La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 467
Conteniendo la risa, Koshar preguntó.
—Entonces, ¿En quién estabas pensando?
—Ah, en la joven a quien Su Majestad tomó bajo su protección. Su nombre es Rivetti, la joven es parecida a un perrito indefenso.
Algo en su propia respuesta pareció disgustar a Mastas, y frunció el rostro y se dio un golpe en el muslo. Koshar no entendía por qué Mastas se reprochaba a sí misma por sus propias palabras, pero le llamó más la atención la forma en que apretó el puño.
Con esa técnica, uno podía golpear con mucha fuerza sin hacerse daño. Demasiados caballeros ni siquiera sabían la técnica adecuada, así que era evidente que ella era realmente competente.
Cuando por fin llegó la comida, ambos comenzaron a comer en silencio.
Mastas abrió la boca varias veces, como si quisiera decir muchas cosas, pero luego la cerraba, mientras que Koshar no podía iniciar una conversación porque no sabía de qué hablar con una dama.
Sin embargo, ninguno de los dos se sentía incómodo con el silencio. Además, les permitió escuchar las voces a su alrededor.
—¿No dijo esa sacerdotisa que tuvimos suerte con la elección de Su Majestad de Nuestra Emperatriz del Imperio Occidental?
—¿Desde cuándo llamas a Su Majestad “Nuestra” Emperatriz?
—¿Qué? ¿Qué quieres decir?
—Antes te referías a ella simplemente como Su Majestad.
—Ah, eso fue antes de que me acostumbrara a Nuestra Emperatriz.
—Te acostumbraste justo después de oír el elogio de la sacerdotisa. Qué coincidencia.
—Ay, ¿Acaso no puedo cambiar de opinión?
Mientras Koshar y Mastas escuchaban conversaciones agradables sobre Navier a su alrededor, comían en silencio con gusto. Ninguno de los dos era particularmente devoto, pero ambos estaban muy agradecidos con esa sacerdotisa misteriosa.
Pero entonces…
—Todavía tengo mis dudas. Después de todo, es una extranjera. Cualquier extranjero apoyará a su país natal en un conflicto. La Emperatriz Navier vela por nosotros ahora, pero cuando las cosas se pongan difíciles, nos dará la espalda. No digo que esté mal. Yo haría lo mismo. Pero por esa razón, no puedo confiar en la Emperatriz.
Koshar no se abalanzó sobre él con una lluvia de puñetazos como solía hacerlo.
Pero no fue porque no quisiera. Fue porque Mastas reaccionó primero. Se levantó de un salto, golpeó la mesa con el puño y gritó,
—¡Cuida tus palabras!
Koshar se levantó instintivamente y la detuvo, experimentando por primera vez lo que se sentía estar cerca de alguien impulsivo y de temperamento fuerte.
Cuando Mastas por fin volvió en sí, se quedó mirando su puño con arrepentimiento y permaneció en ese estado durante el resto de la comida y en el camino de regreso al palacio. Koshar, en cambio, se sintió muy satisfecho con su comida.
De regreso en el Palacio Imperial, Navier mandó llamarlo.
—¿Cómo estuvo la cena?
Preguntó, fingiendo indiferencia. Él respondió con sinceridad.
—Encantadora… Ah, ¡La taberna!… la taberna fue encantadora. La cena fue agradable y cómoda.
Fue un comentario educado. Pero el rostro de Navier se endureció.
Koshar se llevó una mano al mentón, incómodo. Siempre metía la pata con comentarios inapropiados, así que se preocupó de haber dicho algo indebido.
Mientras repasaba sus palabras, su hermana le aconsejó con algo de preocupación.
—Hermano, si te gusta la señorita Mastas… tal vez deberías reconsiderar tu matrimonio con la Princesa Charlotte.
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Cuando le di ese consejo a Koshar ayer… ¿Fue una falta de respeto hacia la Princesa Charlotte? Estuve confundida toda la noche.
Si la Princesa de Whitemond se casara con mi hermano, no solo beneficiaría a Whitemond, sino también al Imperio Occidental. Como Emperatriz del Imperio Occidental, mis palabras quizá fueron demasiado imprudentes.
Pero cuando vi el rostro de mi hermano iluminarse al hablar de Mastas, no pude evitarlo porque me importaba su felicidad.
Ya había notado el encanto que sentía Mastas, ya que solía decir con una sonrisa fascinada que mi hermano era delicado pero de carácter firme. Incluso parecía ver el rostro de mi hermano en el mío, ya que a veces me miraba de reojo y se sonrojaba.
Me sentiría incómoda si fuera un amor unilateral, pero parecía que ambos se sentían atraídos. En esas circunstancias, no me parecía justo que mi hermano siguiera adelante con un matrimonio políticamente ventajoso “por el bien de la familia”...
