Incluso el Villano Tiene Una Historia - Novela Cap. 79
La ciudad de los enanos (2)
Sa-yoon cayó, y de inmediato, cientos de pequeños que aguardaban al acecho como hienas se lanzaron sobre él. Aunque se les llamara pequeños, eran monstruos tan grandes como su antebrazo, y había cientos de ellos. Era inevitable que en un instante quedara sepultado bajo ellos, con todo su cuerpo desgarrado a mordidas.
Dientes como colmillos de tiburón arrancaban pedazos de carne. Sa-yoon soportó el dolor y liberó débilmente un soplo de energía gélida, cuidando de no lanzar lejos a los pequeños y matarlos por accidente.
Matar con una habilidad, aunque no fuera con un golpe directo, contaba como ataque. Debía usar sus técnicas solo hasta el punto de detener sus movimientos, no de quitarles la vida.
―¡Pieek!
Los cuerpos de los pequeños empezaron a congelarse. Al notar la anomalía, uno de ellos alzó la voz, llamando ruidosamente a sus compañeros.
¡Bam!
La puerta, antes cerrada, se abrió, y por ella irrumpió una cantidad incomparablemente mayor de pequeños. No menos de mil. Sa-yoon amplió el rango de su escarcha.
Extendió su dominio y se irguió del suelo. Tenía pequeños colgados del cuello, la espalda, los brazos, las piernas.
Crrrk.
Estos arrancaban carne y la devoraban. Por más veces que hubiera experimentado la sensación de ser comido vivo, nunca resultaba agradable. Cerró el puño con fuerza, conteniendo el impulso violento, y elevó su energía gélida.
―¡Kieeek!
Quizá se excedió: algunos gritaron y murieron de pie en el acto.
—¿Qué son, peces luna, malditos bastardos?
El gesto de Sa-yoon se crispó en una mueca feroz.
Su mente giraba rápido. Calculaba que solo debía matar a los suficientes pequeños para poder escapar, porque eso haría que el jefe se fortaleciera. A ojo, ya había matado a un centenar. Pero, si quería obtener el mapa, debía golpear a los guardias, y si superaba los mil, la pelea sería imposible.
Solo hasta quinientos.
Tenía unos cincuenta pegados al cuerpo, así que decidió extender su límite hasta diez veces más. Agarró la cabeza del que mordía su brazo y la reventó en un instante. Uno explotó, luego otro. Mientras tanto, trescientos se congelaron y treinta murieron de un paro cardíaco.
Aun así, quedaban demasiados.
Más de mil en total.
No dejaban de abalanzarse, y Sa-yoon intentó volar para apartarse, pero la técnica de caminar por el aire no lo impulsaba al cielo de inmediato. Apenas ascendía cuando unas lianas lo atraparon por las piernas. No eran algo de lo que pudiera liberarse con fuerza bruta.
Chsssk.
Mientras cortaba las lianas, su cuerpo, que había logrado alejarse un par de palmos, fue arrastrado de nuevo hacia la multitud.
Esto no tenía fin.
Mierda.
Rechinando insultos, seguía apartando a los pequeños cuando sucedió.
De pronto, se oyó un estruendo de agua, y una ola enorme barrió el lugar. La corriente era tan feroz como la de un mar azotado por un tifón, y arrasó tanto a Sa-yoon como a los pequeños.
―¡Kieeek!
Si hasta Sa-yoon, siendo humano, fue arrastrado, los pequeños no podían ofrecer resistencia.
—¡Cough!
El agua le entraba por boca, nariz y oídos. Haciendo una mueca, Sa-yoon luchó por no dejarse arrastrar del todo. Sacó su espada, lanzó un tajo de arriba abajo, y en la breve apertura que creó en la corriente, se arrojó para escapar. Los pequeños, incapaces de imitarlo, fueron arrastrados sin remedio.
¡Boom!
La furiosa marea rompió la puerta cerrada y la atravesó. Los pequeños fueron arrastrados junto con ella.
—¡Cough, cough!
A duras penas salió Sa-yoon del agua y se dejó caer en el suelo encharcado, tosiendo y escupiendo el líquido tragado. Apenas se preguntaba de dónde demonios había salido aquella inundación, cuando…
—…era verdad que mientras no atacara no pasaba nada, ¿Cierto?
