Nunca Quise Tener Un Hijo Suyo - Novela Cap. 142
—¡Me engañó por completo! Oh, ¿Ese cabeza hueca por fin ha abierto los ojos a la belleza ahora que está enamorado? …pero, como era de esperarse, no ha cambiado nada.
Tal como decía, no había una finca noble sin al menos una flor bien plantada.
—¿Cree que plantar flores aquí cambiaría el ambiente?
—Quizás. Parece que alguien ya notó un cambio.
—¿...se refiere al Duque?
Preguntó Emilia con incredulidad. Boestin recordó la expresión de sorpresa de Mikhail cuando la vio sonreírle.
—Hm, ¿No lo siente más usted, señora?
—No logro entenderlo. No sé lo que piensa ni qué siente.
—Y aun así, parece que puede verlo todo a través de él. Por eso lo llamé insufrible.
Boestin mordió una galleta, entrecerrando un poco los ojos.
Esto se está volviendo bastante divertido. Ya no quiero volver a Valoh.
Al principio había buscado alojamiento separado porque pensó que este lugar sería lúgubre, pero ahora se sentía atraída por la residencia del Duque.
—Señora, en realidad tengo un favor que pedirle.
—¿Qué tipo de favor? No puedo prometer que pueda cumplir muchas peticiones.
Su lindo rostro se ensombreció rápidamente.
—No es una petición difícil.
Boestin se limpió la boca con una servilleta y la enjuagó con té. El aroma la refrescó.
—Las tuberías de agua de mi alojamiento estallaron.
—Debe ser muy inconveniente. ¿Sabe cuándo las repararán?
—Dicen que tomará al menos un mes… es temporada social, y como estamos en la capital, no es fácil encontrar un lugar donde quedarse.
—Entonces, ¿Cómo puedo ayudarla? Me gustaría ofrecerle aunque sea una pequeña ayuda.
—Si pudiera quedarme aquí como invitada de la residencia del Duque, estaría más que agradecida. Además, me daría más oportunidades de conversar con usted antes de regresar a Valoh…
Dudó.
Sin duda era por Mikhail.
—No se preocupe por el Duque. ¿Cree que echaría a la única compañera de la academia con la que sigue en contacto?
Usa tus conexiones cuando el viento no sopla a tu favor.
Boestin cambió repentinamente su relación de deudora y acreedor a compañeros de estudios.
Era alguien que sabía manejar las situaciones con destreza.
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Había pasado tiempo desde la última vez que Emilia comió con alguien de fuera.
Quizás por eso la comida sabía especialmente deliciosa ese día.
No era frecuente que compartiera una comida con Mikhail, pero no esperaba almorzar con una invitada. Comer con alguien amable la hacía sentir como si hubiera hecho una amiga.
El tierno pecho de pato estaba perfectamente acompañado por un suave aderezo de naranja. Las delicadas hojas verdes y los champiñones asados añadían una sinfonía de sabores, sus jugos mezclándose en la boca. Los platos de acompañamiento también estaban en perfecta armonía.
El problema, sin embargo, estaba en el ambiente.
Cada vez que Mikhail y Boestin cruzaban miradas, Emilia sentía que el corazón se le hundía.
Mejor no pensar en eso.
Sería lo más sensato. Si seguían comiendo juntos así, sentía que terminaría atragantándose.
Incapaz de contenerse más, Emilia preguntó de pronto a Mikhail:
—¿Cuál es exactamente el problema aquí?
—Nunca dije que hubiera un problema.
—Viéndolos a ustedes dos, parece que hay bastantes problemas.
Emilia suspiró mientras hablaba. Ante su respuesta, Boestin aprovechó el momento para intervenir.
—Mikhail sí que tiene sus problemas. Debería moderar esa mirada tan afilada que le lanza a una invitada durante la comida.
—Si la invitada es tan indeseada, debería entender la indirecta e irse.
—¿Por qué habría de ser indeseada? Mira la deliciosa comida que la señora ha preparado para mí.
Boestin se rió, claramente intentando provocarlo.
Emilia sintió que si permanecía allí más tiempo, acabaría atrapada en sus discusiones todo el día. Finalmente, se limpió la boca con una servilleta y dijo:
—Si van a pelear durante la comida, me retiraré.
—No haga eso. Quédese sentada. No pelearemos.
Boestin la jaló de inmediato de vuelta a su asiento. Luego, lanzándole a Mikhail una mirada significativa, añadió:
—Deberías ser amable con tu amiga. Si no tienes amigos y yo también me voy, entonces realmente no tendrás a nadie.
—Sigo sin entender por qué actúas como si fueras mi amiga.
—Estás siendo irracional.
Boestin se metió un trozo de pato en la boca, entrecerrando ligeramente los ojos.
Los dos siguieron discutiendo después.
—Si me echas, solo le causarás problemas a la señora. Nadie disfrutaría eso. Qué tonto.
—Lady Evelyn, le agradecería que eligiera sus palabras con más cuidado.
—Por supuesto, por supuesto. Pero ya que solo estoy diciendo la verdad, deberías prestar atención. Es una necedad poner en entredicho la reputación de tu señora.
—¿...por qué eres siquiera invitada de Emilia?
—Porque me concedió permiso. Decidimos ser amigas desde hoy.
Emilia se atragantó con la comida, al haber sido arrastrada de pronto a su discusión.
Después de beber un sorbo de agua, miró a Boestin.
¿Éramos amigas? ¿Cuándo pasó eso?
Había dicho que la ayudaría, pero no habían hablado de nada en concreto.
—…así es.
Asintió a regañadientes.
Traducido por: Valiz
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