Incluso el Villano Tiene Una Historia - Novela Cap. 80
La ciudad de los enanos (3)
Fluía como el agua, pero cuando atacaba lo hacía con certeza. Con un solo tajo, el brazo izquierdo del guardia fue cortado limpiamente. Aunque intentó cambiar la espada al brazo derecho, en el momento en que se convirtió en manco, la victoria ya estaba decidida.
Geon-joo se lanzó contra su guardia y hundió la espada profundamente en su grueso cuello. Tal vez lo había visto y aprendido en alguna parte, porque sus movimientos carecían de torpeza.
¡Puc!
Con fuerza empujó la espada más adentro y un grito seco estalló de la boca del guardia.
—Grrrk.
El enorme cuerpo comenzó a desplomarse lentamente hacia el suelo.
¡Kuaang!
El guardia quedó arrodillado, con la espada clavada profundamente en la tierra y la cabeza inclinada. La postura, como si estuviera rindiendo culto a alguien, dejó a Geon-joo desconcertado. Sa-yoon saltó desde arriba y le acarició la cabeza.
—¿Está intentando rendirse, acaso?
—¿Yo?
—No, él.
Geon-joo miró a Sa-yoon como si hablara tonterías y luego señaló al guardia. La postura de rodilla en tierra, la cabeza baja y la empuñadura firmemente agarrada. Parecía el final perfecto de un caballero.
—¿De verdad lo ves vivo todavía, bonito?
—¿Eh?
—Ese ya está muerto.
—……
—Los guardias de la Ciudad de los Enanos mueren así. Mantienen su orgullo de proteger al Rey del mundo que llaman ciudad.
Para mostrar que no mentía, Geon-joo dio un par de golpecitos en el hombro del guardia. El cuerpo inerte no reaccionó. Sa-yoon sacó la espada y le cortó la cabeza de un tajo, sosteniéndola en la mano. Poco después, el cadáver se deshizo en polvo y, en su lugar, quedó la espada convertida en el mapa que buscaban.
Geon-joo, sin necesidad de que se lo pidieran, desplegó el papel viejo.
—Hay un pasadizo secreto.
—Guíame.
—De todas formas, pensaba hacerlo.
Contestando casi a regañadientes, Geon-joo avanzó siguiendo el mapa. Sa-yoon lo siguió por detrás, balanceando la cabeza del guardia.
El pasadizo estaba conectado al subsuelo. Al abrir la puerta hacia abajo, apareció un corredor blanco que recordaba a un contenedor. No en vano se llamaba pasadizo secreto: no había rastro de enanos.
—No hay ni un monstruo.
—Estríctamente hablando, no es que no haya.
—¿Entonces?
—En los pasadizos secretos no aparecen otros enanos, pero a veces surge un monstruo oculto.
—¿Un monstruo oculto?
—Sí, de esos que al derrotarlos te dan un ítem.
Eran prácticamente de nivel subjefe. Al escuchar que soltaban objetos, los ojos de Geon-joo brillaron, y Sa-yoon soltó una risa breve. El bonito que algún día sería un gran comerciante también soñaba en grande.
—¿Y por qué te pones tan feliz? ¿Crees que tú lo vas a poder matar?
—…en realidad, no me emocionó tanto.
—Borra esa codicia de los ojos antes de hablar.
Geon-joo, obediente, se frotó los ojos con la mano, haciendo ruido, y murmuró con timidez que no era eso. Sa-yoon bufó y acomodó la cabeza que llevaba en la mano.
—Son de nivel subjefe, no tienes manera de matarlos todavía.
—¿De qué nivel estamos hablando?
—Al menos A.
—Ah…
Por lo bajo, mínimo A+. Geon-joo, que se movía entre A- y A, aún no estaba listo para enfrentarse a algo así. Justo en ese momento, el sonido de unas alas agitándose llenó el aire y apareció un monstruo enmascarado.
—¡Qué buen timing!
Al reconocer al monstruo oculto, Sa-yoon sonrió y blandió su espada.
Era tiempo de bonificación.
—¿...y cuántos son?
Uno, dos, tres, cuatro, cinco.
Geon-joo, con cinco ítems abrazados contra el pecho, murmuró con cara de agotamiento. Haber dicho que esperaba no encontrarlos había sonado como un conjuro, porque se les aparecieron nada menos que cinco monstruos ocultos.
Difícil decir si era buena o mala suerte.
—Guárdalos bien. No los vayas a perder.
—¿No puedo meterlos simplemente en el inventario?
—No.
—¿Por qué?
—Porque se pierde el encanto.
—¿Qué encanto ni qué nada?
Una voz burlona siguió a la risa seca. Sa-yoon no prestó la menor atención a las palabras de Geon-joo y sacudió la espada manchada con la sangre del monstruo. Viendo la calidad de los objetos obtenidos, parecía correcto pensar que habían tenido suerte.
En promedio, los monstruos ocultos soltaban ítems de rango B, pero esta vez habían salido varios de rango A. Incluso lograron conseguir ropa, algo muy valioso.
Sa-yoon echó una mirada fugaz a las gafas de sol que Geon-joo llevaba en brazos y sonrió satisfecho antes de volver a caminar hacia la sala del jefe. Según Geon-joo, estaba muy cerca.
—Ahora estamos en B3, …si doblamos ahí, llegamos de inmediato.
