Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 108
Emilia estaba de cara al librero cuando él la jaló de las caderas hacia sí. Con sus grandes manos le abrió las nalgas para hacerse más espacio.
Apenas podía sostenerse de pie, inclinada con el trasero levantado. El crujido detrás de ella era inconfundible.
—Ahh, deténgase, por favor… nos oirán.
—Entonces, la fachada de ser la esposa del Duque no significa que quieras que otros te vean así, ¿Eh? ¿No odiabas la idea de convertirte en mi esposa? —se burló.
—Y usted siente lo mismo, ah.
Con una serie de golpes, sus caderas reanudaron las embestidas bruscas.
La sensación de que él la invadía con rapidez se intensificó. Desde atrás llegaba más profundo, agitándole las entrañas con más fuerza.
—¡Ahh, oh, ohh!
Sus paredes se aferraban a su longitud como si intentaran fundirse con él.
Las embestidas alternadas, lentas y deliberadas unas, rápidas y potentes otras, la hicieron echar la cabeza hacia atrás y gemir sin control.
—¡Ahh! ¡Ahh, ahh!
Por suerte, su mano acallaba sus gritos más fuertes. Intentó apartarse, pero él la sujetó con firmeza, hundiéndose sin detenerse.
—Hah. Estás goteando como una llave abierta.
Incluso el roce de sus dientes en su oído la hacía estremecerse. El miembro caliente y endurecido dentro de ella parecía a punto de estallar.
Justo cuando pensaba que no podía crecer más, se hinchaba aún más. Cuanto más profundo llegaba, más sin aliento se quedaba.
Me va a desgarrar.
Pensó Emilia, sacudiendo la cabeza. Aquella carne descomunal la destrozaba.
—Un miembro más pequeño solo derramaría su semilla y te dejaría insatisfecha. Deberías agradecer… este gran miembro te tapa para que no se derrame ni una gota.
—¡Hah!
A Mikhail no le importaba si las doncellas podían oírlos. Embestía con fuerza, enterrándose hasta el fondo. El cuerpo de Emilia temblaba con violencia con cada intrusión.
—Correrte sola, qué egoísta. Después de tantas veces, todavía vuelves a correrte.
—Hah, ahh…
—Mantén las piernas firmes. Esto apenas comienza.
Los ojos de Emilia se abrieron con sorpresa. ¿Apenas el comienzo? Cuando él empezaba, parecía no tener fin.
¿Y por qué, entre todas las cosas, tenía que ser tan descomunal ahí abajo?
Su resistencia también superaba por mucho a la de una persona común.
Siendo ella solo una persona ordinaria, ya había llegado a su límite. Sus piernas temblorosas habían perdido toda fuerza, apenas se sostenía agarrada al librero.
Sentía que podía desplomarse en cualquier momento.
—Aah… relájate. No lo aprietes como si intentaras partirlo. Deberías hacer eso después de recibir la semilla.
—Hah, ah, ugh.
—Incluso con anticonceptivos, parece que no sabes usarlos bien.
Mikhail se burló, susurrándole al oído. Su sólido cuerpo contra su espalda la hizo exhalar profundamente.
—Me correré pronto, así que apriétalo.
A pesar de sus palabras, lo único que Emilia pudo soltar fue un gemido.
Mientras él aceleraba las acometidas, dejó escapar un respiro lento.
—¡Hah, ah! ¡No, detente! ¡Mikhail!
—Maldita sea.
Se vació dentro de ella, llenándola de fluido caliente. Al mismo tiempo, sus pliegues mojados liberaron un chorro de líquido transparente.
Incluso después de correrse, no detuvo sus movimientos. La intensidad de su clímax hizo que todo su cuerpo temblara como electrizado.
El suelo se humedecía más con cada instante.
Pero él no paró. A pesar de haberse corrido varias veces, su cuerpo seguía recibiéndolo dentro.
Emilia luchaba contra el placer abrumador, sintiéndose atrapada por el éxtasis que él le imponía.
Sudor o lo que fuera seguía escurriendo entre sus piernas. El aire estaba cargado con un aroma denso.
Ignoraba sus súplicas. De todos modos, nunca fue alguien que la escuchara.
Emilia se sentía como una muñeca, allí solo para recibir su semilla.
Tan frustrante y humillante como era, alcanzaba un clímax tras otro. Cada uno tan dulce que se sentía como un fruto prohibido imposible de resistir.
Él amasaba con fuerza sus pechos rebotantes, y el orificio blando no ofrecía resistencia a su gran miembro, aceptándolo una y otra vez.
Mikhail se corrió dentro de ella varias veces, decidido a vaciarse por completo.
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Después de varias rondas, Emilia al fin escapó de la biblioteca.
Sus piernas temblaban sin control, y el implacable embate la había dejado hinchada y adolorida. Cada paso causaba una fricción que la obligaba a morderse el labio para no gemir.
Su expresión furiosa hizo que los sirvientes que pasaban se apresuraran a saludarla y apartarse de su camino.
Era en parte por el Duque que la seguía.
—¿Por qué me sigue?
—Simplemente vamos en la misma dirección. Por si lo has olvidado, esta es mi casa.
—…..
Cada aspecto de él le irritaba. Se giró bruscamente para fulminarlo con la mirada.
Verlo tan sereno después de todo la enfurecía. ¿Por qué era capaz de destrozarla como una bestia y, sin embargo, solo ella quedaba hecha trizas después?
Traducido por: Valiz
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