Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 85
Mikhail logró finalmente deshacerse de Leah, quien sollozaba y se agarraba el tobillo con dolor.
—Oh, ¿Qué debo hacer? Creo que me he torcido el tobillo.
Su paciencia realmente estaba siendo puesta a prueba.
Sin embargo, no parecía que estuviera mintiendo. Mikhail se agachó para levantar ligeramente su falda, revelando un tobillo algo hinchado. Incluso un toque suave provocó un gemido de Leah.
—Llame a un caballero.
—¡Pero, Duque!
Ella rápidamente agarró la ropa de Mikhail.
—Por favor, no me deje sola. No quiero estar sola en un lugar extraño.
Las lágrimas corrían por sus mejillas, manchando su vestido blanco con la tierra de la hierba en la que había caído.
—Por favor, llévame con usted…, ¿Sí?
Leah suplicó, aferrándose a él como si no lo fuera a soltar. Sin tener más opción, él la levantó en sus brazos.
Leah naturalmente envolvió sus manos alrededor de su cuello.
—Gracias.
Sorprendentemente tranquila al ser alzada tan alto, simplemente miraba su rostro.
—Perdón por ser tan grosera. Es mi culpa por causar problemas.
—Es bueno que lo reconozca.
—¿...le debo algo por esto?
—No me debe nada, no hace falta que pague.
—Pero me está llevando de vuelta a la mansión. Sabe, esta es en realidad la primera vez que alguien me carga… hehe.
Ella rió, sus ojos enrojecidos pero brillando con una felicidad no solicitada. Él ignoró fríamente su mirada.
—¿Sigue riendo después de ser regañada?
—Duque, ¿Me encuentra poco atractiva? Siempre dicen que soy bonita… ¿Qué opina de mi figura? Oh, tal vez no le guste mucho… pero no puedo hacer nada al respecto. Nací así, no hay manera de reducirlo.
—Lady Chevron.
—Sí, por favor, hable.
Una vez más, ella sonrió brillantemente mientras le parpadeaba.
Molestamente alegre. Parecía siempre brillar, como si la oscuridad nunca hubiera tocado su vida.
A diferencia de alguien, ella era luminosa y mostraba un interés amigable. Era el tipo de mujer de la que cualquiera se encariñaría.
Sin embargo, ¿Por qué esa persona lo molestaba incluso ahora?
Estaba molesto de muchas maneras.
—Por favor, cállese.
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Emilia respondió sin vacilar.
—No tengo curiosidad.
Pero su respuesta no importó a Adrian.
Él tomó su mano y rápidamente bajó las escaleras, luego solicitó un recorrido por el jardín de la mansión.
Nadie allí podía rechazar al Rey. Ella no tuvo más opción que seguirle.
—Si entiende que no estoy bien y no puedo caminar mucho.
—Por supuesto. Estaré muy agradecido por su guía, Señora.
Emilia se preguntaba por qué de repente quería ver el jardín. Sentía que algo desfavorable estaba a punto de ocurrirle.
Pensó en ir hasta la mitad y luego regresar a su habitación bajo el pretexto de no sentirse bien.
Aferrándose a la barandilla de la escalera, descendió lentamente. Adrian le ofreció su mano, pero ella no la aceptó.
—Estoy bien por mi cuenta.
—No parece que esté bien en absoluto.
—Gracias por si preocupación, pero puedo manejarlo sola. ¿Cómo podría manchar la mano de Su Majestad?
—Si se vuelve demasiado difícil, agárrese a mí.
—……
Emilia persistió con obstinación. Sosteniéndose de la barandilla, continuó bajando las escaleras.
El estrés hizo que su visión se oscureciera y luego se aclarara repetidamente.
No puedo caer aquí. Sería un problema.
Con el Duque no cerca, no podía permitirse más situaciones imprevistas.
No sería genial estar sola con Adrian, pero seguro que era mejor que caer enferma.
—¡Ah!
Emilia sintió que vacilaba por un momento y se aferró con fuerza a la barandilla.
Solo después de llegar al final de las escaleras respiró aliviada.
—¿Ve? Le dije que tomara mi mano.
Sin darle oportunidad de rechazarlo, Adrian rápidamente tomó su mano y entrelazó sus brazos con ella.
Luego, caminaron lentamente por el amplio vestíbulo, él adaptando su paso al de ella, un cuidado meticuloso que ella nunca deseó.
Justo cuando estaban a punto de cruzar el vestíbulo y salir por la entrada de la mansión, sus pasos se detuvieron de golpe.
Era como si sus pies estuvieran pegados al suelo.
…Duque Heinrich.
Él se acercaba a la mansión, llevando a una mujer en sus brazos. La mujer se aferraba a su cuello. Con una cara tan linda como la de un conejo, la dama no dejaba de hablarle.
Aunque no podía entender lo que se decía, la risa parecía no abandonar el rostro de la mujer.
¿...riéndose?
¿Qué podría ser tan divertido? ¿Qué podría hacerla reír de esa manera?
Emilia sintió como si algo presionara su pecho.
¿Qué le importaba a ella si él estaba jugando con otra mujer?
Debería haberse sentido aliviada. Eso significaba que podía escapar de su atención, aunque solo fuera un poco. Pero, ¿Por qué eso la hacía sentir tan… vil?
Traducido por: Valiz
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