Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 106
—…aah…
Cuando Emilia dejó escapar un pequeño gemido, él inmediatamente se hundió en su parte baja.
Provocador, rozó su mano contra su carne y luego de pronto se desvió para sujetar sus nalgas y abrirlas.
Cada vez que sus tensas mejillas eran separadas, su carne húmeda producía un sonido pegajoso y resbaladizo. El ruido húmedo de los pliegues hinchados apartándose llenó el aire.
Mikhail, burlándose de ella, evitaba el sensible punto, recorriendo todo alrededor.
—¿Lo estás deseando? —preguntó de repente. Emilia casi respondió que sí.
Incluso sin ser tocada, ya estaba empapada. Sintió el líquido escurriéndose entre sus piernas y apretó los ojos.
—Supongo que no.
Su mano, que la había estado provocando, de pronto se hundió en su hendidura. Su toque en el sensible punto fue más brusco que de costumbre.
—¡Ahh! Por favor, me oirán…
—Que lo hagan. ¿Acaso no hay ya suficientes rumores? Una pareja tan enamorada que no puede quitarse las manos de encima, sin importar el lugar.
—Eso es…
—Vamos, di otra grosería.
Sus dedos implacables jugaron con su punto, tocándolo con el índice antes de presionarlo y sacudirlo con fuerza.
Su cuerpo se sacudía y retorcía entre él y la estantería. Atrapada, solo podía jadear en sus brazos.
Entonces, de repente, se detuvo.
—Dime, Emilia.
—Aah, ¿Qué… qué quiere…?
—Si me lo suplicas, quién sabe. Quizá te dé lo que quieres.
—…
—Ya que me he convertido en un bastardo parecido a un perro, tal vez debería lamer ahí abajo como uno.
—No digas tonterías.
Se mordió el labio. Intentó contenerse, pero él estaba decidido a hacerla decir lo que quería.
—¿Ya estabas mojada antes de que siquiera te tocara, y aún finges que no lo deseas? Sigues siendo tan deshonesta.
Sus dedos presionaron más fuerte sobre su punto, haciéndola agarrar sus hombros con desesperación.
—Ah, no, basta. ¡Mmph!
Cuando su visión fue liberada, su boca fue cubierta.
Sus gemidos ahogados no escaparon.
—¿De verdad quieres que todos te escuchen correrte así? Se supone que eres una Duquesa digna.
—Mmph, mm.
Él hundió sus dedos húmedos en su entrada palpitante.
Al entrar tres dedos de una vez, ella jadeó con fuerza.
—Ah, ah… mmm.
Su cuerpo, que acababa de correrse, empezó a temblar de emoción otra vez. La intensidad del placer la hizo aferrarse con fuerza a sus hombros.
Los dedos producían sonidos húmedos al entrar y salir, haciendo que la visión de Emilia se nublara otra vez con placer.
—Oh, otra vez, ah… mmm.
Él inclinó la mano hacia arriba, rozando sus paredes internas.
—¡Mmm!
—No importa. Dudo que de esa bonita boca salga algo bueno de todos modos.
Ella pensó que desabrocharía su cinturón y se hundiría en ella, pero simplemente retiró lentamente sus dedos empapados.
Un chorro de sus jugos corrió entre sus piernas.
—…..
Emilia, apenas capaz de mantenerse en pie, lo miró, jadeando.
Sus piernas se sentían débiles, y pararse era un esfuerzo. A pesar de intentar cerrar las piernas por vergüenza, su entrada hinchada y temblorosa seguía goteando fluidos.
—Después de correrte tantas veces, probablemente dejarás un rastro hasta tu habitación.
—…..
Lo fulminó con la mirada. Su rostro sereno la irritaba enormemente.
—¿Por qué no intentas caminar a tu cuarto así?
¿De verdad iba a dejarla así?
Sus ojos se abrieron de par en par. Parte de ella se sintió aliviada, pero otra parte vacía e insatisfecha. La sensación persistente y punzante abajo la hacía pararse torpemente, mientras lo miraba con furia.
—¿Qué? ¿Necesitas la verga del hombre que odias? Pensé que dijiste que no.
—….no la necesito.
Él se encogió de hombros. Miró lentamente su estado desordenado. Extendió la mano y volvió a vestirla, acomodándole la ropa.
Con una sonrisa diabólica, salió de la biblioteca.
—Ah…..
Solo entonces Emilia se desplomó en el suelo. Por fin se dio cuenta de lo que había hecho. Su mente estaba en un caos.
Con dificultad logró recomponerse y se puso de pie. Tal como él había dicho, sentía la humedad entre sus piernas.
—Haah.
Recogió los libros esparcidos y comenzó a colocarlos de nuevo en los estantes, tratando de calmar su corazón desbocado.
De no ser por las manos que se aferraron a su cintura desde atrás, Emilia habría logrado apaciguar su cuerpo encendido.
—¿Por qué, por qué regresó?
—No se sentía bien ser el único en huir.
—Qué descaro tiene para hablar sandeces.
—Notable lo rápido que lograste recomponerte.
Con la voz de Mikhail, volvió a humedecerse.
—No es tan fácil que esto se calme. Gracias a alguien.
—Parece que fuiste tú la que se quedó deseando.
Emilia se giró hacia él, apoyándose contra la estantería mientras levantaba una pierna para presionar contra su muslo.
—Dilo entonces. Tal vez lo considere.
La sonrisa de Mikhail se ensanchó. Incluso en ese momento, sus rasgos deslumbrantes la dejaron momentáneamente aturdida.
Quizás realmente había perdido la cordura.
Traducido por: Valiz
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