La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 448
Capítulo 448 - Breve Despedida (1)
—Me temo que no puedo.
Mi respuesta ya estaba decidida de antemano.
El cuarto comandante pareció sorprendido por mi respuesta. ¿Estaba tan seguro de que cedería ante su chantaje?
—¿No puede?
—No puedo.
—¿No fui lo suficientemente claro? Es a cambio de la ubicación del Gran Duque Lilteang.
El cuarto comandante hablaba con incredulidad. Parecía que no había considerado la posibilidad de un rechazo.
—No tengo la intención de usar la quinta división para nada indebido, Su Majestad. Aunque no sea mi propia división, todos somos camaradas. Solo necesito ayuda porque me faltan manos.
—Aun así, no puedo aceptar su petición.
Con una sonrisa astuta, el cuarto comandante me hizo una pregunta bastante ingeniosa.
—¿El comandante Langdel le advirtió sobre mí?
Por supuesto, no tenía por qué responder con la verdad. Afortunadamente, no podría saber si mentía.
—No.
Él ladeó la cabeza, aún más confundido por mi respuesta firme.
—Entonces, ¿Por qué…?
Imité su sonrisa astuta en un esfuerzo por parecer lo más relajada posible.
—Antes de amenazar, debería averiguar qué métodos funcionan mejor con la otra parte. El chantaje no funciona conmigo, comandante Angel.
Dicho eso, el cuarto comandante se levantó del sofá y fue hacia la puerta en silencio. Pero justo antes de girar el picaporte, volvió la cabeza hacia mí.
—¿Sabe algo?
—¿Sí?
—Me habría decepcionado que aceptara prestarme la quinta división.
¿Estaba tratando de ponerme a prueba? ¿Quería saber si traicionaría a sus camaradas si me convenía?
Mientras las sospechas surgían en mi mente, el cuarto comandante añadió con una sonrisa radiante.
—Ha tomado su decisión, Su Majestad. No diga que no intenté ayudarla.
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Cuando desperté a la mañana siguiente, Heinley ya se había ido. Llamé a uno de sus asistentes para averiguar la razón.
—Su Majestad salió al amanecer, Su Majestad.
—¿Por qué?
—No sé los detalles, Su Majestad. Sin embargo, no parecía estar de buen ánimo. Supongo que es algo serio.
El asistente se veía preocupado. Después de terminar el desayuno, por fin descubrí la razón de su repentina ausencia.
—El Gran Duque Lilteang fue encontrado en mal estado a medianoche, afuera de la embajada del Imperio Oriental, Su Majestad.
La noticia me la dio mi asistente, y le ordené que averiguara más. Después de una pausa, añadió,
—La embajada contactó de inmediato al Emperador Sovieshu.
—Entonces, ¿El Gran Duque Lilteang está ahora con el Emperador Sovieshu?
—No, todavía está en la embajada. Pero parece que el Emperador Sovieshu exigió explicaciones al Emperador Heinley.
Mi asistente hizo una reverencia y salió de la habitación. Mis damas de compañía, con quienes acababa de desayunar, se miraron entre sí. Parecían preocupadas por el hecho de que el Gran Duque hubiera sido encontrado en ‘mal estado’. No podía decirles que todo estaría bien. Era evidente que la situación no pintaba bien.
No podía quedarme quieta, así que fui a ver a Heinley, pero no estaba en su oficina. Solo McKenna estaba allí. Me dijo que Heinley se había ido a su nido.
—¿Se refiere al que está detrás de los Jardines del Crepúsculo?
—Sí, Su Majestad.
—Gracias por decírmelo.
—Uh… Su Majestad.
Sin embargo, McKenna se apresuró a alcanzarme justo cuando estaba a punto de salir de la oficina.
—¿Qué ocurre?
¿Tenía algo más que decirme? McKenna dudaba, como si no supiera si hablar.
—El Emperador Sovieshu culpó a Su Majestad por las graves heridas del Gran Duque.
McKenna observó mi reacción. ¿Quería que consolara a Heinley, o tenía más que contarme sobre Sovieshu? Esperé un momento, pero no dijo nada más. Así que respondí que entendía, salí de la oficina y fui a los Jardines del Crepúsculo.
Heinley…
Sobre la columna engarzada de joyas, Heinley estaba en su forma de ave, posado sobre el nido raído de ramitas. Miraba fijamente a la distancia.
¿Qué está pensando? No se veía bien. Su tristeza era evidente incluso en su forma de ave.
Quería acercarme a él para consolarlo, pero cada paso que daba era difícil. No estaba segura de qué hacer. Mientras apretaba los labios, vi que Heinley envolvía su cabeza con las alas y luego lo oí arrullar con tristeza.
El miedo me invadió. Si me acercaba ahora, ¿Le recordaría todo lo que sacrificó por mí? ¿Comenzaría a arrepentirse?
Temía que su arrepentimiento se convirtiera en resentimiento.
Traducido por: Valiz
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