La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 428
Uh… está tratando de manipularme. Me quedé en shock por unos momentos antes de recuperar el sentido, como si me hubieran arrojado un balde de agua fría.
—Primero que todo… debo disculparme.
—¿Por qué?
—Porque no le creí cuando dijo que se había vuelto loco.
Presioné mis sienes. No tenía gracia en lo absoluto, y me dolía la cabeza.
—Ahora está claro que no mentía. La única explicación que encuentro para si propuesta ofensiva es que se ha vuelto loco. Completamente loco.
—¿No quieres?
¿Es que no tiene vergüenza?
—Por supuesto que no. La pregunta en sí es absurda.
—¿Absurda? ¿Es porque soy el Emperador?
—No.
—¿Entonces?
—Por la persona en la que se convirtió.
—¡!
—No lo amo.
—Eso no es verdad.
—No lo amo.
—Sé que no estás diciendo la verdad.
Me sorprendió que Sovieshu hablara con tanta determinación.
¿Qué le pasa? ¿Cómo puede ser tan arrogante?
—En mis recuerdos…
—Busque bien en sus recuerdos.
Me contuve un poco porque había perdido la memoria. Finalmente, dije con frialdad:
—Una vez que busque bien, sabrá por qué lo odio.
—Quiero redimirme por mis errores. Quiero disculparme. Te pido perdón.
—Debe recuperar sus recuerdos primero. ¿Cómo puede pedir perdón sinceramente si ha perdido la memoria?
Finalmente, señalé la puerta con el dedo y le ordené que se fuera.
—Váyase.
—…
—Dijo que sería obediente. Váyase.
Cuando levanté la voz, Sovieshu bajó los hombros y salió caminando.
Al ver su figura lamentable, me llevé una mano a la frente.
Racionalmente, podía entender su motivación para hacer esto.
En aquella época, en el tiempo que Sovieshu recuerda actualmente, él y yo nunca discutimos tan seriamente. No se habría rendido, aunque yo estuviera enojada.
Cuando Sovieshu se enamoró de Rashta y me trató con frialdad, yo no podía entenderlo en lo más mínimo. Esto debe ser lo que Sovieshu siente ahora.
Ni siquiera sabía que lo amaba en aquel entonces, pero éramos amigos y cómplices, y sus acciones me dolieron. Era difícil creer que una persona pudiera cambiar tanto de un momento a otro.
Sovieshu, que perdió la memoria, probablemente piensa lo mismo.
Pero eso era todo. Emocionalmente, nunca, nunca podría aceptarlo.
Toda la ira y molestia que sentía se debía a la indignación de que la persona con la que hablaba fríamente no era el Sovieshu que odiaba, sino el Sovieshu que era mi amigo.
—Sovieshu… debes recuperar tu memoria pronto. No te escondas detrás de tu pasado.
Finalmente miré los documentos otra vez, pero no pude concentrarme como antes. Incluso el sonido del bolígrafo raspando el papel me resultaba molesto, así que empecé a pasear de un lado a otro por la oficina antes de salir en busca de Heinley.
—¿Dónde está Su Majestad Heinley?
Sentía que la única forma de calmarme era ver a Heinley.
El caballero al que pregunté me informó que estaba en el campo de entrenamiento.
Como esperaba, en cuanto vi a Heinley, me sentí aliviada.
Estaba blandiendo una espada de madera contra un gran muñeco. Cada vez que la espada chocaba con el muñeco de madera se escuchaba un golpe sordo.
Mientras lo observaba, Heinley pareció notar mi presencia, así que bajó la espada y me miró. Justo en ese momento sopló un fuerte viento, que alborotó su cabello que tanto me gustaba.
Cuando le hice una señal con la mano, Heinley sonrió con tanta calidez que finalmente recuperé la compostura. Inmediatamente se acercó a mí.
—¿Viniste a verme?
—Así es.
Heinley pareció momentáneamente sorprendido por mi respuesta directa, así que la reafirmé con una sonrisa suave.
—He venido a verte.
Heinley se pasó la mano por el cabello.
—Estoy empapado en sudor. ¿Debería ir a darme un baño?
—Te ves bien así.
—¿Te gusta mirar mi cuerpo cuando está cubierto de sudor?
Oh, eso fue un malentendido. Solo intentaba decir que no había necesidad de que se bañara.
Justo cuando noté el cambio en la sonrisa de Heinley, se quitó la camisa para mostrar su firme pecho y abdomen.
Su sonrisa se volvió pícara.Quiero molestarte, quiero molestarte, parecía decir, así que deliberadamente puse mi mano sobre la espada que sostenía y miré hacia otro lado.
—¿Puedo intentarlo yo también?
—¿Eh?
Heinley me entregó la espada algo confundido.
—Espera, ¿Quieres golpear… con la espada…?
Señaló al muñeco de madera.
—Así es.
Quería golpearlo mientras imaginaba que era Sovieshu.
—¿No será difícil ahora que estás embarazada?
—Solo será un golpe ligero.
—¿Pasó algo malo y ahora quieres golpear el muñeco de madera con mi espada?
—…
—Supongo que eso es un sí.
—Así es.
En lugar de explicarlo más, apreté con fuerza la espada y me dirigí al muñeco de madera.
Sostuve la espada con ambas manos y golpeé la cabeza del muñeco de madera.
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—Mira bien. Este eres tú. Piensa en este muñeco como tú. Eso es lo que Su Majestad quiso decir.
—¿De verdad?
—¡Por supuesto! La Emperatriz incluso le envió un mensaje a través de una pintura, pero Su Majestad no lo entendió. Así que la Emperatriz está enojada.
—Mi Reina no suele ser tan violenta…
—Todos tienen un lado violento. Puede que parezca muy amable por fuera, pero a veces pensamientos muy violentos vienen a mi mente cuando veo a Su Majestad.
—¡!
—¡Tengo que esforzarme más! ¡Tengo que esforzarme más!Eso es lo que pienso.
McKenna había estado hablando enérgicamente mientras agitaba las manos, pero cambió nerviosamente sus palabras en el último momento. Heinley se rió y lo elogió.
—Eres tan lindo, McKenna.
El rostro de McKenna se puso tenso.
—¿Está bromeando?
Heinley negó con la cabeza con una sonrisa suave.
—Es verdad. Lo digo en serio.
A McKenna se le puso la piel de gallina y se frotó los brazos.
—No diga cosas repugnantes. Es incómodo.
Heinley suspiró, luego cruzó los brazos y volvió a ponerse serio.
—Lo que es seguro es que ocurrió algo que la molestó…
McKenna por fin se sintió aliviado y bajó las manos. Luego murmuró:
—Podría ser.
—La pintura no tiene nada que ver.
Heinley lo interrumpió tajantemente.
—No estoy hablando de la pintura… escuché que el Emperador Sovieshu visitó la oficina de la Emperatriz Navier durante el día.
Las cejas de Heinley se alzaron como por arte de magia ante esas palabras.
—¡¿Qué?!
Al levantarse de golpe, su silla cayó al suelo.
—Bueno, estuvo allí por poco tiempo. Al parecer salió con una expresión amarga.
—¿En serio? Supongo que Mi Reina lo trató con mucha frialdad.
—Podría haber sido desagradable para Su Majestad incluso si actuó con la formalidad de una Emperatriz.
—Sí, tiene sentido. Eso explicaría por qué atacó la cabeza del muñeco de madera con tanto vigor.
Heinley asintió varias veces, levantó la silla del suelo y se puso el abrigo.
—Debo irme ahora.
—¿A dónde?
Traducido por: Valiz
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