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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 469


Cada pensamiento era más aterrador que el anterior. Y aunque los pensamientos en sí eran descarados, la voz interior transmitía serenidad e inteligencia.

¡Basta! ¡Cómo puedes pensar eso con una voz tan solemne!

El Gran Duque Kapmen gritó en su mente mientras miraba apresuradamente a ambos lados.

Nunca había sido sometido a pensamientos tan espeluznantes. Deseaba no escuchar más.

—¿Qué pasa?

—Mantente a tres metros de distancia.

El Gran Duque Kapmen advirtió fríamente a Dolshi, aún buscando al culpable.

Finalmente, vio a una mujer sentada con buena postura bajo un gran árbol. Sostenía un libro grueso en una mano y usaba gafas. El libro se titulaba “Una revisión profunda de tácticas y estrategias”.

Los pensamientos interiores de esa mujer… son completamente inesperados, dada su apariencia y ocupación actual.

Su expresión era tan solemne y sabia que nadie imaginaría que pudiera pensar semejantes tonterías.

El Gran Duque Kapmen se acercó a la mujer.

Mientras caminaba, se dio cuenta de que ese era el lugar donde una vez se desplomó por la dolorosa añoranza que sentía por Navier. Por un momento, el triste recuerdo de su amor no correspondido nubló su mente…

Pero entonces volvió a notar a la mujer, y sus miradas se cruzaron.

Como el Gran Duque Kapmen se había acercado demasiado, la mujer alzó las cejas y preguntó fríamente,

—¿Qué sucede?

Al mismo tiempo, su voz interior exclamó,

Vaya, qué hombre tan guapo. De cerca es aún más apuesto. ¡Qué virilidad y hombría! Si un hombre como este dijera, ‘Princesa Charlotte, quiero tu amor’, no dudaría en correr a sus brazos. ¡Sería éxtasis!

Los labios del Gran Duque Kapmen temblaron. Nunca había conocido a alguien cuyas palabras y pensamientos interiores fueran tan notablemente diferentes.

Había conocido a personas que mostraban una sonrisa amable mientras escondían una daga tras la espalda, pero nunca a una persona con una expresión tan seria y una imaginación tan traviesa.

¿Por qué parece tan nervioso mientras me mira? ¡Oh, cielos! Solo hay una posibilidad… ¿Este hombre realmente se enamoró de mí a primera vista?

—No… eso no es…

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Parecía que fue ayer cuando comenzaron a caer las primeras hojas de otoño. En un abrir y cerrar de ojos, el viento se volvió más frío y el aire helaba la punta de la nariz.

Sovieshu ordenó que colocaran una mesa en la terraza, tomó su diario y se sentó allí.

Una vez que un sirviente trajo las castañas y el azúcar en manteca derretida, acompañado por un cuenco de sopa tan caliente que debía soplarla para poder comerla, Sovieshu sostuvo el diario abierto con una mano y levantó la cuchara con la otra.

Comer solo era aburrido. Siempre era mejor distraerse con algo para sacudirse esa sensación.

Pero mientras sus ojos estaban en el diario, su mente divagaba.

—Marqués Karl, leí en los registros de la corte que la mujer llamada Rashta habló con rudeza y gritó una acusación escandalosa. ¿Fue cierto?

Recordó la expresión desconcertada del Marqués Karl de unos días atrás. Sovieshu perdió el apetito, chasqueó la lengua y cerró el diario.

Después de esa primera petición pidiéndole que se volviera a casar o al menos trajera a Sheir al palacio, una serie de peticiones similares le siguieron.

La mujer llamada Rashta hizo una declaración que conmocionó a toda la audiencia en el Tribunal Supremo.

Y ahora, el asiento de la Emperatriz estaba vacío y el Gran Duque Lilteang, el siguiente en la línea de sucesión, se encontraba en un estado de salud delicado. El pueblo tenía razones para estar inquieto.

Como Sovieshu no quería casarse con ninguna otra mujer que no fuera Navier, pensó que no sería mala idea traer a Sheir al palacio. Sheir sería un excelente escudo contra aquellos que insistían en que Sovieshu se volviera a casar. Además, si iba a traer a Sheir al palacio imperial eventualmente, era mejor hacerlo antes de que cayera en manos ajenas.

Terminado su razonamiento, Sovieshu dejó la cuchara y llamó al Marqués Karl.

—¿Me ha llamado, Su Majestad?

—Traiga a Sheir. Si de todas formas habrá que hacerlo, cuanto antes mejor.

El Marqués Karl pareció sorprendido por un momento, pero rápidamente hizo una reverencia respetuosa.

—Sí, Su Majestad.

Su sorpresa fue breve, pues sabía que era solo cuestión de tiempo antes de que esto ocurriera. Además, el Sovieshu de la noche compartía la misma opinión.

—Ah, Su Majestad. Sobre la investigación de la familia Zemensia, que ordenó anteriormente.

—¿Está completada?

—El Duque Zemensia tenía muchos amigos, pero ninguno cercano. Después de todo, su familia fue alguna vez la más poderosa entre la nobleza. Debía de tener muchos seguidores, pero pocos amigos verdaderos.

—Aun así, debe haber algunos con quienes fue cercano.

—Sí. El Duque Zemensia era especialmente cercano a su primo, el Marqués Ketron, y al Duque Liberty. Ambos también eran cercanos a la antigua Reina.

—¿Qué hacen ahora?

—El Marqués Ketron estuvo involucrado en el intento de asesinato de la Emperatriz por parte del Duque Zemensia, pero cambió de lealtad a favor de la Emperatriz poco después de la muerte de la antigua Reina. Como resultado, salvó el pellejo. Sin embargo, apenas se le ha visto desde entonces. Rara vez sale de su mansión.

—¿Y el otro?

—El Duque Liberty también se puso del lado de la Emperatriz antes de la muerte de la antigua Reina. Escuché que su postura sigue siendo la misma, aunque parece más reservado estos días.

Sovieshu se quedó pensativo un rato. Había muchas cosas que considerar para poder coludirse con éxito con nobles extranjeros. Además, lo que él quería era deshacerse de Heinley, no dañar a Navier.

Tenía que evaluar todos los escenarios posibles. Si las cosas salían mal, Sovieshu podría ser traicionado y sus intenciones expuestas.

Después de esperar mucho tiempo la respuesta de Sovieshu, el Marqués Karl preguntó con cautela.

—¿Qué haremos, Su Majestad?

—Sondéalos en secreto.

—Como ordene.

El Marqués Karl hizo una reverencia y se fue. Pero pronto regresó.

—Su Majestad.

Sovieshu, que apenas había comido, acababa de ordenar a los sirvientes que se llevaran la comida.

—¿Qué ocurre?

—Alguien del Imperio Occidental ha venido por el niño.

—¿Dónde están ahora?

Sovieshu se puso de pie. Navier había recurrido a la ayuda del Emperador Heinley para transmitir el mensaje, pero era una petición personal de ella, así que no se enviaría ningún emisario oficial. Probablemente había enviado a alguien cercano.

Si los trato bien, hablarán bien de mí con Navier.

Sovieshu apresuró el paso.

Traducido por: Valiz

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