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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 439


La caja fue devuelta a Sovieshu.

Fue traída por una asistente de Navier con una disculpa cortés: la Emperatriz Navier lo apreciaba, pero no podía aceptarla por varias razones.

Tan pronto como la asistente se fue, Sovieshu abrió la caja. Aunque pensaba que ella no la aceptaría sinceramente, esperaba que al menos la conservara debido al respeto mutuo entre sus países. Se sintió un poco triste de que la hubiera devuelto de inmediato.

Desde la infancia, había tenido peleas con Navier, pero nunca habían sido serias. Por esa razón, no sabía cómo disculparse ante el odio desmesurado de Navier.

Navier ni siquiera ha querido hablar conmigo…

Mientras Sovieshu observaba deprimido los duraznos intactos, notó un pedazo de papel arrugado. Una vez que lo sacó y alisó, vio unos garabatos desconocidos.

Han pasado apenas unas horas desde que le hablé con claridad. Si siente aunque sea un poco de remordimiento, deberías irse. Es realmente un descarado.

¿Unas horas?

Sovieshu no tenía idea de que su yo nocturno se había reunido con Navier.

Había visto la nota en la que su yo nocturno le preguntaba si quería que ambos fueran odiados por Navier hasta el final, pero nunca pensó que era porque se había encontrado con ella.

Sovieshu examinó la nota dejada por su yo nocturno, luego arrugó el papel en su mano.

¿…Navier nos odiaría hasta el final? Parece que hubo una conversación importante. ¿No debería haberme informado al respecto? ¿Y no es su culpa que Navier nos trate con tanta frialdad? Él es quien terminó un matrimonio adecuado con Navier. Él lo arruinó todo. Lo odio.

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El Duque Elgy estaba sentado en la cubierta de un barco mientras giraba un medallón en su mano. A simple vista, parecía infeliz por su expresión indiferente.

—¿Qué le pasa?

—No lo sé.

—Déjalo en paz. Siempre se pone así después de obtener lo que quiere. Se emocionará otra vez cuando algo le interese.

Los piratas no le quitaban los ojos de encima al Duque Elgy, pero no le hablaban. Su estado de ánimo sombrío había persistido durante muchos días.

Mientras soplaba el viento salado, se escuchó el gorjeo de una gaviota.

El Duque Elgy levantó la mirada.

El ave en realidad era una cacatúa. Se posó en la pierna de Elgy y le ofreció la carta atada a su pata con un chillido.

Elgy tomó la carta y la desplegó. Inmediatamente reconoció la letra de Heinley.

¿Estás ocupado? ¿Podrías ayudarme a recuperar las piedras mágicas sembradas en Blue Bohean?

Elgy dobló la carta y la ató nuevamente a la pata de la cacatúa. Parecía que no tenía intención de escribir una respuesta.

La cacatúa tampoco insistió y simplemente voló con la carta. Mientras observaba al ave, el Duque Elgy se recostó contra la pared exterior de la cabina.

Ayudarlo a recuperar las piedras mágicas…

El Duque Elgy cayó en una profunda reflexión.

Sabía que al llegar a Blue Bohean sería reprendido y sermoneado por sus acciones en el Imperio del Este. Pensó en esa mujer… con su habitual voz tranquila, diría que el Duque Elgy no debería haber hecho daño a nadie.

Luego pensó en su padre, que probablemente escucharía a la mujer mientras bebía café. Llegaría un punto en el que su padre no soportaría más la situación incómoda y saldría de la habitación.

Después de eso, yo…

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Cuanto más pensaba en ello, más difícil me resultaba creerlo, y me enojaba cada vez más.

Es un descarado. No solo perdió la memoria, también su orgullo y dignidad.

El Sovieshu que yo conocí tenía un gran orgullo. Tal vez su orgullo como Príncipe Heredero no era tan fuerte como lo fue en sus días como Emperador. Pero aún debería ser lo bastante fuerte como para sentir vergüenza al ser descubierto mientras inspeccionaba el palacio de otro país con el pretexto de que había venido a disculparse. Debería haberse regresado de inmediato al Imperio del Este.

Sin embargo, ¡Me envió duraznos! ¿Cómo pudo enviarme duraznos en una situación en la que incluso una carta de disculpa como, ‘Lamento el malentendido de ayer’, sería vergonzosa?

—¿Su Majestad?

—¿Qué pasa, señorita Rose?

—¿Se encuentra bien?

—Por supuesto.

A decir verdad, no me sentía bien. Enojo hacia Sovieshu, preocupación y culpa porque Heinley tenía que recuperar las piedras mágicas, la inquietud de tener que manejar los asuntos imperiales en su ausencia, la posibilidad de que se descubriera nuestra implicación en la disminución de maná, la falta de progreso en mi entrenamiento mágico… todo eso y más abrumaba mi mente.

—Su Majestad.

Justo en ese momento, un caballero me informó que el Gran Duque Kapmen había venido a verme.

Fui al salón a recibirlo.

Cuando lo vi, recordé la última vez que lo había visto y una sonrisa incómoda apareció en mi rostro. Él me había presentado amablemente a su amigo, pero me sorprendí tanto al ver a Sovieshu que salí corriendo del café y lo dejé allí.

—Tome asiento, Gran Duque.

—¿Regresó a salvo al Palacio, Su Majestad?

Pensándolo bien, habíamos tomado un solo carruaje al café. Y yo me fui en ese carruaje, sin él.

—Sí, gracias por presentarme a su amigo. Lamento haberme ido primero.

—Era inevitable.

Kapmen finalmente se sentó, se quitó el sombrero y lo puso sobre sus rodillas. Mientras intercambiábamos palabras cordiales, Mastas trajo café, otras bebidas y comida.

