Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 101
Emilia sintió que un dolor de cabeza comenzaba debido a la repentina llegada de Ellyn y las doncellas.
Más precisamente, se debía al vestido de novia y a los diversos accesorios enviados desde la casa real.
—¿Qué es todo esto?
—Son necesarios para la ceremonia de boda pasado mañana. Han sido preparados y enviados por la casa real.
—…
Emilia miró el vestido de novia que habían sacado de la caja.
—Necesitamos comprobar si le queda bien. La ayudaré a probárselo.
Por mucha renuencia que tuviera, no haría gran diferencia.
Emilia se levantó de la silla. Las doncellas se movieron rápido para ayudarla a ponerse el vestido.
Tras vestirla de la cabeza a los pies con el atuendo real, terminaron.
—Parece que solo debemos ajustar un poco la cintura.
No había esperado que los preparativos de la boda fueran así, pero obedeció sin preguntar.
—Entonces haremos los ajustes. ¿Hay algo que le resulte incómodo?
—No, no lo hay.
Emilia se contempló a sí misma en el vestido de novia.
El vestido blanco tenía un escote bajo cubierto con encaje, un diseño adornado con delicados bordados dorados que atraían la vista. Lazos atados a cada lado de la cintura y capas de falda se superponían añadiendo opulencia.
Su cabello rojo resaltaba aún más contra el blanco intenso del vestido.
—Se ve realmente hermosa.
Emilia no pudo sonreír ante el comentario de Ellyn. Para otros podía ser una boda feliz, pero no para ella.
De pronto, la realidad la golpeó. ¿Qué sería de ella una vez casada con el Duque Heinrich?
—He oído que el Duque Loren también asistirá a la boda de la señora.
—¿...mi padre?
—Sí, así es. La familia real ha concedido permiso.
—¿Eso significa que mis padres ya no tendrán que permanecer en prisión?
—No estoy segura de eso.
Su padre no había vacilado en sus convicciones. No apoyaría a Adrian solo con palabras.
La inesperada noticia de la asistencia de su padre a la boda la alteró.
Pero quizás era una oportunidad.
Emilia pensó en la daga escondida. El día de la boda, si se presentaba la ocasión, lo apuñalaría y escaparía de ese lugar.
Prefería morir antes que vivir así. Sin embargo, hasta ahora el Duque no le había permitido tener siquiera ese control sobre su destino.
Pero él mismo le había dicho que ocultara sus garras y esperara el momento adecuado. Emilia pensó que esa oportunidad podría llegar durante la boda.
La familia real ofrecía un gran banquete, y todo el reino asistiría.
Quizá fuese su ocasión para escapar en medio del caos.
—¿Ya hemos terminado?
Levantó el velo. Solo entonces volvió a sentirse un poco como ella misma.
—Sí, ya puede cambiarse a ropa más cómoda.
Permitió que la ayudaran a quitarse el incómodo vestido de novia.
—Señora, de verdad será una boda magnífica.
Dell trató de sonar animada.
—Una boda es un día para la felicidad. Siendo la novia más hermosa, sin duda será un día feliz para usted.
El semblante de Emilia permaneció grave mientras le quitaban el vestido.
—Dell, para que una boda sea feliz debe haber satisfacción. Y entre el Duque y yo, no hay condiciones para la satisfacción.
—Señora…
La voz de Dell vaciló al llamarla.
—Así que, aunque la boda de dentro de dos días sea más fastuosa que cualquier otra, la novia será la más infeliz de todas.
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—Nunca pensé que nos encontraríamos aquí.
—Ni yo.
Mikhail respondió mientras alternaba la mirada entre Adrian y la mujer que lo acompañaba.
El parecido de la mujer con Emilia resultaba perturbador.
Se parece a una rosa marchita.
A diferencia de Emilia, que evocaba la imagen de una rosa roja, la mujer junto a Adrian tenía un cabello que a veces parecía castaño y otras con tintes rojizos.
Sus ojos brillaban mientras miraba a Adrian, evidentemente ansiosa por ser presentada.
Llevaba el sombrero calado, pero cuando sopló el viento su rostro quedó plenamente expuesto. Tenía la piel impecable, sin pecas, y era innegablemente hermosa.
Adrian estaba mirando la caja en manos de Mikhail. Incapaz de esperar más, la mujer se presentó.
—Soy Blair von Berne.
—Una Princesa de Eponsen, ya veo. Soy Mikhailvon Heinrich, Duque Heinrich.
—¡Dios mío! Usted debe de ser el famoso Duque Heinrich. Nunca pensé que llegaría a conocerlo en persona. Es todo un caballero.
Tras el intercambio de saludos, Adrian continuó.
—He perdido el momento perfecto para presentarlo. El Duque Heinrich es un aliado firme y camarada mío.
La Princesa Verne asintió y miró a Mikhail con expresión encantada, lo que hizo que los labios de Adrian se curvaran apenas.
—El Duque es, en verdad, apuesto. Muchos lamentan que ya esté comprometido.
—Ah, está casado. Claro, un hombre tan encantador no estaría soltero.
Mikhail escuchó su conversación y alzó con gracia las comisuras de los labios.
—Gracias por sus amables palabras, alteza.
—…oh, cielos.
La princesa se mostró visiblemente complacida con su impecable saludo.
—Parece que también está familiarizado con las costumbres de Eponsen.
Mikhail tomó suavemente la mano que la princesa Verne le ofrecía y besó el dorso.
Traducido por: Valiz
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