Tampoco sería justo para la Princesa Charlotte a largo plazo. Mi hermano podría hacerla sufrir el mismo dolor que yo sufrí con Sovieshu. No quería que eso le ocurriera a ella.
Era común tener una amante, pero eso no significa que no afecte los sentimientos de las personas. Por eso el amor causa conflictos con tanta frecuencia. Muchos nobles peleaban por amantes, y muchos atacaban a los amantes de sus cónyuges aun teniendo los suyos propios.
Pensar en eso encerrada en mi despacho me puso más inquieta, así que salí a caminar.
En primer lugar, no era propio de mí entrometerme en la vida personal de mi hermano.
Entonces, ¿Por qué dije eso ayer? ¿Será por la forma en que Heinley siempre me mira, con ese brillo encantador en los ojos? ¿Será porque encontré el amor verdadero y quiero que mi hermano también se case por amor?
En todo caso, estoy siendo entrometida. Entrometida, entrometida, entrometida…
—¿Su Majestad?
¡Oh cielos! Mientras caminaba sin rumbo, me topé con el Gran Duque Kapmen.
¿Cuánto escuchó? Sonrió con incomodidad, como si hubiera oído mis pensamientos.
Avergonzada, aparté la mirada, y él se rió.
—Lo siento. No es mi intención burlarme. Es solo que parece que se ha vuelto mucho más relajada.
—¿A qué se refiere?
—Antes, se esforzaba por parecer una Emperatriz en todo momento.
¿Está diciendo que he perdido mi dignidad como Emperatriz?
—Oh no. No quise decir eso.
Quizá sea cierto que ahora parezco más relajada, ya que tengo menos preocupaciones en el Imperio Occidental.
—Por cierto, ¿Envió el ave a Dolshi?
—Sí. Ya debe haberla recibido.
—Gracias. Espero que le guste.
Cuando me separé del Gran Duque Kapmen, caminé un poco más hasta que un caballero corrió hacia mí para informarme sobre la llegada de un emisario del Imperio Oriental.
Al regresar a mi oficina, vi al emisario hablando con uno de mis asistentes. No sabía su nombre, pero reconocí su rostro.
Lo saludé con cortesía y él sacó una carta sellada del bolsillo interior de su chaqueta. La sostuvo con ambas manos.
—He venido a entregar una respuesta a la carta del Emperador Heinley.
Aunque es una respuesta a la carta de Heinley, me la entregan a mí. Inmediatamente supuse que habían encontrado a Ahn.
—Gracias.
Eso parecía ser todo, así que entré en mi oficina y abrí la carta.
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—¿Ya lo encontraron?
Como esperaba, la carta contenía la noticia de que habían encontrado a Ahn. También tenía algunas tonterías.
Cuando le conté la noticia a Rivetti, su expresión se volvió complicada mientras se cubría las mejillas con las manos.
No sabía si estaba sorprendida, feliz o preocupada, pero era la primera vez que mostraba emociones con tanta intensidad desde que se enteró de lo del Duque Elgy.
De hecho, desde que escuchó que el Duque Elgy apareció en el templo con Ahn en brazos, Rivetti vivía como si hubiera caído en un pozo oscuro.
Sus ojos se volvían fríos cada vez que hablaba del Duque Elgy. Un profundo resentimiento, dolor y sed de venganza se habían apoderado de ella.
No era ingenua y tenía defectos, pero solía tener una personalidad vivaz y combativa. No se dio por vencida y buscó rehacer su vida después de que su padre y su hermano murieran juntos.
Ahora que había aparecido un enemigo claro, últimamente me preocupaba que fuera tras el Duque Elgy con un cuchillo.
El Duque Elgy no era alguien a quien se pudiera matar solo con un cuchillo.
—¿Eh?
Laura había acompañado a Rivetti a mi oficina y preguntó sorprendida,
—¿Entonces eso significa que ya regresará al Imperio Oriental?
—No estoy segura.
Las manos de Rivetti temblaban.
Aunque tenía el deber de cuidar al único hijo de su hermano, ahora que se convertiría en realidad, tenía miedo.
—Si trae a Ahn aquí…
Laura abrió la boca, pero de repente se detuvo y cambió sus palabras.
—Bueno, eso tal vez no sea posible.
Ahn se parecía mucho a Rashta. Los nobles del Imperio Occidental habían visto el memorable rostro de Rashta un par de veces. Si Rivetti traía a Ahn aquí, todos sabrían quién era su madre. Era evidente que Laura lo había comprendido.
De hecho, yo había pensado lo mismo, así que era difícil saber qué decir.
Rivetti quería estudiar aquí, así que no podía pedirle que se fuera para reunirse con Ahn. Y aunque podía darle un hogar fuera de la capital, no podría venir al palacio con el niño.
Traducido por: Valiz
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