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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 437


De vuelta en la habitación para invitados distinguidos, Sovieshu cerró los ojos y golpeó su cabeza contra la pared en cuanto cerró la puerta.

Quería beber, pero temía que el alcohol provocara la reaparición de las alucinaciones en las que veía a Navier.

Sovieshu colocó una mano sobre su pecho y se inclinó, mordiéndose el labio con fuerza.

Se deslizó lentamente por la pared, con la mandíbula apretada para reprimir los gritos de dolor. Se desplomó en el suelo y derramó lágrimas en silencio.

Quería retroceder el tiempo.

Dos años, no, con solo un año me bastaría. Ojalá pudiera volver un año atrás.

Era injusto. No había venido al Imperio Occidental por su propia voluntad, no había venido a investigar el fenómeno del declive del maná con el pretexto de disculparse con Navier, así que consideraba injustas todas las palabras que ella había dicho.

Esto le hacía lamentar aún más lo que le había hecho a Navier. Podía imaginar lo injusto que debió parecerle a Navier que su hermano fuera acusado falsamente y desterrado. Lo injusto que debió parecerle que Sovieshu la acusara de difundir rumores extraños sobre Rashta. Lo injusto que debió parecerle cuando él enviaba regalos a Rashta en nombre de Navier y los nobles chismeaban al respecto.

—Navier…

Cuando abrió los ojos creyó ver a Navier en la cama.

Estaba sentada en una posición cómoda, mirándolo con ojos que decían¿Qué estás haciendo?

Cuando extendió la mano hacia ella, ella sonrió y desapareció.

Sovieshu se puso de pie, apoyándose en la pared, y se tambaleó hasta la cama.

Tan pronto como se dejó caer sobre la cama, cerró los ojos y se metió bajo las sábanas, aferrándose a ellas y jadeando. Su ira sin rumbo por fin encontró un objetivo.

—Maldito mocoso.

El blanco de su ira era su yo diurno, el Sovieshu de 19 años que solo causaba problemas sin tener ninguno de los malos recuerdos.

Sovieshu fue hasta su escritorio, arrancó una hoja en blanco, tomó una pluma y destapó el tintero.

— ¿Qué demonios estás haciendo? ¿Quieres que Navier nos odie a los dos hasta el final? ¡Estás loco!

Cuando terminó la carta, la dejó sobre el escritorio, salió al pasillo y ordenó que llamaran al Marqués Karl.

Al poco tiempo, el sirviente trajo al Marqués Karl medio dormido.

Sovieshu, que hizo pasar al Marqués Karl a la habitación, señaló la otra carta.

—Deshazte de esto.

Confundido, el Marqués Karl recogió la carta con duda.

Parecía no estar seguro de si debía romperla o no.

Sovieshu le arrebató la carta y habló fríamente.

—No le estoy pidiendo que se deshaga de esto.

Se tocó la cabeza con un dedo.

—Encuentre la manera de eliminar la personalidad que aparece durante el día.

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Salí al jardín más temprano de lo habitual porque quería dar un paseo matutino.

Mientras caminaba sumida en mis pensamientos, casi me caigo al tropezar con una piedra, pero Mastas corrió a ayudarme.

—¿Está bien, Su Majestad?

Preguntó Mastas con preocupación.

—Estoy bien.

—No luce bien.

—No estoy de buen humor.

—Ah, es porque es muy temprano…

Aunque mis damas de compañía me ayudaron a tenderle una trampa a Sovieshu, no sabían las implicaciones de los rumores que habían difundido.

Me sentía mal por no poder ser honesta con ellas, pero no tenía opción. El asunto del fenómeno del declive del maná era altamente confidencial y pocos funcionarios del Imperio Occidental sabían sobre ello.

Quizás Mastas lo supiera. Aunque era mi dama de compañía, también era una de los caballeros de Heinley. Sin embargo, mis otras damas de compañía sin duda esparcieron los rumores sin conocer la verdadera razón.

Todo lo que les dije fue,Creo que Sovieshu ha venido con malas intenciones. Tendré que hacerle reconsiderar cuánto tiempo se quedará aquí.

Por supuesto, mis damas de compañía no dudaron en arremangarse.

La Condesa Jubel se abanicaba como si hiciera calor, y dijo:

—Su Majestad es el tipo de persona que encuentra desagradable ser menos que cortés. Ese no es el caso para muchas personas, como yo y mi esposo, pero Su Majestad es cortés con todos.

Laura añadió con un suspiro,

—La Condesa Jubel y el Conde Jubel son el uno para el otro. No sé por qué tienen una relación tan mala.

—Laura. No olvides que tengo un abanico en la mano. No me da miedo golpearte con él en la boca.

Mientras escuchaba la pelea entre la Condesa Jubel y Laura, me detuve junto a la fuente para sentir el chorro de agua con la mano.

Su Majestad es el tipo de persona que encuentra desagradable ser menos que cortés…

Tal vez esa sea la razón de mi incomodidad. Cuando hablé con dureza a Sovieshu, noté que cada palabra que dije le dolía y me sentí incómoda. Especialmente porque la persona a la que le hablé era el Sovieshu de 19 años, que no tenía recuerdos de lo que me había hecho.

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Después de mi paseo, fui directamente a mi oficina en un estado ambiguo, ni cómoda ni incómoda.

Mis damas de compañía se marcharon a atender sus asuntos. Solo el Vizconde Langdel y otros dos caballeros permanecieron a mi lado.

Pero estos tres también se marcharon tan pronto como entré a la oficina, así que me quedé completamente sola en un espacio lleno del olor a papel y tinta.

Por suerte, me sentí mucho mejor una vez que todo quedó en silencio. Cuando hundí el rostro dentro de un libro y lo olí, me calmé aún más.

—Uf…

Después de exhalar, bajé el libro y lo cerré. Justo entonces, escuché que alguien golpeaba la ventana.

Giré la cabeza sorprendida. Al otro lado de la ventana estaba…

—¿Queen?

Heinley, que se había transformado en ave, tenía el pico abierto de par en par.

¿...me vio hacer eso justo ahora?

Avergonzada, me apresuré a devolver el libro a su lugar y corrí hacia la puerta para escapar. Detrás de mí, escuché el pico de Heinley golpear la ventana repetidamente.

Cuando llegué a la puerta, miré hacia atrás y noté que Heinley seguía golpeando la ventana con el pico.

No puedo hacerlo. Si lo dejo entrar ahora, volverá a su forma humana y se burlará de mí.

Mientras sacudía la cabeza, los ojos de Queen se agrandaron, se encorvó con una expresión lastimera y agitó las alas débilmente. Actuaba como un perrito triste.

A pesar de su apariencia lastimera, seguí negando con la cabeza. Queen de repente se tocó la frente con las alas, tambaleó y terminó su actuación desplomándose sobre el alféizar de la ventana.

Al final, caminé hacia la ventana y la abrí. Queen entró de inmediato y revoloteó alegremente por la habitación.

Traducido por: Valiz

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