—Oh.
Era justo lo que quería escuchar, así que aceleró un poco el paso. Geon-joo lo siguió de cerca y abrió la boca.
—¿Será fuerte?
—Fuerte, seguro.
—¿Qué tanto?
—Quién sabe.
No podía adivinar aún cuán poderoso sería. A diferencia de antes, que habían avanzado enfrentándose a los enanos sin parar, esta vez habían evitado al máximo los choques, así que probablemente el jefe sería de un nivel similar al Rey Insecto, o un poco menos. Eso, sin contar los golpes que Geon-joo había dado en la pelea contra el guardia.
Geon-joo había atacado bastante durante ese combate. Y, en teoría, el jefe sería más fuerte en la misma proporción. Al pensarlo, Sa-yoon se limitó a encogerse de hombros. Ni siquiera habían llegado aún a la sala del jefe y ya era difícil calcular con exactitud qué tan fuerte estaría.
—Mientras no sea más fuerte que el desconocido, basta.
Lo dijo con naturalidad, pero notó que Geon-joo se estremecía detrás de él. Aquello en el Altar de la Desconfianza debía haber dejado una huella muy profunda.
Con la duda de si no se había convertido ya en un trauma, giró en la esquina y vio la puerta de hierro que conducía a la sala del jefe, justo como Geon-joo había señalado. Sa-yoon frotó contra la puerta la cabeza del guardia que aún llevaba consigo. La entrada se abrió y apareció otro largo pasillo. Arrojó la cabeza al suelo y, sujetando el brazo de Geon-joo, lo arrastró hacia adentro.
—Quédate pegado detrás de mí.
La presión que se sentía no era tan intensa como había imaginado. Nada que ver con lo que había enfrentado la vez pasada, cuando parecía que superaba al Desconocido. Aun así, seguía siendo fuerte. Más que el Rey Insecto, al menos.
Sa-yoon volvió a quitarse su abrigo y se lo tendió a Geon-joo. Al insistir en que lo usara, esta vez él lo aceptó sin quejas. Al ser un ítem, la prenda se ajustó sola a la complexión de Geon-joo.
—Es más débil que el Desconocido, pero más fuerte que el Rey Insecto. ¿Entiendes lo que significa, bonito?
—…que para mí es peligroso.
—Exacto. Así que quédate quieto aquí, yo iré solo a encargarme de adentro.
Los enanos eran rápidos y ágiles. De hecho, casi tanto como él. El jefe de la Ciudad de los Enanos, cuyo tamaño aumentaba con cada golpe recibido, no era la excepción.
La agilidad era su estadística más alta, y por eso era un enemigo a tener cuidado. Sa-yoon apretó con fuerza el hombro de Geon-joo antes de soltarlo y puso la mano sobre la última puerta que daba directamente a la sala del jefe.
—Voy a cazarlo.
Con una sonrisa breve, se giró a mirar atrás. Geon-joo agitó la mano como diciendo que se apurara de una vez. Sa-yoon chasqueó la lengua, divertido, y abrió la puerta.
Con un estruendo, la puerta se cerró tras él. Como si lo hubieran estado esperando, un brillo rojo surgió en la oscuridad y se lanzó directo hacia Sa-yoon.
¡Kuaang!
Era un golpe con toda su fuerza desde el inicio. Debía haber cargado desde el otro extremo de la sala en cuanto sintió su presencia junto a la puerta, porque su cuerpo venía con inercia pesada.
Kkaduk.
Sa-yoon giró la espada en horizontal y bloqueó la lanza del enano. Vio de frente aquellos ojos rojos que se acercaban y esbozó una sonrisa torcida. El monstruo, que había percibido instintivamente el peligro, intentó retroceder.
Pero ya era tarde.
¡Hududuk!
Sa-yoon giró con fuerza la espada, y el líquido que la cubría salió despedido en todas direcciones. Era el veneno que había aplicado antes de entrar a la sala. Con los ojos cerrados de antemano, solo sufrió un daño leve, pero el enano no tuvo tanta suerte: el veneno entró directamente en sus ojos.
—¡Kkiieeeek!
El enano gritó de dolor.
Con la activación del rasgo, un resplandor rojo brilló en los ojos del monstruo. A partir de ahora, cada golpe que recibiera aumentaría el daño. El enano se tambaleó hacia atrás, sujetándose los ojos, incapaz de recomponerse. Sa-yoon sonrió con frialdad.
—No puedo mostrarle este tipo de pelea a mi bonito.
Claro que el mensaje había venido acompañado de desilusión, pero no quería ser él quien borrara ese destello de admiración que había surgido.
Mientras el enano, enfurecido por la trampa, se abalanzaba otra vez, Sa-yoon sacó una granada de humo de entre sus ropas.
¡Poeong!
Un estallido ligero llenó la sala de humo espeso. La niebla cubrió todo, oscureciendo la visión. Pero con su vista de rango S, Sa-yoon podía distinguir las formas que se movían.
Como pez en el agua, se deslizaba veloz en medio de la cortina gris.
¡Seogeok!
Cada tajo venía acompañado del sonido de un corte limpio.
—¡Kkiieeeek!
Incapaz de adaptarse a la lucha en la niebla, el monstruo gritaba sin parar. Sus alaridos resonaban por toda la sala del jefe.
Traducido por: Valiz
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