Incluso el Villano Tiene Una Historia - Novela Cap. 78
La ciudad de los enanos (1)
—¿Mazmorra de nivel superior? Has entrado en la mazmorra ‘Ciudad de los Enanos’.
Maldición.
Hoy es uno de esos días en los que valdría la pena grabar una película de lo mala que es la suerte.
Tras fallar en descubrir la primera y la segunda mazmorra, al fin había encontrado una tercera, pero tampoco apareció el mensaje del sistema anunciando un hallazgo exitoso. Y para empeorar las cosas, la mazmorra resultó ser la Ciudad de los Enanos.No era una mazmorra cualquiera; de solo pensarlo ya me empezaba a doler la cabeza.
Chimin soltó una maldición sin contenerse. Geon-joo, que había calculado bien para minimizar el impacto al separarse de Sa-yoon, se incorporó apoyando los dos pies en el suelo y preguntó con duda:
—¿Tampoco esta vez es buena?
El gesto en su rostro mostraba una leve preocupación, más que cuando entraron en la Guarida del Rey Insecto. Sa-yoon agitó la mano y cerró la ventana del sistema frente a él.
—Más que mala, es molesta. Sobre todo para ti.
La Ciudad de los Enanos.
Incluso Sa-yoon, que se enorgullecía de haber vivido bastante en el campo de batalla, solo la había despejado una vez. Fue descubierta recientemente y aquel recuerdo estaba tan grabado en su mente que no quería repetirlo. Pero justo ahora había entrado con Geon-joo. Estaba claro que sería un sufrimiento mayor que en la segunda mazmorra, que al menos había sido relativamente sencilla.
—¿Qué clase de lugar es?
—Es un territorio de monstruos pequeños, pero la mayoría tiene forma humana. Ahí hay cientos, miles, hasta decenas de miles. Una vez que te rodean, es difícil escapar.
—¿Tantos así?
—Sí. Claro que son débiles por la cantidad. Incluso tú podrías derrotarlos fácilmente.
—Entonces no suena tan mal, ¿No?
A juzgar solo por la explicación, eran criaturas numerosas pero poco peligrosas. Geon-joo supo captar ese punto, pero Sa-yoon negó con la cabeza.
Si solo fuera eso, sería aburrido, pero no tan molesto. Ni mucho menos dolor de cabeza.
El problema era que no era simplemente una mazmorra de nivel superior, sino una de¿Nivel superior?. Ese signo de interrogación no se podía ignorar; significaba que, en ciertas condiciones, la dificultad podía superar toda medida.
—Si solo fuera así, no estaría diciendo esto, precioso. Lo realmente peligroso de esta mazmorra no son los miles de enanos, sino el jefe.
—¿Es fuerte?
—Depende.
—¿...cómo?
—Cada vez que golpeas a un monstruo dentro de la mazmorra, las estadísticas del jefe suben. Normalmente no es distinto de los demás, pero cuanto más daño reciben los enanos, más fuerte se vuelve. Por eso el sistema le puso el signo de interrogación.
En resumen, la dificultad del jefe dependía de cuántos enemigos enfrentaran antes de llegar a él.
Pero era una ciudad de enanos.
Eso significaba que había muchísimos. Y si uno solo daba la alarma, emitiría un ultrasonido para llamar a sus compañeros. En un instante podían aparecer cientos, y había que estar preparado para enfrentarlos. Pero derrotar a esos cientos significaba que el jefe se volvería cientos de veces más fuerte. Llegado ese punto, ni Sa-yoon podría subestimarlo.
Ya antes lo había sufrido.
La última vez, sin saberlo, había ido matando a todos los enemigos que se encontraba. Al final, tuvo que luchar contra el jefe durante tres días enteros para apenas lograr la victoria. Había eliminado diez mil enanos; no era raro que el jefe se hubiera vuelto tan poderoso. Casi al nivel de un “Desconocido”.
Podía llegar a ser tan fuerte.
Incluso más, dependiendo de las circunstancias.
En el peor de los casos, ese jefe podía convertirse en el monstruo más fuerte de todo el campo.
Y ahora había entrado con Geon-joo.
