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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 425


Capítulo 425 - ¿Se ha vuelto loco? (2)

Sovieshu pidió deliberadamente tiempo para hablar en privado con la ‘Emperatriz del Imperio Occidental’.

Fue un movimiento astuto. Sería difícil rechazar una solicitud tan pública frente a tantas personas presentes. Si lo rechazo ahora, se rumoreará que antepongo mis asuntos personales al país. No pasará mucho tiempo antes de que comiencen a esparcirse rumores maliciosos sobre mi relación con Sovieshu.

Fruncí el ceño y Sovieshu levantó la mano y presionó un dedo entre sus cejas.

¿Qué significa eso? Cuando volví a fruncir el ceño, él volvió a presionar sus cejas. Parecía estar aguantándose la risa.

Estaba a punto de levantar la mano y tocarme la frente cuando lo comprendí.

En sus días como Príncipe Heredero, Sovieshu solía levantar la mano y presionarla contra mi frente cada vez que fruncía el ceño.

En ese entonces, a veces eso me enojaba aún más, pero otras veces me hacía cosquillas y se me pasaba el enojo.

No puede ser…

¿Por qué Sovieshu actúa como en aquellos días? ¿Qué pretende lograr?

Mientras permanecía allí, sin palabras, Heinley intervino con firmeza.

—Hable aquí.

Sovieshu rió con insolencia.

—Perdón, pero no es un asunto apropiado para discutir con el Emperador del Imperio Occidental.

Heinley se estremeció.

—¿Qué podría tener que decirle a mi esposa en privado?

La atmósfera entre ellos se volvió fría en un instante. Apreté la mano de Heinley para que retrocediera sin causar problemas. Sin embargo, en el momento en que Sovieshu repitió la palabra ‘esposa’ con una sonrisa burlona, Heinley no pudo permanecer impasible y cayó en la provocación.

Sentí que flexionó los músculos del brazo.

Sovieshu continuó,

—Lo que quiero hablar es un asunto entre Emperatrices.

—¿...qué dijo?

—Si tuviera esposa, le habría encargado esta tarea, pero como sabe, ahora estoy soltero.

—¡!

—Ya que actualmente cumplo el papel de Emperador y Emperatriz, solicito una reunión entre Emperatrices, así que pido que el Emperador del Imperio Occidental se retire.

Sovieshu recurrió una vez más a esa lógica irritante que ya había utilizado antes en la reunión.

Heinley estaba tan furioso que se frotó el cuello con la mano libre. Sovieshu me miró con calma y habló con descaro.

—Por esa razón, Su Majestad Navier, ¿Podría concederme unos minutos para hablar con usted?

¿Quiere hablar conmigo a solas porque actualmente cumple el papel de Emperatriz? Qué gracioso.

—Por supuesto, Su Majestad Sovieshu…

Ante mi respuesta cortés, Heinley se volvió hacia mí y me miró con ojos de cachorro. Parecía pensar que hablaría en privado con Sovieshu.

Bueno, necesita hablar con la Emperatriz a solas. ¿Cómo podría ignorarse una solicitud del Emperador del Imperio Oriental?

—…sin embargo, no me siento bien, así que delegaré el papel de Emperatriz a mi esposo por un rato.

No tenía que ser yo. Hablé con la mano puesta suavemente sobre el hombro de Heinley, y en un instante, las reacciones de Sovieshu y Heinley se invirtieron.

—Heinley. Durante tres horas, serás la Emperatriz.

—¡Seré una excelente Emperatriz, mi Reina!

Eso sería suficiente. Apreté el hombro de Heinley, me di la vuelta y subí las escaleras.

Pude escuchar a Heinley hablando con triunfo.

—Entonces, Emperatriz Sovieshu. ¿De qué necesita hablar entre Emperatrices?

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—¿Fue una conversación fructífera entre Emperatrices?

Después de que Navier se retirara, Sovieshu y Heinley pasaron unos quince minutos a solas. De camino a su residencia temporal, el Marqués Karl preguntó al respecto con desánimo.

Sovieshu le lanzó una mirada exasperada, como si preguntara:

—¿Qué clase de pregunta es esa?

El Marqués Karl sonrió pacientemente. Sabía que el plan de Sovieshu no había salido como esperaba.

—Parece que la Emperatriz temporal del Imperio Occidental no tiene buenos modales.

—Ha crecido como era de esperarse, según los rumores de que solía escaparse de sus padres. Su forma de hablar me molesta.

Ante el murmullo de Sovieshu, el Marqués Karl volvió a sonreír.

Esas son dos perspectivas distintas.

El Emperador Sovieshu, que era mayor y más maduro que Heinley, lo consideraba un simple príncipe mujeriego con mala reputación.

El Príncipe Heredero Sovieshu, cuyo nivel de madurez era más parecido al de Heinley, lo consideraba un alborotador.

El Marqués Karl tenía curiosidad por observar las distintas perspectivas del Emperador Occidental.

