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Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 105


Mikhail rió suavemente.

Incluso si fuera cierto, se permitió ser seducido.

Parece que el Duque sí le dijo que me sedujera.

¿Qué había cambiado en su mente? ¿Qué esperaba ganar con esto?

Usualmente, por cada paso hacia adelante, retrocedía dos, pero esta vez no lo hizo.

Sus ojos lo miraban de frente, llenos de una aguda inteligencia. Como si creyera que lo que buscaba estaba en sus ojos.

Ah.

Así que eso era.

Mikhail apenas pudo contener la risa. Pero se abstuvo de burlarse de Emilia, que estaba ansiosa por confirmar sus sospechas.

Antes de reír más fuerte, y antes de que ella descubriera lo que estaba buscando, se detuvo.

Mikhail presionó sus labios contra los de ella. Mientras empujaba su lengua en su boca, explorando sus profundidades, le cubrió los ojos con su gran mano.

Su saliva dulce se mezcló. Rozó sus dientes con la lengua, envolviendo la de ella, arrancándole suaves gemidos de los labios.

—Hmm…

Ella no lo apartó, demasiado culpable por haber sido quien inició esto. Su agarre en el cuello de su ropa se endureció, su cuerpo se tensó.

Mikhail tiraba de sus labios con avidez, hundiendo su lengua más profundo, provocando su delicada boca. Recogió la saliva que se escapaba.

También se aseguró de sujetar con firmeza la estantería.

Sabía que ella era del tipo que escapaba a la menor oportunidad, así que bloqueó cualquier posibilidad de retirada.

El momento en que decidió seducirlo, debía haber considerado esto. Parecía sin aliento e intentó empujarlo.

Mikhail bajó la mano y la sujetó con fuerza de la cintura.

—Recuerda, tú fuiste la que me sedujo.

—Pensé que no era del tipo que caía en tales seducciones.

—Si una bestia conserva la razón, entonces es un humano, no una bestia.

—Ugh…

Mikhail mordió su cuello. Sus dientes rozaron su piel, haciendo que su cuerpo se retorciera.

—Deténgase… Ah… ¿No dijo que odiaba estar conmigo?

Emilia echó la cabeza hacia atrás, apoyándose contra la estantería, su pecho subía y bajaba rápidamente con cada jadeo.

—¿Alguna vez viste a una bestia ser quisquillosa con su presa?

Su respiración se entrecortó, entre la anticipación y el temor.

—Si quedas embarazada, incluso si lo suplicas, no podré hacerlo.

—¿...de verdad cree que tendría un hijo?

Emilia exhaló despacio. Su aliento tembló mientras sus palabras le erizaban la piel del cuello.

—No importa si no lo tienes.

—Es su hijo; por supuesto que importa.

—Emilia, ¿Qué esperas de mí?

Le apretó el pecho con tanta fuerza que parecía que iba a estallar, su carne suave sobresalía entre sus gruesos dedos.

Incluso a través de su ropa gruesa, podía sentir su miembro presionando contra ella. La sensación era más intensa al tener la visión bloqueada, y se mordió el labio para contener la reacción.

Esto no era el plan.

Había iniciado esto para ver si había ondas doradas en sus ojos rojos.

Pensaba que el odio mutuo entre ellos impediría que respondiera a su provocación.

Era una apuesta nacida de la desesperación.

Y aun así, él había caído tan fácilmente.

¿O realmente había caído?

La sola idea de estar con él le resultaba repulsiva, pero no podía negar el calor que se extendía allí donde la tocaba.

—Ah.

Mientras su mente giraba en la confusión, su cuerpo se rendía al momento.

Él encontró sus pezones duros bajo la tela fina, provocándolos ligeramente. A pesar del contacto indirecto, su cuerpo se retorcía.

—Ah… ugh…

Un escalofrío la recorrió, haciéndola estremecerse.

—Sigues siendo tan sensible. ¿Y si los sirvientes que pasan te oyen?

—Entonces… debería detenerse… ah…

Mikhail le bajó la ropa suelta de un tirón. Sus pechos, cubiertos apenas por la tela delgada, quedaron expuestos.

Sintió una ola de vergüenza. Aunque ese rincón de la biblioteca estaba oscuro, sabía que sus ojos verían todo.

O tal vez estaba más iluminado de lo que recordaba. No podía saberlo; tenía los ojos cubiertos.

—Ugh, es tan frustrante.

—Es mejor si no ves. La última vez que te miraste al espejo, te excitaste.

—¡Ah! No diga esas cosas.

—Entonces, ¿De qué deberíamos hablar mientras hacemos esto? ¿De qué tipo de conversación crees que deberíamos tener?

—Al menos… ngh, no de esto… no de este tipo de cosas.

Su agarre se tensó mientras masajeaba su pezón.

—Ugh.

—Entonces solo haz esos sonidos de gemido.

Ella se recargó con fuerza contra la estantería, apenas podía mantenerse en pie. Su mano ardiente se movió de su pecho hacía entre sus piernas.

Su otra mano seguía sobre sus ojos.

Eso la frustraba, pero también aumentaba la expectación.

Aun sabiendo que era una locura, ya estaba mojándose.

Mientras una comezón crecía dentro de ella, sus piernas se apretaron instintivamente. Pero su fuerte muslo las separó sin esfuerzo.

Traducido por: Valiz

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