Si hubiera venido solo, Sa-yoon se habría ocultado usando sigilo, borrado todo rastro y se habría dirigido directamente a la sala del jefe. Pero Geon-joo no tenía esa habilidad, y él tampoco podía ocultarlo. Tendrían que abrirse paso construyendo un pasaje secreto.
—¿...cómo puede existir un monstruo tan tramposo?
—Con el mundo destruido, ¿Qué cosa no podría aparecer?
Lo primero que debían conseguir era un mapa. Sa-yoon se lo repitió a sí mismo mientras se acercaba a la puerta, explicándole a Geon-joo sobre la Ciudad de los Enanos.
—No por nada se llama ciudad. Son débiles y pequeños, pero saben usar técnicas.
—¿Técnicas?
—Me refiero a armas. Como los humanos. Rifles, cañones… cosas así. Son criaturas con bastante inteligencia.
—¿Dices que ellos mismos fabricaron rifles y cañones?
—Más bien les arrebataron esas cosas a los humanos que vivían en este mundo. No es un mundo que está siendo destruido, es un mundo ya destruido.
Tal vez los enanos originales no sabían atacar de esa forma, pero en el proceso de la destrucción se apoderaron de la tecnología humana. La adaptaron y la usaron en contra de los mismos humanos.
Que la Ciudad de los Enanos fuera una mazmorra significaba que, aunque fueran pequeños y frágiles, poseían la fuerza suficiente para destruir un mundo entero.
No podían bajar la guardia. Sa-yoon se lo repitió a Geon-joo mientras abría la puerta cerrada con firmeza.
Al girar la manija, lo primero que vieron fue un conjunto de tuberías. La entrada de la mazmorra surgía al azar, y esta vez tuvieron suerte. Si la entrada hubiera aparecido en el piso inferior, habrían atraído de inmediato todas las miradas de los enanos.
El techo estaba cubierto de tuberías. Siguiendo con la vista la red de tubos, se alcanzaba a ver un enorme tanque de agua en la esquina. Todo indicaba que aquellas tuberías servían para transportar agua.
—Esos son los pequeños.
Sa-yoon bajó mucho la voz y señaló hacia abajo. Geon-joo siguió con la mirada el lugar que la blanca punta de su dedo indicaba. Debajo de la tubería, cientos de pequeños estaban transportando algo.
Con dedos puntiagudos, pies semejantes a aletas de pato y dientes parecidos a los de un tiburón.
Aparte de su aspecto extraño, al verlos transportar cosas en fila sobre una cinta transportadora, conversar entre ellos y dividirse en equipos, aquello no era distinto a un lugar de trabajo común.
Era algo raro de ver en otros monstruos, así que Geon-joo mostró sorpresa en el rostro. Sa-yoon le dio un leve golpe en el hombro, como para sacarlo de su asombro, y le indicó que se movieran.
Las tuberías, adaptadas al tamaño de los pequeños, eran angostas. Apenas cabía un pie, así que avanzaban con cuidado, y en cuanto su peso se apoyaba en ellas, estas chirriaban.
Si continuaban caminando sobre las tuberías, estaba claro que no resistirían el peso de dos hombres adultos y terminarían rompiéndose.
Los pequeños no podían volar por sí solos, pero tenían aeronaves exclusivas y también formas de atacar desde abajo. Sa-yoon, que lo sabía por experiencia, desistió de cruzar una tubería que crujía y amenazaba con colapsar en cualquier momento. Se volvió hacia Geon-joo.
Chist. Llevó un dedo frente a su nariz y el otro lo miró con extrañeza. Habiéndole advertido que guardara silencio, Sa-yoon, sin previo aviso, lo cargó en brazos y usó pasos en el aire desde lo alto de la tubería.
—¡…!
De pronto, Geon-joo se encontró en brazos de él. Se estremeció un poco, pero no cometió la imprudencia de hacer ruido. Como el espacio que quedaba arriba de la tubería no era muy amplio, Sa-yoon se inclinó y observó a los pequeños que se movían con rapidez.
Aunque la espalda inclinada le resultaba dolorosa, no podía salir volando del enredo de tuberías para moverse más cómodo, ya que atraería la atención de los pequeños.