La voz le resultó familiar. Dirigió la mirada y vio a Geon-joo de pie frente a un tanque de agua rajado, con la espada en mano.
Sa-yoon se quedó un instante pasmado, pero pronto comprendió.
Las tuberías estaban conectadas al tanque, y Geon-joo estaba justo ahí. Lo que significaba que el chico que había lanzado hacia arriba llegó por las tuberías hasta el tanque y lo rompió para ayudarle.
Había corrido una distancia nada corta, y el jadeo en su pecho lo delataba. Llegar hasta ahí y reventar la gruesa pared del tanque no era tarea fácil.
……
Sa-yoon no había esperado ayuda en lo más mínimo. Miró a su alrededor, viendo que los pequeños habían sido barridos por completo, y tocó su boca. En sus labios asomaba una curva clara.
Vaya, qué detalle tan bonito.
Decidió que, al volver, con gusto le compraría a Geon-joo una habilidad de vuelo de alto nivel. Sacudió varias veces su cabello empapado y se levantó.
—¿Cómo se te ocurrió eso?
—…cualquiera con cerebro lo haría.
—Aun así, no es algo que cualquiera logre. Bien hecho.
—Seca tu ropa.
Respondió con brusquedad, pero el temblor en la comisura de sus labios lo delataba. Sa-yoon soltó una risita al notarlo y le echó un brazo al hombro. Geon-joo se estremeció al sentir la ropa empapada y se quejó, exigiendo que usara primero el objeto que él mismo le había dado para secarse. Entonces, al ver las mordidas en su cuerpo, frunció el ceño.
—¿No necesitas tratamiento?
—Está saliendo piel nueva. Con esto basta, no hace falta.
Si la herida se hubiera expuesto un poco más, habría tenido que verter pociones, pero por suerte Geon-joo apoyó a tiempo y no se llegó a ese punto. La mirada de Sa-yoon volvió hacia Geon-joo. Cuanto más lo pensaba, más admirable le parecía. No sabía cómo había tenido esa idea.
Como todavía mostraba una mirada preocupada, Sa-yoon agitó el brazo con fuerza para indicar que estaba bien, y el otro suspiró antes de soltar su tercera regañina, diciéndole que al menos secara su ropa. Sa-yoon, fingiendo que no tenía más opción, sacó un artefacto, secó su ropa y, tras mirar el entorno limpio, reanudó la marcha.
Gracias a que alguien había limpiado bien, no tendrían que desplazarse por tuberías hasta el siguiente tramo.
Superaron cómodamente las dos primeras secciones gracias a Geon-joo, y en la tercera por fin pudieron encontrarse con el jefe intermedio esperado: el guardia. Era un enano más corpulento y musculoso que los demás. Llevaba una máscara de tiburón en la cabeza y blandía un enorme sable que hizo retumbar el suelo al caer. Tras confirmar su posición, Sa-yoon lo observó desde arriba de una tubería.
El Geon-joo actual tenía un nivel decente, y los enanos eran débiles.
El guardia era fuerte, pero no tanto como él, y mucho menos como el rey insecto. Estaba apenas por debajo del monstruo bicéfalo, pensaba Sa-yoon, y entonces tomó una decisión.
Podría dejarle este jefe intermedio.
—Ese de ahí, encárgate tú, guapo.
—¿...qué dijiste?
—No habrás entrado a esta mazmorra solo para reventar un tanque de agua. Derrota al guardia y ganarás experiencia.
Su expresión, que al inicio estaba sorprendida por la propuesta repentina, empezó a suavizarse a medida que Sa-yoon explicaba. Al ver que lo estaba convenciendo, Sa-yoon añadió otra frase a propósito.
—Si puedes vencerlo, es como si ya fueras de rango A.
—¿...de verdad?
—¿Cuándo me has visto mentir?
—…….
Se había delatado. Sa-yoon se detuvo un momento, mientras Geon-joo lo miraba como reprochándole que para qué abría la boca. Sí, había mentido muchas veces, era cierto.
Pero esta vez no.
—En otras cosas te he engañado, pero en esto no. Créeme.
