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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 470


El ‘invitado’ enviado por Navier esperaba en una pequeña habitación cercana a la Sala de la Rosa Blanca. Cuando Sovieshu entró, el ‘invitado’, que no esperaba ser recibido personalmente por el Emperador, se levantó de un salto, dejando caer su bolso al suelo.

—Su Majestad, es un honor conocerle. Soy Rivetti Rimwell.

¿Rivetti Rimwell?

El nombre le resultaba familiar a Sovieshu.

—Usted es...

—¿No me recuerda? Oh, bueno, solo nos vimos brevemente aquella vez. Soy la tía de Ahn, a quien Su Majestad salvó...

Sovieshu finalmente lo recordó. Era un nombre que había visto en los registros judiciales. Ella era la hija del Vizconde Roteschu Rimwell, quien fue condenado a muerte una vez que se reveló su colaboración con Rashta.

Intentar hacer pasar a un hijo propio como del Emperador era un delito extremadamente grave. Tan grave que familias enteras podían ser castigadas. Pero, curiosamente, en este caso solo los dos hombres directamente implicados en el plan fueron castigados, Roteschu Rimwell y Alan Rimwell.

El primer hijo nacido de Alan Rimwell y Rashta fue vendido como esclavo, pero su condena no estaba relacionada con ese crimen en particular.

Ahn era hijo de una esclava, y su padre, que era noble, se convirtió en criminal junto con su madre, así que fue tratado conforme a la ley.

Lo que más sorprendía a Sovieshu era que Rivetti Rimwell y la Vizcondesa Rimwell se habían librado de cualquier castigo. Cuando Sovieshu leyó eso en los registros judiciales, se preguntó por qué, pero la respuesta no estaba ni siquiera en su diario.

El hecho de que no estuviera en el diario significaba que su yo nocturno había decidido no escribir al respecto por alguna razón. Sovieshu supuso que había hecho algún tipo de trato con el Vizconde Roteschu. Pero ahora, una de esas personas estaba ante sus ojos, enviada nada menos que por Navier.

Parece una historia retorcida llena de relaciones enredadas. No...

Sovieshu frunció ligeramente el ceño. No quería sumirse en pensamientos tan complicados.

Esta jovencita llamada Rivetti… no, ya no es simplemente la hija de una familia noble. Es la dueña de una propiedad. Recibí el documento en el que su padre le cedía sus tierras.

El Sovieshu Nocturno se había asegurado de aprobarlo. El Sovieshu diurno se había preguntado por qué, pero como no podía recordarlo y no conocía ninguna conexión con Navier, no le dio mayor importancia.

En cualquier caso, creía que si investigaba la relación entre esta Dama Rimwell, Navier y Rashta, encontraría pistas sobre sus recuerdos perdidos...

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Decidimos que la habitación frente a la mía y la de Heinley sería la del bebé, porque así podríamos vigilarlo en todo momento. Una vez decidido, comenzamos a prepararla.

—¿Qué diseño desea para la cuna, Su Majestad?

—¿Por qué no hacerla de abeto?

—¡Un móvil de luna y estrellas sería precioso!

—¡Ah, señorita Rose! Su Majestad dijo que tiene planes para un móvil con joyas, así que mejor no interferimos.

—La ropa del bebé debe ser suave, ¿Cierto?

—El bebé también necesitará ropa formal para las fiestas.

Últimamente, el palacio estaba en un constante ir y venir, preparando la habitación del bebé, juguetes y accesorios.

Tal vez por la nueva vida que venía en camino, las sombras grises que rondaban el palacio se habían desvanecido. Además de preparar la habitación del bebé, también era necesario hacer algunas renovaciones para que pudiera moverse libremente sin lastimarse...

Había más trabajo del esperado. Se colocaron alfombras mullidas en los pasillos, se hicieron sillitas pequeñas para que pudiera sentarse cuando le dolieran los pies, se colocaron más caballeros por el palacio, y se colgaron decoraciones a baja altura, donde los ojos de un niño pudieran apreciarlas.

Mientras rodeaba mi vientre prominente con las manos, preparaba con cuidado la llegada de mi primer hijo. Sin embargo, aunque las sombras se hubieran disipado alrededor del palacio, una nube oscura persistía sobre mi cabeza que no se desvanecía sin importar lo brillante que fuera el ambiente.

Me pregunto si habrá una forma de quitar en secreto el nido que Heinley está haciendo.

Cuanto más aprendía sobre los bebés al preparar todo para mi hijo, más comprendía lo frágiles y diminutos que son. ¡Un nido no era en absoluto adecuado! Cuanto más lo pensaba, menos quería dejar a mi bebé en el nido descuidado de ramitas de Heinley.

El problema era...

—Mi Reina, mi Reina. Entre esta joya amarilla y esta joya morada, ¿Cuál es más bonita?

—...

—¿Mi Reina?

Heinley estaba ocupado decorando su nido. McKenna también iba de aquí para allá, recogiendo seda de algún lugar para su propio nido.

Como tenían que construir sus nidos en forma de ave, últimamente veía a menudo a un gran pájaro dorado y a un pequeño pájaro azul aleteando frente a las ventanas de mi oficina.

—¿No podemos poner al bebé en el nido cuando crezca un poco?

—Bueno, Su Majestad. Los bebés de la tribu deben pasar varias horas al día en su forma de ave.

—Lo sé, McKenna. Lo que quiero decir es que, cuando están en forma de ave, no necesariamente tienen que estar en un nido, ¿Verdad?

—Cuando eres un pájaro, el nido es el lugar más cómodo que hay.

Quería estar en desacuerdo. Pero nunca he sido un pájaro, así que no podía refutar la afirmación de McKenna.

Al final, me reuní con Heinley y McKenna en mi salón para ayudar a escoger la seda y otras decoraciones para los nidos.

Heinley y McKenna se transformaron en aves para sentir la suavidad de las sedas, mientras yo, como única humana, me limitaba a envolver las sedas alrededor de sus cuerpos emplumados.

—Su Majestad.

En ese momento, el Vizconde Langdel llamó. Como había pedido a mis damas de compañía que se retiraran para poder realizar esta tarea, fui yo misma a la puerta y pregunté qué pasaba. Les había dicho que no me interrumpieran a menos que fuera necesario, ya que tenía un trabajo difícil entre manos.

—Hay un hombre llamado Dolshi aquí.

Ah, Dolshi. Les había pedido que me avisaran si venía. Pero ahora...

Cuando miré hacia atrás, McKenna estaba congelado con una ramita en el pico. Heinley parecía reír mientras aleteaba como si la situación le resultara sumamente divertida, y luego rodó debajo de la mesa.

A veces parecen un poco tontos. ¿O será que su cerebro se encoge al tamaño de uno de ave?

—Vizconde Langdel, mi vientre se siente muy pesado en este momento. ¿Podría decirle que venga en otra ocasión? No me siento bien.

—Sí.

Una vez que cerré la puerta y regresé al sofá, las patas de McKenna cedieron y cayó plano sobre la mesa. Era tan adorable ver a un pajarito acostado boca abajo.

Pero la escena adorable no duró más de dos segundos, ya que Heinley pateó a McKenna en cuanto me eché a reír. Luego se acostó exactamente como McKenna y me miró con brillo en los ojos.

Era evidente lo que quería preguntar,¿Soy más lindo, verdad?

...sí, no cabe duda. Quien los llamó la Tribu de Cabezas de Pájaro eligió un nombre apropiado.

Traducido por: Valiz

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