La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 432
Capítulo 432 - El amigo de Kapmen (1)
—Condesa Jubel.
Antes de la cena, le pedí tranquilamente un favor a la Condesa Jubel.
—¿Podría ir a ver si el Emperador Sovieshu ya se siente mejor?
Sovieshu, que se desmayó al ver la Lágrima del Hada, fue llevado rápidamente a su habitación para ser examinado por el médico de la corte. Según el diagnóstico del médico, todos sus signos vitales eran normales. Sin embargo, dos horas después, Sovieshu aún no se había despertado.
—Supongo que esta situación no debe ser fácil para Su Majestad.
—Sí, es un poco incómodo.
Aunque hubiera preferido no prestarle atención, no podía hacerlo debido a su posición…
De hecho, si Sovieshu no hubiera sido mi exesposo, habría estado más atenta porque un huésped distinguido no se encontraba bien durante su visita a nuestro país.
Pero debido a que Sovieshu ahora era mi exesposo, no le presté la atención que debía. Tanto porque no quería involucrarme con él como porque me preocupaba que Heinley se sintiera incómodo.
—No se quede mucho tiempo. Solo averigüe si está mejor y vuelva.
—Sí, Su Majestad.
Mientras esperaba a que la Condesa Jubel regresara, acariciaba los pétalos de las flores en un jarrón sin motivo y caminaba descalza sobre la suave alfombra.
La Condesa Jubel regresó poco después.
—Ya ha despertado, pero aún está descansando en su habitación. No pude verlo personalmente porque no permite que nadie entre.
—¿Está mejor?
—El Marqués Karl me dijo que estará bien. No hay motivo para preocuparse.
Es un alivio. Una vez asentí, la Condesa Jubel continuó con unas palabras innecesarias de consuelo.
De todos modos… Resultaba difícil creer que la mera leyenda detrás de la joya, la 'Lágrima del Hada', hubiera causado tal reacción en Sovieshu. Aunque haya perdido la memoria, ¿Habrá oído que me envió la joya? ¿Fue demasiado descubrir que le di su regalo a Heinley?
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Al día siguiente, Heinley tuvo que salir a trabajar muy temprano, así que desayuné sola. Mientras comía, reflexionaba seriamente sobre el asunto.
—¿Debería enviar a alguien a revisar cómo está Sovieshu?
Como Emperatriz, debería verificar el estado de nuestro huésped distinguido. Pero como su exesposa, no debería prestarle atención.
—¿Qué debo hacer? —Antes de que pudiera llegar a una conclusión, una persona inesperada vino a visitarme. Era el Gran Duque Kapmen.
—¿Qué lo trae por aquí a esta hora?
El Gran Duque Kapmen nunca había venido a verme tan temprano en la mañana, ni siquiera cuando estaba bajo los efectos de la poción de amor. Era extraño.
—Vine porque pensé que debería informarle sobre mi amigo.
—¿Qué amigo?
—El que odia a los nobles…
Ah, ahora lo recuerdo.
—¿Se refiere al mago de hielo?
—Sí, ya ha llegado a la capital. Su Majestad me pidió que le informara. Aceptó encontrarse en un café cercano, en dos horas…
—Entonces, ¿Va a salir ahora para encontrarse con su amigo?
El Gran Duque Kapmen hizo una pausa y frunció el ceño.
—Sí. Pero, como le dije antes, no creo que sea una buena idea.
El rostro de Kapmen se distorsionó aún más. Aún parecía dudoso sobre llevarme a conocer a su amigo.
Mis damas de honor, que se rieron histéricamente de mis mediocres habilidades actuando, se taparon la boca y se rieron, probablemente recordando mi actuación.
Excepto Mastas, que llevaba una sonrisa confiada.
Prefería ir. También ayudaría a despejar mi mente.
—Condesa Jubel.
—Sí.
—Necesitaré la ropa que le pedí que preparara con antelación.
Después de enterarme sobre el amigo del Gran Duque Kapmen, ordené a mis damas de honor que trajeran ropa que me hiciera parecer una rica plebeya.
La Condesa Jubel entendió de inmediato y se apresuró a mi habitación.
El Gran Duque Kapmen ahora se puso ambas manos en la frente con una expresión de nerviosismo.
Lo ignoré y di algunas órdenes más.
—Mastas. Mientras me preparo, hazle saber a Heinley que estaré fuera por unas horas. Laura. Explica la situación al Vizconde Langdel y dile que quiero que me escolte. Rose. Prepara la carruage que utilizaré como plebeya.
—¡Sí!
—¡Sí, Su Majestad!
—Entendido.
Mis damas de honor se apresuraron a seguir mis órdenes. El Gran Duque Kapmen pasó sus manos por su cara, pero su expresión de preocupación no me disuadió. Volví a mi habitación a cambiarme.
Finalmente, un poco más de una hora después, salí del Palacio Imperial en una carruage sencillo, acompañada por el Vizconde Langdel, sus caballeros y el Gran Duque Kapmen.
—Su Majestad.
En el camino, el Gran Duque Kapmen me aconsejó seriamente:
—Como recordatorio, mi amigo realmente odia a los nobles. Incluso si cree que Su Majestad no es noble, aún podría hacer comentarios desagradables sobre los nobles.
—Lo entiendo.
—Si mi amigo hace comentarios desagradables…
—Lo golpearé en la boca con mi abanico.
—…
El Gran Duque Kapmen me miró con sorpresa y se cubrió la frente con la mano.
Cuando pensé,es solo una broma, él bajó la mano con una expresión avergonzada y cambió de tema.
—Le conté a mi amigo sobre Su Majestad en una carta.
—¿Qué le dijo?
—Le dije que su nombre es ‘Navi’ y que es hija de una familia de mercaderes ricos.
—¿Mencionó que soy una maga?
—Sí, le expliqué a mi amigo que Su Majestad no pudo asistir a la academia debido al embarazo de Su Majestad.
Asentí y relajé los músculos de mi rostro mientras me miraba en el espejo que había traído.
—Su Majestad. No debe hablar como una vulgar.
—Está bien.
¿Por qué el Gran Duque me presentó como ‘Navi’?
Tan pronto como pensé en eso, el Gran Duque Kapmen desvió la mirada y se aclaró la garganta.
—Lo siento. No es importante.
—Al contrario, lamento no poder evitar escuchar sus pensamientos.
Sonreí, agradecida por su consideración.
Pero lo que más le agradecí fue que fingió no saber que había salido rápidamente para evitar tratar con Sovieshu.
Traducido por: Valiz
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