirigió la mirada hacia Dahlia mientras conversaba con otros.
Afortunadamente, parecía que se desenvolvía bien con todos.
Entonces, un rostro familiar llamó su atención.
Esa persona no debería estar allí, ni en ningún otro lugar.
—¿Por qué está aquí…?
Al notar la mirada, la persona le hizo un gesto de saludo. Mikhail se llevó una mano a la frente.
—Boestin, ¿Cómo terminaste aquí?
—Simplemente agarré a cualquiera y fingí que era parte del grupo.
—Debes saber dónde estás. Actuar con tanta imprudencia no es propio de ti.
—¿Eso es un cumplido? Gracias. Verás, este lío pasó porque me contactaste de repente.
Boestin rió a carcajadas. El cabello castaño claro y el vestido verde le sentaban sorprendentemente bien.
Verla arreglada, después de haberla conocido solo con el uniforme de la academia, resultaba extraño.
—Aparecer con ropa que ni siquiera te queda bien.
—No recibí invitación, así que simplemente entré. Además, sobre la medicina de Dahlia, ehm.
—Habla de eso en otro lugar.
—Uf, está bien.
Boestin retrocedió sobresaltada cuando Mikhail la apartó con un gesto.
Sin poder disfrutar de la fiesta, Boestin fue conducida al jardín por Mikhail.
—¿Cuándo piensas arreglar esa actitud tan terrible tuya?
—He vivido así toda mi vida, ¿Crees que voy a cambiar? Acéptalo. Vine a darte lo que pediste.
—Se suponía que debía tomar una semana, dijiste.
—Parecías apurado, y se trata de Dahlia, después de todo.
Boestin conocía bien la condición de Dahlia. Había estudiado farmacología y hasta había publicado una tesis sobre los trastornos maníacos.
Su mejoría se debía en gran parte a los esfuerzos de Boestin.
—Sabes lo difícil que es encontrar esta medicina, ¿Verdad? No está disponible en ninguna parte, y si algo sale mal, a mí también me investigarían.
—Boestin, ¿No me debes un favor?
—Mírate. La gente nunca cambia. Siempre amenazando. ¿Por qué tu esposa siquiera se casó contigo?
—Deja las tonterías y dame la medicina.
Boestin entregó la medicina.
—Pero ha pasado un tiempo desde que te mudaste de Valoh a Bartsch. ¿Cómo te las has arreglado sin la medicina hasta ahora?
—Usando el método que me enseñaste.
—Parece que tenías muchas hojas de té. Si necesitas más, puedo enviarte. Encontrar más medicina como esta llevará tiempo.
Mikhail asintió.
—Por cierto, estoy un poco herida. Ni siquiera me enviaste invitación a la boda y me hiciste venir con un extraño del brazo.
—Viniste por tu cuenta.
—Por supuesto. ¿Dónde está tu esposa? Al menos deberías presentármela.
—¿Y por qué debería?
—Porque soy tu única amiga. Si tu esposa supiera que tienes al menos una amiga, quizá te viera de manera distinta.
—Ese es mi problema, no el tuyo. Y dime, ¿Por qué eres siquiera mi amiga?
—Cualquiera que vaya a la escuela contigo es un amigo.
Mikhail negó con la cabeza ante la fingida naturalidad de Boestin.
La situación no estaba resuelta. Una vez que los invitados de la mansión se dieran cuenta de que alguien había llegado, la escena social estaría alborotada.
—Deja de causar problemas y vete.
—¡Qué cruel! He arreglado un lugar donde quedarme, así que no necesito tu ayuda. Voy a ver a Dahlia y luego me iré de inmediato.
El rostro de Mikhail se endureció, pero Boestin parecía indiferente.
Él guardó el sobre con la medicina en su abrigo.
—¡Su Excelencia!
Byne se acercó apresuradamente. Su expresión parecía urgente.
—¿Qué ocurre?
—La señorita…
—Guíame. ¿Qué pasa con los demás que vieron?
—No había nadie alrededor. Pero ocurrió en un lugar con gente.
—¿Qué sucedió? ¿Dahlia está en problemas?
Boestin los siguió, y Mikhail aceleró el paso.
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Emilia no podía creer lo que veía.
El Duque parecía alguien completamente distinto del hombre que ella conocía.
La mujer que conversaba con él era alguien a quien Emilia nunca había visto.
Sobresaltada al verlo sonreír y charlar con tanta comodidad con aquella desconocida, Emilia perdió la oportunidad de intervenir y terminó escondiéndose.
Aunque no tuvo otra opción, se descubrió espiando su conversación.
Aunque la distancia dificultaba escuchar con claridad, creyó oír algo sobre una deuda y alguien que venía a saldarla.
Era la primera vez que Emilia veía a Mikhail con una expresión tan relajada. A pesar del gesto arrugado en su rostro, parecía interesado en la conversación, encontrando la mirada de la mujer.
Pero la desconocida…
No es de Bartsch.
Traducido por: Valiz
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