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Me Encanta Destruir La Trama De Los Mundos - Novela Cap. 130


Primera Estrella Violeta - Pelea total

El día de la reunión de los ancianos finalmente había llegado. En la tierra limítrofe entre el Territorio de la Tribu Lune y la tierra de la Tribu Soleil, se levantó una enorme tienda. Este lugar fue creado con el esfuerzo de la gente de ambos clanes. Dentro de la tienda había una mesa larga y ancha que podía acomodar a los diez ancianos de cada tribu.

El lado derecho de la mesa estaba ocupado por los ancianos de la Tribu Soleil, mientras que en el lado izquierdo se acomodaron los de la Tribu Lune.

Se sentaron en sus asientos designados frente a un anciano del lado opuesto. Solo los ancianos se sentaban en las sillas de la mesa, mientras que jóvenes hombres bestia como Meizhou, Xuebao, Sheya y Shizi se sentaron a un lado. Ellos solo escucharían y mediarían entre tribus cuando las cosas se salieran de control. Los sacerdotes tribales de ambas tribus se sentaron en los asientos de anfitriones supervisando toda la reunión.

La razón de esto era la revelación que habían recibido del Dios Bestia. Con los detalles claros de las pruebas, no se inclinarían por sus propias tribus, ya que su deber era asegurarse de que ambas se aliaren entre sí. Solo trabajando juntos podrían sobrevivir a las pruebas del Dios Bestia.

Había una intensa tensión entre los ancianos. Aunque pensaban racionalmente que la alianza entre tribus era la única manera de sobrevivir, el odio y el resentimiento en sus corazones por haber perdido a sus seres queridos no podían contenerse por completo. La sentimentalidad es la segunda naturaleza de los hombres bestia, después de su gusto por luchar.

Al ver el intercambio de miradas hostiles entre las dos tribus, los sacerdotes tribales no pudieron evitar intercambiar miradas impotentes y suspirar. Una vez que el sacerdote tribal de Soleil hizo un gesto al Sacerdote Anbao para que abriera la conversación, finalmente comenzó la reunión, aunque el ambiente seguía cargado de pesadumbre.

El Sacerdote Tribal Anbao habló:

—Antes de empezar, permítanme presentarme. Soy el sacerdote de la Tribu Lune, Anbao. Juro ante el Dios Bestia que seguiré sus mandatos y he elegido el resultado de la supervivencia. Mis palabras se inclinarán hacia lo que decidan los elegidos.

—Lo mismo que el anterior. Mis deberes como sacerdote serán servir a los elegidos para esta prueba. Soy el sacerdote de la Tribu Soleil, Linshe.

—Comencemos la reunión de ancianos. Adelante —dijo Anbao mientras hacía un gesto a los ancianos de la Tribu Soleil para que hablaran primero.

—Ejem* Nos gustaría crear una alianza con la Tribu Lune —dijo un anciano de la Tribu Soleil.

El anciano de la Tribu Soleil habló:

—Estamos dispuestos a proveer cualquier material de esta lista. A cambio queremos tres cosas de la Tribu Lune.

La lista de materiales fue pasada a los ancianos de la Tribu Lune. Estaba escrita en pergamino de piel de animal, ya que en este momento aún no había papel, aunque sí tinta para escribir. Lamentablemente, solo los sacerdotes podían entender lo escrito en el pergamino. El Sacerdote Anbao entregó su propia copia a Xuebao, quien solo le echó un vistazo con una mirada despreocupada.

Pensamientos de Xuebao al ver la lista de materiales en el pergamino:

Hay muy pocas cosas útiles en este papel. Lo único que me interesa es esta cosa blanca y suave y las rocas en bruto. Debe ser algodón y piedras naturales como la caliza.

Xuebao le dijo a su tío:

—Gracias, Tío. Ya lo he visto.