Le animó a intentarlo aunque solo fuera por probar, y Geon-joo empuñó con más firmeza su espada.
—¿...de qué nivel es?
—¿Ahora mismo tú, o él?
—El guardia.
—Más débil que el bicéfalo.
—Nunca luché contra él. ¿Cómo voy a saber solo con eso?
—Entonces cambiemos. Más débil que el dragón joven.
—…….
—¿Qué pasa?
Como no respondía y lo miraba fijo, Sa-yoon le replicó. Geon-joo abrió la boca con cara de querer decir mucho, pero al final soltó un suspiro. Era un suspiro que sonaba a rendición, y eso a Sa-yoon le resultó desagradable. Tenía la certeza de que no se rendía ante él, sino ante sí mismo.
—Escuchándote explicar, parece que tienes talento como profesor…
Geon-joo murmuró en voz baja. Sa-yoon parpadeó, sin entender lo que quería decir.
Nunca fue a la universidad, así que no sabía bien de qué hablaba. ¿Profesor sería un halago?
Mientras seguía masticando esas palabras y tratando de interpretarlas, Geon-joo, ya resuelto, se agachó sobre la tubería.
—¿Lo hago?
—Sí. Y no me ayudes.
De todos modos, no pensaba hacerlo. No podía cargarlo siempre en brazos. Sa-yoon le dio una breve recomendación y luego contempló satisfecho cómo Geon-joo saltaba desde la tubería.
Geon-joo, que se atrevía a replicarle con descaro y llamarlo loco o demente sin dudarlo, era audaz también en sus actos. Donde cayó tras impulsarse con el pie en la tubería no fue al suelo.
Fue sobre la cabeza del guardia.
¡KWAANG!
El pie de Geon-joo aplastó la cabeza del guardia. Fue un choque violento desde el inicio.
—¡Guerrgh!
Sorprendido por el golpe que le cayó desde arriba, el guardia rodó un par de veces hacia atrás. Aprovechando ese hueco, Geon-joo aterrizó con éxito y se lanzó contra él. El enano clavó su enorme sable en el suelo para fijar su cuerpo y resistir al embate de Geon-joo.
El guardia tenía fuerza, pero no agilidad. Su gran cuerpo lo hacía lento; los tajos del enorme sable eran aterradores, pero mientras no lo alcanzaran, no pasaba nada. Sa-yoon, viendo cómo Geon-joo esquivaba antes de que el filo lo rozara y luego se lanzaba de nuevo como un depredador, sonrió para sí.
Su estilo de combate se parecía cada vez más al suyo. De lejos, cualquiera reconocería que era su discípulo.
Los chicos de la banda nocturna se divertirían viéndolo.
Tenía curiosidad por lo que dirían Jong-sik y los demás del gremio, que habían visto de cerca sus batallas, al presenciar ahora a Geon-joo.
¡BUUNG!
El sable rozó el cabello de Geon-joo, pero su espada se hundió en el cuello del guardia. Ya no era el mismo que al entrar al campo de batalla.
Su juicio había mejorado mucho. Tal vez porque comprendió que luchar cuerpo a cuerpo contra alguien lleno de músculos no era efectivo, Geon-joo no intentó nunca enfrentarlo con técnicas físicas. Cuando intuía que la situación podía volverse peligrosa, retrocedía enseguida sin darle oportunidad al enemigo de golpear. Su capacidad para medir la distancia era impecable.
Era fruto de haber peleado muchas veces contra oponentes más fuertes que él. Sa-yoon, viendo su combate, confirmó que su método de entrenamiento no estaba equivocado.
¡KWAANG!
Tras varios choques resonantes, la espada de Geon-joo y el sable del guardia se encontraron. Geon-joo no intentó resistirlo de frente, sino que desvió el golpe. En el rostro del guardia apareció un rastro de desconcierto.
Seguramente sentía como si su fuerza se deslizara en el vacío.
Lo más importante al enfrentarse a un rival más fuerte no es bloquear ni golpear bien, sino desviar. Y Geon-joo lo estaba mostrando con su propio cuerpo.
La sangre del guardia resbalaba por la hoja de la espada. Sa-yoon, intuyendo al vencedor de la batalla, sonrió en silencio.
Traducido por: Valiz
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