Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 103
Emilia estaba leyendo libros en la biblioteca, ninguno de ellos sobre el ducado. En su lugar, había numerosos volúmenes acerca de Valoh y del reino de Bartsch.
—¿Por qué hay tantos libros reunidos aquí?
Entre ellos estaba una genealogía de la nobleza de Bartsch.
Emilia abrió la página marcada con la Casa Ducal Loren.
—No esperaba que estuviera detallada con tanta minuciosidad…
Incluía a los sirvientes de la casa, la extensión de las tierras, los bienes e incluso una cantidad estimada de fondos ocultos de los territorios.
Todo estaba escrito allí.
—Esto es una lectura bastante interesante.
—¡Ah!
Emilia se sobresaltó tanto que casi cayó al suelo, pero en su lugar chocó contra el estante, provocando que los libros cayeran sobre su cabeza.
Mientras se cubría rápidamente la cabeza con las manos, el golpe de los libros al chocar contra el suelo resonó a su alrededor.
—¿De verdad es tan sorprendente?
Al oír su voz tranquila, Emilia levantó la vista y exclamó.
—¿Por qué se acerca a alguien de esa manera…?
Entonces se dio cuenta de que él había extendido la mano y la había protegido de los libros que caían.
Cuando levantó la cabeza de golpe, su rostro quedó muy cerca del de él. Emilia retrocedió en cuanto se dio cuenta de que estaba atrapada entre sus brazos.
—¿No se supone que un ex caballero debería percibir tal presencia?
—…o quizá su gracia lo oculta demasiado bien.
—Eso hace a un caballero hábil. A diferencia de ti.
Emilia lo fulminó con la mirada, apoyada contra el estante.
—¿Qué lo trae aquí?
—Escuché que estabas en la biblioteca. Y tenía curiosidad por lo que estabas leyendo…
Se agachó para recoger el libro que había caído al suelo. Era uno de los que ella había estado leyendo.
Emilia observó en silencio mientras él sostenía el libro en su mano.
—No esperaría que un libro que pertenece a una biblioteca real estuviera aquí.
—Ya que fui yo quien colocó a Adrian en su posición.
Mikhail respondió con indiferencia, devolviendo el libro al estante.
—¿Qué era tan importante como para que tuvieras que investigarlo aquí? Podrías haberme preguntado.
—¿Me habría respondido?
—No habría razón para no hacerlo.
Sonrió y cruzó los brazos sobre el pecho.
Emilia apartó la mirada con naturalidad de su antebrazo musculoso que quedaba al descubierto por las mangas remangadas. Había tendones gruesos que sobresalían. Al seguir la línea de los músculos divididos estaban los dedos largos con nudillos prominentes.
—Entonces, ¿Qué te trajo hasta la biblioteca?
—Solo matar el tiempo. Luego encontré este libro. ¿Hay algo escondido aquí que le preocupe?
—No hay nada que valga la pena ocultar.
—¿Por qué entonces la familia real permanece en silencio sobre la muerte de la doncella?
—Te lo dije antes. Fui yo quien lo colocó en ese puesto.
Emilia se quedó sin palabras ante su actitud tan audaz.
Reclamar la responsabilidad de la posición de Adrian parecía como si estuviera por encima incluso del Rey.
Su cabello dorado lucía ligeramente despeinado incluso en la penumbra. Era distinto a su habitual cuidado meticuloso.
Sus ojos, caídos con desgana, llevaban un brillo sutil. Emilia abrió mucho los suyos al mirarlo de frente.
Es difícil de ver.
No había esperado verificarlo tan pronto.
Era inesperado, pero lo sintió como un momento afortunado, y sostuvo su mirada sin titubear.
A través de sus pestañas entrecerradas, se distinguían sus iris rojos, y creyó ver un destello dorado más allá de ellos. Sus ojos se entrecerraron un poco.
—¿Diría lo mismo frente al Rey?
Emilia continuó provocándolo. Solo un poco más, un poco más. Y podría confirmar que en verdad había una onda dorada dentro de esos ojos rojos.
¿Poseía acaso evidencia de la estirpe real Stein? Tenía que verlo por sí misma.
—¿Acaso parezco alguien que no podría hacerlo?
—…quizá.
Un mechón de su cabello cayó levemente, cubriendo sus ojos donde el rojo y el dorado danzaban juntos.
—No lo entiendo. Si está tan seguro, ¿Por qué no ha considerado convertirse usted mismo en Rey?
—…
—El príncipe Adrian solo tenía una línea de sangre mestiza. ¿Qué diferencia habría si alguien sin sangre real se convirtiera en Rey, dado que la legitimidad ya se está derrumbando?
—En eso tienes un punto.
Mikhail soltó una breve risa, luego comenzó a apartarse de ella.
¡No!
Emilia aún no había logrado ver sus ojos con claridad.
Sin pensar, extendió la mano y agarró el cuello de su camisa, tirando de él para cerrar la ligera distancia entre los dos.
—¿…?
Sus ojos rojizos destellaron con un atisbo de sorpresa mientras intentaban descifrar apresuradamente sus intenciones.
Necesito decir algo.
Emilia forzó su mente en busca de alguna palabra, pero en ese momento ninguna surgió. Se sentía como si su cabeza se hubiera congelado al igual que su mano impulsiva.
—¿No quiere ser Rey? Alguien como Adrian no debería estar en el trono.
Adrian carecía de las cualidades necesarias para un rey. No mostraba empatía hacia los demás ni hacia sus circunstancias, ni hacía esfuerzo alguno por cuidar.
Su atención se centraba únicamente en su propia comodidad y en los placeres que podía obtener del poder.
Traducido por: Valiz
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