Pero curiosamente, una vez que estuvimos completamente solos en el salón, Kapmen cortó de golpe la conversación agradable.

Parece que no vino solo a saludarme.

El Gran Duque miró hacia la puerta cerrada e inmediatamente cambió de tema.

—¿De qué habló con Dolshi mientras fui a verificar sobre el Emperador Sovieshu?

—¿No lo sabe ya? ¿Acaso no…?

¿...no escuchó sus pensamientos?Omití esa última parte por miedo a que alguien pudiera oírme. El Gran Duque Kapmen necesitaba ocultar su habilidad para poder aprovecharla.

—No.

¿Quién pensaría que ese bribón de Dolshi sería del tipo que cuida lo que piensa?

—No puedo oír los pensamientos de Dolshi.

—¿Cómo es posible? ¿No puede oír los de todos…?

¿Había excepciones?

—No. No sé la razón.

Después de su tranquila respuesta, Kapmen sacó un pedazo de papel de su bolsillo y me lo tendió.

—¿Qué es esto?

Al aceptarlo y desplegarlo, me di cuenta de que era un dibujo que podría describirse como un ‘garabato’. Parecía hecho por un niño de tres años particularmente malo para dibujar.

—¿Tiene un sobrino?

—Lo dibujó Dolshi.

—Oh… perdón.

—No se preocupe, él sabe que no es bueno dibujando.

Ya veo. Al menos el bribón tiene buena vista… pero eso lo hace aún más curioso. ¿Por qué el Gran Duque Kapmen me daría un dibujo que Dolshi mismo sabe que es malo?

—Dolshi me pidió que se lo entregara a la dama con el nombre gracioso.

—…

—Lo siento. No esperaba que se burlara de su nombre falso.

¡Mentira! ¿Qué otro motivo habría para llamar a una persona ‘Mariposa’?

Solo en momentos como este, cuando me quejo en mi mente, es un poco menos incómodo que la otra persona pueda oír mis pensamientos.

El Gran Duque Kapmen sonrió con amargura y apretó la taza de café. Me sentí un poco culpable por quejarme tanto en mi mente sobre ese nombre absurdo.

—Bueno, parece que no tengo buen gusto para los nombres.

Él ya conocía mi opinión, así que no había necesidad de responder. Sonreí incómoda, tomé un sorbo de mi bebida y cambié rápidamente de tema.

—¿Por qué Dolshi le pidió que me diera esto?

No había mostrado ningún interés en mí. Aunque ofreció ayudarme antes de que huyera, también dijo cosas extrañas…

—No lo sé. Solo me dijo, ‘Si ella hace esto, la ayudaré.’

—¿Eso significa que me ayudará a dominar mi magia si hago esto?

—Parece que sí.

El Gran Duque Kapmen vaciló al responder, como si realmente le molestara no poder oír los pensamientos de la otra persona. Asentí y volví a enfocar mi mirada en el dibujo de Dolshi.

—…

Necesitaba descifrarlo para decidir si haría lo que él quería. Pero por más que lo miraba, el dibujo era tan rudimentario que no podía entender qué significaba.

Veamos… hay líneas dibujadas de arriba abajo separadas por un pequeño espacio, y en el centro hay una forma que me hace pensar en una luz brillante intensa…

—…no sé qué es. ¿No dijo nada?

—Sí, le pregunté. Dolshi dijo, ‘Ella lo sabrá en cuanto lo vea.’

Era un dibujo que yo entendería.

Asentí y cambié unas palabras más con Kapmen. Una vez que se fue, llamé a mis damas de compañía y les mostré el dibujo para ver qué pensaban.

—¿No es solo una broma?

—Las líneas no son rectas. Creo que se burló de Su Majestad mientras las dibujaba.

—¿No es el mar? Son olas. ¿No brillan las olas con la luz del sol?

Pero fue inútil, mis damas de compañía tampoco entendieron el dibujo.

Ahora que estaba en esta situación, me sentí un poco apenada por haber intentado transmitir mis sentimientos a Heinley mediante una pintura. ¿Se sintió Heinley perdido intentando descifrar el significado de la pintura que le envié?

Claro, a diferencia de Dolshi, yo soy buena dibujando, así que Heinley no se confundió con mi mensaje… espera. Pensémoslo de otra forma.

Las peticiones normalmente se hacen por escrito. En mi caso, envié una pintura porque quería consolar a Heinley de una manera distinta a la habitual.

Sin embargo, Dolshi podría haber hecho su petición por escrito o comunicarse a través de Kapmen.

Aun así, envió un dibujo pese a saber que no tenía esa habilidad. Creo que eso es un punto importante.

Justo cuando entrecerré los ojos porque sentí que estaba cerca de una revelación importante, el Vizconde Langdel entró en la sala.

Parecía que había venido a informarme sobre un asunto importante, pero mis damas de compañía lo abordaron primero para preguntarle qué pensaba del dibujo. El Vizconde Langdel lo observó por un momento y dijo,

—¿No es una pared? Creo que es una pared.

—¿Una pared?

—Ahora que lo menciona, realmente parece una pared, Su Majestad.

—Es cierto. De aquí a aquí… esas líneas son la pared, pero ¿Esa cosa en el medio? Parece que brilla. ¿Qué podría ser?

Mientras mis damas de compañía lo comentaban, el Vizconde Langdel me miró. Quería hablar conmigo, pero mis damas no dejaban de parlotear sobre el dibujo.

Cuando por fin pudo quitárselas de encima, el Vizconde Langdel se apresuró a informar,

—Su Majestad, hace un tiempo me pidió que encontrara a la señorita Rivetti. Finalmente ha sido localizada.

Con esto, mis damas de compañía guardaron silencio al mismo tiempo, como si lo hubieran acordado previamente.

Traducido por: Valiz

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