Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 116
—¡Ugh!
La presión sobre el muslo del hombre aumentó cuando Mikhail presionó el bastón con más fuerza.
—Solo una pregunta.
—¡Por favor, deténgase! ¡Arrgh!
—¿Por qué duele tanto? Deberías poder soportar más. Es ridículo que alguien que juega con la vida de otros sea tan sensible a su propio dolor.
Mikhail se inclinó y susurró mientras presionaba el bastón casi a través del muslo del hombre.
—¿La familia real sabe de esto?
—¡...por favor, se lo ruego! No sé nada. Solo monté el negocio porque había demanda.
El hombre ni siquiera se inmutó ante la mención de la familia real, confirmando las sospechas de Mikhail. La maldita familia real de Jalliar estaba al tanto de todo.
Fuera Adrian, Lady Luther o ambos, estaba claro que sabían y lo permitían.
—¿Por qué un perro de este lugar, que ni siquiera opera de día, habría salido corriendo de repente?
Los callejones traseros de Delphora estaban lejos del Parque Epfora. Era poco probable que el perro se hubiera cruzado por casualidad en el camino.
Parecía que alguien lo había soltado deliberadamente cerca.
Era demasiada coincidencia que Mikhail se encontrara con el perro de pelea justo en ese camino hoy.
—Este no va a hablar, ¿Verdad?
La voz de Mikhail se volvió gélida. Los guardias reunieron a todos los implicados y se dirigieron a Mikhail.
—Nos encargaremos de la investigación, señor. Su ayuda la ha hecho más fácil. Gracias.
El tono sugería que Mikhail debía retirarse, lo que hizo que su expresión tranquila se resquebrajara.
—Me temo que eso no será posible. Ese perro se lanzó contra mi esposa.
—Incluiremos eso en nuestra investigación...
—No. Me haré cargo yo. Ahora mismo, bajo mi autoridad.
El sudor comenzó a formarse en los rostros de los guardias.
Mikhail señaló al dueño del ring de peleas, que seguía en el suelo sujetándose el muslo.
—Interrogaré a este personalmente.
—...existen procedimientos, señor, y aun siendo usted el Duque, debe seguirlos...
—Yo fui quien colocó al actual Rey en el trono. Eso me da autoridad.
Mikhail se mantuvo firme. Necesitaba descubrir quién estaba detrás de todo esto.
En ese momento, los caballeros de la casa ducal llegaron a Ephoheim.
—¡Señor! ¿Está bien?
—Las noticias vuelan. Perfecto. Llévense a esta gente a la residencia del Duque.
—Entendido.
Los caballeros del Duque comenzaron a reunir rápidamente a los prisioneros. Aquella escena hizo que el jefe de la guardia de la ciudad interviniera apresuradamente.
—¡D-Duque Mikhail!
—Yo mismo informaré al Rey. No se preocupen. Si tienen alguna objeción, pueden venir a verme cuando quieran. Pero sepan que la próxima vez no los recibirá este bastón, sino una espada.
Los ojos carmesí de Mikhail recorrieron fríamente a los guardias.
El capitán, mirando nervioso a su alrededor, forzó una sonrisa incómoda.
—Duque, tal vez sería mejor discutir esto cuando se haya calmado.
—¿Calmado…? Estoy perfectamente calmado.
Mikhail ladeó la cabeza y luego metió su puño cerrado en el bolsillo.
—Mañana es mi boda, y casi tengo que asistir solo. Así que sí, estoy un poco tenso. ¿No lo estarías tú?
Solo Mikhail tenía derecho a amenazar o incluso matar a esa mujer.
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Adrian golpeaba impacientemente su rodilla, el sonido resonando en la habitación.
—¡Su Majestad!
La puerta se abrió de golpe, y Adrian sintió un destello de esperanza, pensando que era la noticia que esperaba.
Sin embargo, al ver a la Princesa Verne, su entusiasmo se desplomó.
Está tardando demasiado.
La tarea que había encargado era lo bastante simple, y aun así no había llegado ningún informe. Empezó a preocuparse.
¿Acaso habían sido atrapados como unos idiotas?
De cualquier modo, esperaba escuchar noticias: que el Duque hubiera quedado lisiado, ciego o, al menos, marcado.
—¡Explíquese! ¿Qué significa esto?
La indignación de la Princesa Verne era evidente mientras se enfrentaba a Adrian. Su voz era fuerte y sus ojos ardían de ira. Temblaba de humillación, sosteniendo un periódico arrugado como si estuviera a punto de arrojárselo al rostro.
—Princesa, por favor, cuide sus modales ante el Rey...
Smack.
—¿Cómo te atreves a interrumpirme? ¿Me tomas por una tonta?
La bofetada hizo que la cabeza de Lady Eston se girara bruscamente hacia un lado.
Era alguien a quien Adrian había asignado personalmente para asistir a la Princesa durante su estancia en el palacio. El hecho de que la Princesa recurriera a la violencia, especialmente frente al Rey, mostraba lo profundo de su herida al orgullo.
—Princesa, entiendo que esté molesta, pero mantengamos la compostura.
—¿Te parezco capaz de calmarme? Tratarme así es una ofensa a todo el reino de Eponsen. ¡Mi compromiso con el Rey no es un asunto personal!
La Princesa Verne arrojó el periódico al suelo, tan abrumada por la frustración que mantener la cortesía se volvió imposible.
Traducido por: Valiz
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