—Ya veo. Puedes hablar siempre que quieras decir algo. Tú y A'Zhou tienen ese derecho en esta reunión —dijo el Sacerdote Anbao con una sonrisa.

—Entendemos, Tío Anbao —dijo Meizhou, mientras que a su lado Xuebao asintió con la cabeza mientras comía fresas que su esposo le daba.

Tras mostrarle a Xuebao el contenido de los materiales escritos en el pergamino, el Sacerdote Anbao volvió a su asiento. El sacerdote del otro lado mostró escepticismo.

El Sacerdote Linshe preguntó:

—Sacerdote Anbao. ¿Por qué le pasaste el pergamino al elegido? ¿Puede... puede leerlo? —preguntó con voz de incredulidad y sorpresa.

Con expresión orgullosa en el rostro:

—Mi Baobao puede leer. Es el más inteligente de nuestra tribu —dijo el actual líder de la Tribu Lune.

—Nuestro Baobao tiene una mente más aguda que la mía —dijo el Sacerdote Anbao sin vergüenza—. Continuemos la reunión. ¿Nos dirán ahora cuáles son las tres condiciones que quieren? Solo después de que hablen de su trato decidiremos qué hacer a continuación.

Al escuchar esto, los ancianos de la Tribu Soleil comenzaron a susurrar entre sí. No tardaron mucho en terminar de hablar y miraron a su sacerdote, Linshe, para que continuara con el plan.

El Sacerdote Linshe dijo:

—Primero: queremos aprender su forma de cocinar, coser y cultivar.

Zhubao y los ancianos de la Tribu Lune miraron a Xuebao, que estaba sentado en la esquina, y solo respondieron cuando lo vieron asentir con la cabeza.

Asintió.

—¡De acuerdo! —dijo Zhubao.

Nadie en la Tribu Soleil era tan ciego como para no notar ese gesto. Obviamente la Tribu Lune solo se movería si ese joven llamado Xuebao lo ordenaba. Parecía que la Tribu Lune ya no estaba bajo el control de su líder ni de sus ancianos, sino de ese joven llamado Xuebao. Él era uno de los elegidos, lo que le daba autoridad para unirse a esta reunión.

Pero de no ser por ese título de elegido, ni siquiera se le habría permitido estar allí. ¿Qué estaba pasando en la Tribu Lune? No solo la máxima autoridad había cambiado, incluso el guerrero más fuerte, Meizhou, no decía nada y hacía la vista gorda ante la mayoría de los acontecimientos que se desarrollaban frente a él.

Los ancianos de la Tribu Soleil y su sacerdote intentaron echar un vistazo disimulado al hermoso hombre bestia de cabellos como teñidos de nieve y ojos con la tonalidad que evocaba el cielo y el mar. Tras observarlo unos segundos pudieron sentir la indiferencia y frialdad en esa mirada serena; podían ver que los miraba y al mismo tiempo no.

Como si ni siquiera pudieran entrar en su línea de visión, mucho menos existir en su mundo. Había una frialdad y desapego innegables cuando miraba a su alrededor; solo cuando veía al hombre bestia a su lado emociones como alegría y pasión teñían esos ojos sin vida.

De repente, su línea de visión fue bloqueada y aquella figura exquisita quedó cubierta. Cuando movieron la mirada para ver al dueño de esas grandes manos, se encontraron con una mirada feroz y gélida proveniente de un par de ojos dorados que a veces destellaban con una oscuridad desconocida. En ellos podían ver una posesividad extrema y una advertencia mientras se cruzaban con los ojos de Meizhou.

La gente de la Tribu Soleil no pudo evitar sentir miedo a lo desconocido, como si la muerte se cerniera sobre ellos. Al instante apartaron la mirada de aquella pareja que desprendía un aura peligrosa.

—¡Tsk! ¿Por qué demonios miran a mi esposo? ¡¿Quieren morir?! —dijo Meizhou con voz helada que resonó dentro de la tienda.