Pensó que uno solo llamaría menos la atención que dos. Usó una habilidad de sigilo para cubrirse y caminar en el aire. A ojos de los demás, Geon-joo parecía flotar encogido en medio del aire.
Cuando volvamos, de verdad le voy a comprar una habilidad de vuelo.
Esto es un fastidio insoportable.
Fue justo en el momento en que murmuraba aquello.
Como Geon-joo estaba doblado en brazos de Sa-yoon, una poción empezó a deslizarse de su bolsillo. Al principio no lo notó, pero luego, al sentir el peso moverse, intentó guardarla de nuevo. Ya era tarde: el frasco apuntaba hacia el suelo.
—¡…!
Su mano falló al intentar sujetarlo. La poción cayó al suelo y se hizo añicos.
¡Crash!
Sin que pudieran hacer nada, sin que Sa-yoon tuviera tiempo de darse cuenta, el accidente ocurrió.
El estrépito hizo que los pequeños, que se movían ocupados, se detuvieran como máquinas que recibían una orden. Giraron la cabeza hacia el lugar del sonido. Al ver la botella rota, varios levantaron la cabeza como suricatas y lograron detectar a Geon-joo flotando en el aire.
―¡Piiiiiik!
Uno de ellos chilló, comunicándose. Sa-yoon mordió sus labios al comprobar que emitía ultrasonido.
Maldición.
Definitivamente en esta mazmorra la mala suerte se pegó a mí.
Por mucho que la suerte de Geon-joo fuera de estadística S, ni siquiera el bono de un privilegio de clase L podía cubrir la mala fortuna que arrastraba con su propia estadística A- de suerte.
—¡Agárrate fuerte para no caer!
Ya no importaba el sigilo. Tenían que huir. Sa-yoon desistió de arrastrarse por las tuberías angostas y salió a un espacio abierto, moviéndose rápido.
¡Fiu! ¡Fiu!
Los pequeños disparaban armas que lanzaban látigos y lianas. Con su experiencia en vuelo, Sa-yoon esquivaba ágilmente todo, pero el problema era Geon-joo.
Él podía mantenerse fuera del alcance, pero no el hombre que llevaba en brazos. Entonces, de pronto, el tobillo de Geon-joo quedó atrapado por una de las lianas que dispararon.
¡Crack! De la liana brotaron espinas que se clavaron en su tobillo, asegurándose de que no pudiera liberarse fácilmente.
—¡Ugh!
Geon-joo gimió apretando el hombro de Sa-yoon. Este sacó un cuchillo y trató de cortar con su habilidad de daga invisible la parte atrapada, pero el pequeño accionó su arma antes.
¡Whirr!
El cuerpo de Geon-joo fue jalado hacia abajo como si lo absorbiera un agujero negro. Sin embargo, no se rindió sin pelear. Blandió la espada que sostenía y logró cortar la liana que lo apresaba. Gracias a eso se libró de la fuerza que lo arrastraba, pero eso fue todo.
Geon-joo no tenía habilidad de vuelo, y en la ciudad de los pequeños también existía la gravedad.
—¡…!
Geon-joo miró a Sa-yoon mientras su cuerpo caía.
Sa-yoon comprendió que ya era tarde para atraparlo en brazos. Pateó la tubería y descendió en picada.
¡Pang!
La tubería se abolló con un estruendo, y el cuerpo acelerado de Sa-yoon cayó como proyectil en línea recta para alcanzarlo. Debajo, cientos de pequeños se amontonaban.
El suelo estaba demasiado cerca. Si seguían así, ambos se estrellarían.
Sa-yoon evaluó la situación en un instante.
Apretó los dientes, aferró el brazo de Geon-joo y lo lanzó con un giro hacia arriba, de vuelta a la tubería. El cuerpo que caía volvió a elevarse hasta el techo.
—¡Agarra la tubería!
Al escuchar, Geon-joo estiró la mano y se sujetó rápido de la tubería, mientras Sa-yoon seguía cayendo directo hacia la multitud de pequeños.
―¡Piiiiiik!
El grito de los pequeños, defendiendo su territorio, resonó con tanta fuerza que aturdía los oídos.
Traducido por: Valiz
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