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La Emperatriz Se Volvió A Casar - Novela Cap. 410


Sovieshu frunció el ceño como si las palabras del Marqués Karl no tuvieran sentido, tan descabelladas que ni siquiera merecían ser escuchadas.

—¿Qué está diciendo? Navier está casada conmigo.

—Después del divorcio, se volvió a casar.

—¿Ella se divorció de mí?

No había dureza en la voz de Sovieshu. No creía en las palabras del Marqués Karl.

El Marqués Karl se tiró de la barba y no dijo nada para contradecir a Sovieshu, cuyos ojos temblaban.

Aunque Sovieshu sabía en el fondo que algo no andaba bien, prefería hacer la vista gorda porque todo le parecía absurdo.

—¿Por qué me divorciaría de Navier? ¿Navier… me engañó con otro hombre? ¿No le importo? ¿O es por los duraznos?

El Marqués Karl sintió ganas de llorar y reír al mismo tiempo. Una sonrisa se asomó en sus ojos y tristeza en sus labios.

Recordó la cercana relación entre Navier y Sovieshu en el pasado. En ese entonces, nadie habría imaginado que Sovieshu se divorciaría algún día de Navier. La pelea por unos duraznos era lo peor que el Marqués Karl podía recordar de aquella época.

¿Cómo terminaron así?

—Su Majestad tomó a otra mujer como concubina.

—¡!

—Y eso no es todo. Se divorció de Navier para convertir a su concubina en Emperatriz.

—¿Qué…? Eso es… eso es ridículo…

—Eso fue lo que ocurrió. Así que Navier se volvió a casar y se estableció en el Imperio Occidental.

Sovieshu negó con la cabeza, con los ojos muy abiertos.

—Eso no tiene sentido. ¿Me enamoré de otra mujer y le pedí el divorcio a Navier? ¿Yo? ¿Cómo pude hacer algo así?

—Lo hizo.

Sovieshu, que no dejaba de sacudir la cabeza, de pronto se detuvo y preguntó:

—¿El nombre de esa mujer es Rashta?

—¿Lo recordó?

—No. Escuché a los cortesanos susurrar su nombre cuando desperté.

Sovieshu lo pensó un poco más y preguntó:

—¿Esa mujer tiene el cabello rojizo, por casualidad?

—No, es completamente diferente.

El Marqués Karl respondió con certeza.

—No puedo creerlo. No puedo creer que me casé con otra mujer. No puedo creer que le pedí el divorcio a Navier. Es absolutamente imposible.

—Su Majestad…

—¡Basta de bromas tontas! ¡Por favor!

Dicho esto, Sovieshu se apresuró hacia el Palacio Occidental.

El Comandante de los Caballeros lo ayudó sin decir una palabra.

Sovieshu entró en la habitación que había ocupado Navier en aquel entonces, pero estaba completamente vacía. En cuanto vio las habitaciones vacías, Sovieshu perdió la fuerza en las piernas y casi se derrumbó.

El Comandante de los Caballeros reaccionó rápidamente, evitando su caída. Sovieshu miró al Marqués y Karl con una expresión rígida. El Marqués Karl bajó la cabeza, con el corazón oprimido por el dolor.

Si la memoria de Sovieshu realmente había regresado a sus días como Príncipe Heredero, entonces, desde su perspectiva, había perdido de repente tanto a su madre como a su esposa. Su desesperación debía de ser enorme.

Sovieshu miró al suelo por un momento y luego dijo:

—Volvamos.

Ya en su dormitorio del Palacio Oriental, mientras era examinado por el médico del palacio, Sovieshu preguntó:

—Marqués Karl. ¿Navier… sufrió mucho? ¿Por mi culpa?

—Sí. Sufrió muchísimo. Muchísimo.

—…

—Tuvo un tiempo muy difícil.

El Marqués Karl pensó que Sovieshu ahora preguntaría por Rashta. Pensó que preguntaría por la mujer a la que amaba tanto, lo suficiente como para dejar a Navier. Mientras decidía las palabras adecuadas, Sovieshu hizo otra pregunta.