Su aterradora y abrumadora presencia hizo que el resto de los presentes en la tienda apenas pudiera respirar con normalidad. Incluso Sheya y Shizi, que estaban sentados junto a él, sintieron esa enorme presión que emanaba de Meizhou. Actualmente Meizhou estaba usando su habilidad única como guerrero llamada Dominio del Dios de la Muerte. Podía esparcir su intención asesina dentro del espacio donde su dominio estaba activado.

Sheya jadeó y su voz y su respiración se detuvieron. Él y el resto actuaron como si les estuviera prohibido respirar.

¿Q-Qué es esto? ¡¿N-no... puedo... respirar?!pensó Sheya mientras se agarraba la garganta temblando.

Cuando creyó que ya no podría aguantar, una mano grande cayó sobre su espalda; de repente una energía desconocida entró en su cuerpo y le ayudó a estabilizar la respiración. Al volverse para ver el rostro de quien lo había ayudado, se sorprendió al ver a Shizi pálido sosteniéndolo por detrás.

—¡Mierda! Está enfadado. ¿Qué hacemos? —murmuró Shizi mientras ayudaba a Sheya a normalizar la respiración.

Mientras tanto, los ancianos de ambos bandos sufrían por el aura tiránica de Meizhou. Sus reacciones no eran muy distintas de la de Sheya hace un momento. Se escucharon jadeos y resuellos colectivos en la zona.

¿No pueden respirar?

¿Qué demonios es esto?

¿Es Meizhou? ¿Meizhou está causando esto?

¿Desde cuándo Meizhou posee tanto poder?

¡Tonto! ¿Te acuerdas de que aquí también hay gente de tu bando?

¿Son estas las capacidades del elegido?

Meizhou los miró con desprecio, sin expresión en el rostro. No es distinto al original. Las reglas de este mundo nunca le importaron. Todo lo que le importa es su esposo. Al mismo tiempo, como el alma dominante ya se había convertido en Ye Xiajie, su identidad como Lord God lo hacía tratar a los demás con indiferencia, salvo cuando alguien osaba tocar a su esposo en este mundo, que es Xuebao.

Había sido posesivo por naturaleza y Xuebao es el objetivo de todas sus emociones. En este mundo donde la sentimentalidad es solo secundaria respecto a la fuerza, nadie podía negar que Xuebao era la única contrapesa de Meizhou.

A su lado, Xuebao sonreía con diversión en los ojos. Siempre le había gustado ver a su esposo mostrar abiertamente su posesividad hacia él. Bueno, realmente nunca lo ocultó. Es solo que en este mundo sus emociones parecían más intensas de lo habitual gracias a ese final que tuvieron en el mundo anterior. Iba a ignorar al resto hasta que oyó que alguien llamó su nombre.

Zhubao hizo lo posible por llamar a su querido hijo. En cuanto Xuebao pronuncie una palabra, Meizhou podría calmarse.

—B-Bao-bao... —llamó Zhubao.

—A-Amo... si no detiene al señor, morirán todos aquí.

Afortunadamente Xuebao recuerda a su padre en este mundo. Suspirando silenciosamente en su corazón, Xuebao no tuvo más opción que complacer esta vez. Silenciosamente subió al regazo de su esposo y susurró algo en su oído.

—Mi amor. Cálmate~ —susurró Xuebao mientras juguetonamente mordía las orejas de Meizhou para devolverlo a la realidad.

Tras ser provocado en público por su esposo, Meizhou, que solo tenía ojos para su mujer, se calmó al instante y abrazó a Xuebao entre sus brazos. Empezó a sonreír como si quisiera marcharse inmediatamente con su esposo. Entonces la pesada presencia en la zona desapareció como si nunca hubiera existido. Finalmente se escucharon jadeos colectivos dentro de la tienda.

Solo entonces Meizhou se dio cuenta de que se había pasado.

