Regresar
DESCARGAR CAPITULO

La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 464


Heinley regresó de su reciente misión para recuperar las piedras en medio de una fuerte lluvia.

—No te preocupes, Mi Reina. Solo necesito tomar un baño caliente y dormir bien.

Sin embargo, al día siguiente Heinley ni siquiera podía hablar, así que llamé al médico.

—Está lúcido, pero tiene la garganta irritada.

Después de que el médico se fue, Heinley se llevó una mano a la garganta, angustiado por no poder comunicarse.

Me dolía verlo en ese estado, así que le tomé la mano y le prometí,

—No te preocupes, Heinley. Te cuidaré hasta que te sientas mejor.

—¡De ninguna manera, Su Majestad! ¡Sería terrible si Su Majestad se resfriara! Yo cuidaré de Su Majestad.

McKenna intentó disuadirme, pero era imposible que Heinley se comunicara con alguien que no fuera yo. Me necesitaba a su lado en un momento como este, ya que soy la única que puede entenderlo.

—Está bien, McKenna. Mira a Heinley, lo está pasando mal porque no puede comunicarse. Soy la única que puede entenderlo. Debo quedarme.

Justo como ahora. Heinley hacía gestos desesperados para indicar que prefería ser atendido por mí.

Los ojos de McKenna se abrieron de par en par al mirar a Heinley.

—¿Acaso… Su Majestad está tratando de decir que yo lo entendería mejor…?

Qué comentario tan absurdo.

Estuve a punto de refutarlo, pero al final acepté dejarlo quedarse. Aunque sabía que su ayuda no sería necesaria.

༻✦༺  ༻✧༺ ༻✦༺

Heinley nunca había sentido tanta tensión antes. Tragó saliva con dificultad.

Su garganta ardía terriblemente al tragar debido a la inflamación. No podía relajar los hombros por la incomodidad.

Podía haber soportado una fiebre terrible o varios huesos rotos, pero la incapacidad de hablar lo tenía en agonía.

Cuando Navier pintó para él, Heinley no entendió en absoluto lo que significaba. Ella aún no sabía que él no podía interpretar su arte, ya que Heinley convenientemente había permitido que ese malentendido pasara por alto.

Heinley amaba a Navier, pero había comprendido que no podían comunicarse sin palabras.

Una vez más, se le recordaba ese hecho.

Como su voz no salía, trató de expresar con gestos desesperados que prefería los cuidados de McKenna, pero Navier no entendió.

Más bien, se sentó a su lado y dijo con una dulce sonrisa,

—Está bien, Heinley. Me quedaré a tu lado todo el día.

Las manos de Heinley temblaron.

Navier creía que ella y Heinley podían entenderse con una mirada. ¿No se sentiría decepcionada si descubría que tenían problemas para comunicarse?

No quería ver esa expresión de decepción en su rostro.

Por eso, estaba decidido a permanecer consciente a pesar de la fiebre intensa y el dolor de garganta que le dificultaba respirar. Al menos así tendría una oportunidad de comunicarse correctamente con Navier.

—¿Heinley? ¿Tienes frío?

Navier lo miró con preocupación en su rostro helado mientras le apretaba las manos temblorosas.

Heinley se aferró a sus manos y le lanzó una mirada a McKenna por encima del hombro de Navier.

Ayúdame.

McKenna asintió discretamente para mostrar que comprendía.

Pero un momento después, Heinley perdió el conocimiento, abrumado por la tensión.

Cuando despertó, Navier estaba sumamente angustiada, observando su rostro de cerca.

No había mayor felicidad que mirar esos ojos fríos llenos de afecto. Heinley pensó que había sido un tonto al rechazar su oferta de cuidarlo.

Había renunciado a la guerra a cambio de esos ojos. ¿Cómo había podido tener miedo? Debió estar loco por contemplar la idea de rechazarla.

Se culpó a sí mismo por su desconfianza y, con gran esfuerzo, le sonrió a Navier.

Pero cuando Navier lo vio sonreír, frunció el ceño.

—¿Estás tratando de burlarte de mí?

—¡!

Heinley negó con la cabeza rápidamente. Al parecer sus músculos faciales no se movían como él quería debido a lo enfermo que estaba. Relajó su expresión para no molestar a Navier.

Media hora después, Heinley sintió sed, así que levantó una mano y señaló su boca.

Agua. Por favor, dame agua, Mi Reina.

Mientras abría y cerraba la boca, Navier volvió a fruncir el ceño.

—Si eso es lo que quieres, realmente no puedo negarme a ti.

¿Qué hice?

Antes de que Heinley pudiera responder, Navier le besó la mejilla.

Cuando sus labios fríos y suaves tocaron su piel acalorada, se le puso la piel de gallina. Pero al separarse, sintió ganas de llorar.

Por encima del hombro de Navier, Heinley vio a McKenna con un vaso de agua en la mano.

No, no lo traigas. Está bien. Mi Reina se avergonzará de haber malinterpretado.

Después de que Heinley habló con los ojos, McKenna dejó el vaso a un lado.

Aliviado, Heinley sonrió a Navier y murmuró ‘gracias’ con los labios hacia McKenna.

Luego, aproximadamente una hora después, Heinley quiso cambiarse de ropa, así que tomó su propia camisa y la sacudió ligeramente.

—¿Tienes calor?

Navier lo abanicó, mientras McKenna, que sostenía ropa limpia, dudó y se sentó de nuevo cuando Heinley le indicó que estaba bien.

Más tarde, cuando Heinley se pasó la mano por el estómago porque tenía hambre, Navier le preguntó si le dolía y lo frotó mientras le cantaba.

McKenna, que estaba a punto de ordenar sopa, miró a Heinley a los ojos y preguntó,

¿Qué quieres que haga? ¿Debo sentarme otra vez?

Esta vez, Heinley dijo que no importaba. Extendió la mano hacia McKenna, sin que Navier lo notara, moviendo los dedos desesperadamente.

¡Sálvame!

Traducido por: Valiz

◈❖◈

Si te gustó, Puedes apoyarnos aquí ~  [http://www.paypal.com/paypalme/MangoNovelas]

Tambien contamos con página de facebook ~ [https://www.facebook.com/MangoNovelas]

Tambien visítanos en TikTok ~ [https://www.tiktok.com/@mangonovelas]