—¿Es posible recuperar a Navier?

El Marqués Karl lo miró sorprendido. El médico del palacio, que aún seguía ahí, también miró a Sovieshu con los ojos muy abiertos.

Sin embargo, la expresión de Sovieshu era seria. Miró fijamente al Marqués Karl con determinación y repitió:

—Está bien. ¿No dijo que soy el Emperador? Lo averiguaré por mí mismo.

—¡Su Majestad!

—Otra pregunta, Marqués Karl. ¿Con quién se volvió a casar Navier?

—Se casó con el Príncipe Heinley del Reino Occidental.

—¡Tonterías! ¡Maldita sea, dígame que es una broma de una vez! ¡Por favor! ¿Dice que se casó con ese niño que solía escaparse de casa todo el tiempo? ¿Navier?

Estaba sobresaltado. Se llevó la mano a la cabeza y la pasó por el cabello.

—Es absurdo. Por muy afectada que estuviera Navier… por el divorcio, ¿Cómo pudo casarse con ese… ese niño…?

El Marqués Karl estuvo cerca de reír a pesar de la tristeza de la situación. Podía entender la razón de la reacción de Sovieshu.

—El Príncipe Heinley ya no es un niño, Su Majestad.

El médico del palacio había hablado en lugar del Marqués Karl. Con el ceño fruncido, Sovieshu reconoció:

—Pasé por alto el hecho de que el Príncipe también debe haber crecido para ahora.

El Marqués Karl añadió unas palabras más.

—Ya no es un Príncipe.

—¿De verdad?

—Ahora ha ascendido al trono como Emperador del Imperio Occidental.

—¿Imperio Occidental? ¿Qué quieres decir con Imperio? ¿No es el Reino Occidental?

—El Reino Occidental se proclamó Imperio.

—¿Cómo puede proclamarse Imperio un país que solo tiene joyas?

En aquella época, Sovieshu había acompañado a su padre, así que había aprendido sobre asuntos prácticos de geopolítica, e incluso liderado algunas tareas. Con ayuda y guía, eventualmente recuperaría sus habilidades anteriores.

Pero había mucho trabajo por hacer en ese momento. El Duque Elgy, Glorym, y toda clase de problemas que surgían a diario…

El Marqués Karl se quejó internamente:

—…de alguna forma tendremos que arreglárnoslas.

Sentía que él y los otros secretarios estaban bajo tanta presión, que morirían en unos pocos años.

A pesar de la angustia que sentía, no lo demostró y le preguntó al médico del palacio:

—¿Cómo está?

—Tiene moretones, esguinces y huesos rotos, pero nada demasiado grave. Si sigue el tratamiento, se recuperará.

El Marqués Karl miró a Sovieshu y preguntó en voz baja:

—¿Y su cabeza?

Sovieshu entrecerró los ojos porque el Marqués Karl no había hablado tan bajo como para no ser oído, pero sabía que su condición era inusual, así que también esperó la respuesta.

El médico del palacio negó con la cabeza sin confianza.

—No sufrió golpes graves en la cabeza. En mi opinión…

El doctor dudó, preguntándose si era correcto decir “Parece ser un problema mental”, pero Sovieshu preguntó primero:

—¿Estoy loco?

Una vez que el médico negó con la cabeza apresuradamente, Sovieshu suspiró y se recostó en la cama.

—Dormiré una buena siesta. Me duelen mucho los brazos y las piernas. Además… no sé por qué tengo tanto sueño.

—Le cambiaré los vendajes.

—Está bien.

Para cuando el médico del palacio aplicó el ungüento en las zonas afectadas y colocó nuevos vendajes, Sovieshu ya dormía profundamente, como si se hubiera desmayado.

El Marqués Karl ordenó a los cortesanos reunidos en el dormitorio que se retiraran. Luego se marchó con el médico del palacio.

Sin embargo, se aseguró de dejar un caballero en el dormitorio para evitar que Sovieshu volviera a hacerse daño.

Traducido por: Valiz

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