—Pensándolo bien, la edad mental actual de Su Majestad y la edad del Emperador Heinley son casi iguales.

—…

—Parece que ustedes tienen cosas en común porque tienen casi la misma edad, Su Majestad.

—¿La misma edad mental?

—Quiero decir madurez…

—Marqués Karl, eso suena como si lo estuviera elogiando.

—No, no lo estoy.

—Entonces, ¿Por qué llegó a esa conclusión?

—Porque antes no prestaba atención al Emperador Heinley.

El verdadero Sovieshu menospreciaba al Emperador Heinley, como si no fuera más que un insecto que no valía la pena notar.

Cuando volvió a ser el Príncipe Heredero, Sovieshu veía al Imperio Occidental como un país advenedizo y al Emperador Heinley como una molestia. Pero lo consideraba una lucha entre iguales.

El Marqués Karl notó las diferencias entre las dos personalidades de Sovieshu…

Una vez que el Marqués Karl se fue, Sovieshu exclamó, incrédulo:

—¡Mi edad! ¡Tenemos casi la misma edad!

Enfadado, sacó un diario que había escondido entre su ropa en el tocador.

Era el diario en el que registraba los eventos del último año. Lo había traído consigo para leerlo en su tiempo libre.

Sovieshu se recostó en la cama y abrió el diario. Repasó lo que había sucedido tras la llegada de la mujer llamada Rashta.

Sovieshu creía que los bellos momentos que había compartido con Navier también eran recordados con cariño por ella. Tenía la intención de pedirle perdón y creía que esos recuerdos convencerían a Navier.

Pero primero, necesitaba entender el pasado para sanar sus heridas una por una. Solo entonces lo perdonaría.

Al menos, eso pensaba Sovieshu. Se concentró en las palabras escritas con tinta negra sobre el papel blanco.

Fui algo frío con Navier y castigué severamente a una de sus damas de compañía por una ofensa a Rashta… Discutimos por ese asunto y le pregunté por qué no podía obedecerme por una vez…

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—Lamento decir esto, Condesa Jubel, pero ¿Todos los sirvientes del Imperio Oriental se comportan así?

Era un día brillante y la luz del sol entraba en mi habitación mientras el viento acariciaba mis mejillas. El clima era perfecto, así que me senté a leer un libro junto a las ventanas abiertas de par en par.

Laura dormía en un sofá cercano.

En medio de la atmósfera relajante, la voz aguda de Rose captó de inmediato mi atención. Cuando la miré, vi que la Condesa Jubel también estaba desconcertada.

—¿A qué se refiere?

Rose resopló con fastidio y cruzó los brazos.

—Los sirvientes traídos por el Emperador Sovieshu son arrogantes y no hacen bien su trabajo. Solo ha pasado un día y ya han causado muchos problemas.

—¿De verdad?

—Sí.

—Qué extraño. ¿Por qué será?

La Condesa Jubel no dijo nada más, probablemente porque prefería no hablar mal del Imperio Oriental, y volvió a lo que estaba haciendo.

Rose expresó su disgusto un par de veces más, pero como la Condesa Jubel no le prestó mucha atención, al final se quedó callada y se fue.

Sin embargo, al rato regresó, asombrada.

—Su Majestad, Su Majestad. El Emperador Sovieshu viene a verla.

—Sovieshu…

—Sí, lo vi venir en esta dirección hace un momento…

Fue interrumpida por el sonido de la campana y la voz de mi asistente al otro lado de la puerta.

—Su Majestad la Emperatriz. El Emperador Sovieshu del Imperio Oriental desea verla.

Laura, que se había despertado de golpe, se levantó. Mastas también se puso de pie sosteniendo su lanza afilada.

La Condesa Jubel me miró con ansiedad.

Me quedé desconcertada. No esperaba que viniera hasta aquí. Pero no podía evitarlo, así que lo dejé entrar.

Momentos después, se abrió la puerta y entró Sovieshu.

A diferencia de su aspecto formal del día anterior, vestía de manera informal con una camisa clara y pantalones negros.

Tan pronto como entró, me sonrió con suavidad mientras yo mantenía una expresión fría. Una vez que mis damas de compañía salieron de la habitación, hablé con dureza.

—¿Cuáles son sus verdaderas intenciones? Si está aquí solo para recuperarse, ¿Cómo explica sus acciones de ayer y hoy?

—Me siento mejor cuando te veo.

—Yo no. No me siento cómoda en su presencia. Y ya le he dicho en otras ocasiones que no me hable informalmente, Su Majestad Sovieshu.

—Prefiero cuando me hablas informalmente.

¿Eh?

—¿Qué está diciendo? ¿Se ha vuelto loco?

—Sí, me he vuelto loco.

—…

¿Está haciendo una broma inapropiada? ¿Vino a buscarme a mi habitación por un asunto tan sin importancia?

Mientras lo miraba confundida, Sovieshu sonrió con torpeza.

—De verdad me he vuelto loco, Navier.

Traducido por: Valiz

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