Zhubao fue el primero entre la multitud en calmarse e inmediatamente fulminó con la mirada a ese yerno posesivo suyo.

—¡Maldito! ¿También intentas matar a este viejo? —le gritó a Meizhou.

Meizhou puso los ojos en blanco y ocultó su cara en el cuello de su esposo. Seguía dejando a Xuebao sentado en su regazo mientras lo abrazaba por detrás.

—Perdón~ viejo. Se me olvidó que estabas aquí —dijo Meizhou.

—¡Tú... deja que este viejo te dé una paliza, maldito mocoso! —gritó Zhubao, que fue sujetado por los otros ancianos.

Solo entonces Meizhou mostró su rostro al resto. Apoyó la barbilla en los hombros de su esposo mientras miraba a los ancianos de ambas tribus.

—¿No están desperdiciando demasiado tiempo y energía en esta farsa? La Tribu Soleil no tiene nada útil que ofrecer excepto guerreros. Los materiales que han listado se pueden encontrar en la naturaleza; solo tenemos que buscarlos. Una alianza igualitaria es imposible. Si ese es el caso, mejor unamos las tribus y tratémonos como miembros de la misma tribu —dijo Meizhou.

Antes de que los ancianos pudieran replicar, Meizhou continuó hablando, impidiéndoles interferir.

—Aún no termino. La guerra es consecuencia de problemas territoriales. Las dos tribus ya han sufrido suficiente. No hace falta perdonar, pero sí controlarse. ¿Por qué no hacemos esto? Desahoguen su ira entre ustedes. ¿Qué tal una pelea a muerte? Sin armas. Sin matar. Peleen con los puños. Pero los guerreros solo pelearán contra guerreros. Las mujeres solo contra mujeres. Simplemente golpeen a quien odian y quítense esto de encima. Luego firmamos la fusión de los dos clanes.

Meizhou sugirió la idea con una sonrisa socarrona. Obviamente no quería perder más tiempo con sus tonterías y así resolvió la situación.

Xuebao y Shizi asintieron con la cabeza en señal de conformidad. Xuebao incluso dijo:

—Esto es una buena idea. Me gusta. No se preocupen, pueden pelear con los puños toda la tarde y yo me encargaré de evitar que mueran. ¿Qué dicen?

Los ancianos atónitos ante ellos finalmente entendieron que esta pareja malvada consideraba la reunión una farsa. Obviamente incluso el joven líder tribal Shizi pensaba lo mismo. Al darse cuenta de que se odiaban pero no hasta el punto de matarse, los ancianos se lanzaron miradas desafiantes.

El primero en lanzarse a la pelea fue Zhubao. Agarró a uno de los altos ancianos de Soleil, alguien que tiempo atrás había cortejado a su esposa. Lo sujetó por los hombros sonriendo con malicia.

—¡Buena idea! ¡Siempre quise partirle esa cara presumida! —gritó Zhubao y soltó un puñetazo, y los demás ancianos entraron en la trifulca.

—¡¿Q-Qué demonios dices, viejo?! —respondió uno.

—¿Quién demonios me llamas viejo? ¡Somos de la misma edad! —replicó otro.

La mini pelea que se convirtió en un combate a puñetazos entre los dos clanes había comenzado. Entre los presentes, solo unas pocas mujeres como Tuzi y Xuebao no participaron en la gran refriega. Estaban sentadas en una roca alta mirando el caos abajo. Sheya estaba con ellas junto al médico de la otra tribu y sus aprendices.

Este grupo de médicos y aprendices estaba en alerta para tratar a esos cabezas duras después de la pelea. Meizhou y Shizi se quedaron cerca supervisando todo el evento. Solo intervendrían si alguien intentaba matar a otro. Los que infringieran las reglas serían atados boca abajo colgando por los pies de los árboles. Parecían orugas retorciéndose.

Su castigo también significaba no cenar esa noche.

Traducido por: Valiz

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