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Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 120


—Qué demonios es esto…

—P-por favor, urgh. Déjame, déjame ir.

Los guardias reales que llegaron a Epoheim dudaron en entrar a la escena frente a ellos.

Ni un solo perro que debía estar en las jaulas era visible.

Deberían haber sido al menos diez, pero ¿A dónde habían ido? En su lugar, había personas encerradas en las jaulas.

Las personas amontonadas en los estrechos barrotes notaron a los guardias y gritaron.

—¡Sáquennos! ¡Por favor!

Sus cuerpos estaban cubiertos de inmundicia por haber sido apretados en un espacio tan reducido y contaminado.

Etrez sacó un pañuelo, se cubrió la nariz y se acercó a ellos.

—Gargen.

—¡Por favor, déjennos salir! ¡Le hemos dado dinero al Rey!

—Sí, sí. Señor Etrez. ¿Por qué ha tardado tanto? ¡Esto no fue lo prometido!

Gargen gritó con voz rota desde dentro de la jaula. Su cuerpo mostraba señales de graves palizas.

—¿Qué deberíamos hacer?

Kossel le preguntó a Etrez. Dado que el Duque los había liberado, era muy probable que hubieran confesado.

—¿Cree que lo han dicho todo?

—Señor, estoy seguro de que han confesado todo lo que saben.

—Entonces, no hay necesidad de deliberar más.

—¡Espera, espera! ¿Qué estás diciendo? ¡Señor Etrez! ¡No he dicho nada!

Gargen gritó desesperado. Sentía que podría morir si esto continuaba.

¡Ese bastardo del Duque Heinrich dijo que lo perdonaría!

Si confiesas, serás perdonado. Incluso te daré dinero para que salgas del reino.

Había sido atraído a esa situación, y ahora su vida estaba verdaderamente en riesgo.

En su lugar, tuvo que regresar a la arena de peleas de perros con los guardias del Duque, y se llevaron a los animales con ellos.

Mientras los demás miraban a su alrededor confundidos, sintieron un fuerte dolor en el cuello y perdieron el conocimiento.

Cuando despertaron, se encontraron en una jaula con una bolsa de dinero.

Etrez miró a Gargen con incredulidad.

—¿De verdad no dijiste nada?

—¡Sí! ¿Acaso estaría loco? ¡Mi vida está en juego!

Gargen mintió para salvarse. Hasta cierto punto era verdad. No había hablado, pero lo había escrito todo. Confesó todo, pero al menos no lo dijo en voz alta.

La lógica era tan retorcida como la de un perro, pero con su vida en juego, ¿Qué importaba?

Etrez observó a Gargen defendiéndose con desesperación, sus ojos indiferentes.

—No dejen cabos sueltos.

—Sí, como ordene.

—¿Qué es esta locura? ¿Intentan matarme? ¡No! ¡Deténganse!

—¡Por favor, sálvenme! ¡Sálvennos, mis señores!

Las personas atrapadas en la jaula clamaban. Sin embargo, Etrez no miró atrás y salió de Epoheim.

Sus subordinados rápidamente trajeron trozos de madera y los esparcieron alrededor. Luego sacaron fósforos y prendieron fuego a la madera.

Las llamas cobraron vida casi de inmediato. Se escuchaban las voces agonizantes de la gente, pero los guardias reales cerraron la puerta de hierro y se marcharon como si nada hubiera pasado.

—Asegúrense de vigilar el edificio hasta que quede completamente destruido. No debe quedar ni un solo sobreviviente.

—¡Sí!

Etrez se dirigió al palacio para informar al Rey.

≫ ────•◦ ✦ ◦•──── ≪

El día estaba sombrío. El sol ardiente que antes rociaba polvo dorado sobre las hojas no se veía por ninguna parte.

Las nubes oscuras colgaban pesadas, y parecía que en cualquier momento comenzaría a llover.

La residencia del Duque estaba llena de actividad, quizá por los sucesos de ayer y por la importancia de la boda.

En medio del alboroto, Emilia terminó sus preparativos.

No lo había visto ayer. Después de que los guardias reales vinieron, parecía haberse desvanecido en la ocupación.

Gracias a eso, Emilia había dormido cómodamente y despertó renovada.

—Se ve deslumbrante.

—Gracias. ¿Y el Duque?

—Dijo que iría a la carreta en cuanto terminara sus preparativos.

Emilia respiró profundamente y miró fijamente su reflejo en el espejo.

—¿Podrías dejarme sola un momento?

Dell asintió. Una vez a solas, Emilia caminó hasta la cama y sacó el puñal escondido en la almohada.

Ver el arma intacta le dibujó una sonrisa. Envolvió el puñal en un paño y lo amarró a su muslo.

No podía bajar la guardia hasta que cayera la noche. También recordó tomar la medicina que la doncella le había devuelto.

Debía evitar tener arrepentimientos antes de que fuera demasiado tarde.

≫ ────•◦ ✦ ◦•──── ≪

La boda tuvo lugar en el Salón Majestuoso del palacio principal.

Nobles de todo el reino se reunieron para celebrar el matrimonio.

Fue una boda de una grandeza sin precedentes.

Sin embargo, no todos los rostros en la ceremonia mostraban alegría.

La expresión de Adrian permanecía rígida mientras los observaba.

—Adrian, sonríe. Todos te están mirando.

Ni siquiera con el susurro alentador de Lady Luther, Adrian alteró su rostro sin emociones.

—Me alegra que estés tranquila, Madre.

—¿Acaso no quemamos todo para borrar las pruebas?

—Pero la desaparición de los perros me inquieta. El Duque ha solicitado una audiencia después de la boda.

—No te preocupes. El Duque no podrá hacer nada. A estas alturas, sería demasiado arriesgado para él moverse.

A pesar de las palabras tranquilizadoras de Lady Luther, Adrian seguía intranquilo.

¿Qué hizo con esos perros? Debe haber descubierto algo para solicitar una audiencia.

Traducido por: Valiz

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